Ciudad de México, 18 de mayo de 2019.- Amenazadas por la agricultura intensiva, el cambio climático y los plaguicidas, las casi 2 mil especies de abejas que hay en México se encuentran en grave riesgo de extinción. La más conocida es Apis mellifera o abeja europea porque es la más usada para producir miel.

Aunque también comparte los mismos riesgos que el resto de los insectos polinizadores, la especie europea no está en peligro de extinción porque hay muchas colmenas en granjas apicultoras dedicadas a la producción de miel por todo el mundo; en cambio, las abejas silvestres sí que están en grave riesgo. Para ellas, los cultivos exclusivos de maíz representan enormes desiertos, ya que en estos monocultivos se han eliminado las flores nativas con las cuales se alimentaban.

Hasta 80 por ciento del trabajo de las abejas consiste en polinizar flores y frutos; el restante 20 por ciento lo utilizan para producir miel y veneno. Y aunque hay una gran variedad de insectos polinizadores que se encargan de 90 por ciento de las flores, las abejas sobresalen por su alta eficiencia, así lo explicó Adriana Correa Benítez, experta de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Unam para Tangible.

Disminución de polinizadores y producción de alimentos
El riesgo que corren las abejas se extiende hasta la producción de alimentos. De acuerdo con información de la Oficina de Información Científica y Tecnológica para el Congreso de la Unión (Incytu), de la variedad de productos agrícolas para alimento humano, 75 por ciento depende de los polinizadores y son la mayoría de las frutas, semillas y nueces, que proveen una mayor riqueza nutrimental y son fuentes principales de vitaminas A y C y ácido fólico, entre otros micronutrientes.

La polinización ocurre cuando el polen se desplaza de los estambres (parte masculina de las plantas) hasta el estigma (la parte femenina). Si las flores son polinizadas se transforman en frutos o de lo contrario se marchitan.

Hay plantas que requieren al 100 por ciento de la polinización para dar frutos como: cacao, vainilla, melón, sandía, calabaza, calabacita y kiwi. Pero pocos saben que los polinizadores pueden ayudar a mejorar la calidad de los alimentos aun cuando estos no requieran ser polinizados para dar frutos, proporcionando mejor sabor, olor, color o valor nutrimental.

Los estudios para observar cómo han sido afectadas las abejas se enfocan mucho en la abeja europea “porque es la especie que podemos cuantificar en colmenas. Cuando ellas se mueren quiere decir que las abejas nativas que viven alrededor también lo hicieron y con ellas hasta ahora no se puede cuantificar el daño”, dijo Correa Benítez.

La experta en abejas comentó: “en general, los productos fitosanitarios ponen en peligro a las abejas, no son sólo herbicidas o plaguicidas, sino muchos otras sustancias y esto se tiene que regular en el campo, las mezclas de estos productos fitosanitarios afectan a la flora nativa de México y, por tanto, a las abejas”.

Abejas sin aguijón
De entre esas 2,000 especies que habitan en nuestro país destacan: melipona y trigona, dos tipos de abejas sin aguijón de las cuales se aprovecha su producción en algunas zonas del país como en Yucatán y Oaxaca. Las abejas que no pican habitan en ollas de barro o en troncos. Son colonias pequeñas y producen poca miel comparada con las que sí tienen aguijón”, aportó Remy Vandame, investigador del Colegio de la Frontera Sur (Ecosur).

Vandame, reconocido internacionalmente por sus estudios en estos insectos, agregó que además de su potencial económico. “Estas especies son un tesoro para México. Su uso se remonta a hace 800 años y su uso actual es muy bueno porque es un rescate de una riqueza cultural y natural propia del país y de Mesoamérica”.

Opciones para mitigar su desaparición
Las abejas sufren muchas amenazas al mismo tiempo, no sólo es el cambio climático, es la falta de alimento, la exposición a los productos tóxicos, las enfermedades y la pérdida de hábitat. Así que lo que se puede hacer, tanto en campo como en ciudad, es dejar pequeñas parcelas con distintas flores nativas que florezcan en distintas épocas del año para que siempre haya flores. Esto proveería alimento a todos los polinizadores, no a sólo las abejas, explicó para Tangible Alexandro Heiblum Robles, investigador de Incytu.

“Cuidar a las abejas es una cuestión de ética que, al final, se nos va a retribuir. Cuidar a los ecosistemas es cuidarnos a nosotros mismos”, concluyó.

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