Monumentos

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La posibilidad de merecer un monumento nada significa para el evocado ante cuya muerte, en la mayoría de los casos, le cercó la duda íntima, la vileza del vencedor y el escarnio de sus contemporáneos. La nula homogeneidad en los ideales exacerbó las discrepancias y desacuerdos impulsores de aquellos hechos para su final martirio.

Vanos resultan los monumentos si en el ánimo de los paseantes, únicamente les diferencia una placa en la cual quedan dos o tres fechas en letras realzadas (o grabadas en bajo relieve) cuya valoración en la oscura ignorancia remite a especular ¿Cuánto valdrá el metal en el mercado? Interrogante llevada a la práctica para la vandalización en los conjuntos escultóricos erigidos con el fin de exaltar los hechos y sacrificios de los así honrados; belicoso afán de minimizar un pasado y concretar una gloria efímera sin rozar la consciencia de los ciudadanos.

¿Falla en la educación, en la instrucción?

La honra vigente u obsoleta sustentada en una selección de crónicas para legitimar a los gobiernos en secuencia carecen de un más allá del interés pecuniario de la ciudadanía de “a pie” amalgamado a la dejadez oficial de informar de los méritos de los ahí significados, negándoles la proyección que don Ignacio Manuel Altamirano inyectara a la mayoría de sus héroes: la realidad encadenada.

Porque corren afirmaciones embellecedoras de gran inutilidad al amparo de chismes, chistoretes y afirmaciones para corroer, para desprestigiar a aquellos seres que, tras 208 años transcurridos, 162 años, a 125 años de que don Ignacio Manuel Altamirano afirmara que: ¨” […] El hecho es que la opinión pública ha acabado por establecer, como una verdad cada vez más confirmada, lo de que la historia de México desde la Independencia hasta nuestros tiempos no está escrita todavía”.[1] La abulia y distancia humana limitan terriblemente la comprensión de los sucesos y dolores íntimos de los escogidos, de las decenas de personas exaltadas en la piedra o con el bronce.

Porque hay monotes y figuras de relumbrón más para enaltecer a las autoridades contemporáneas que para destacar la presencia en la Historia de aquellos que vivieron y murieron de acuerdo a sus ideas, principios en pro del bien común.

En página 16 de la obra citada remite al poeta jerezano Ramón López Velarde: “[pasa] nuestro pueblo […] ante los bustos encogiéndose de hombros, con la indiferencia del que lee una página que no entiende o con la indiferencia del que escucha con oídos de profano una partitura clásica […]. Desconsoladora verdad es esta.”[2] “… [en la ciudad de México] nos contentamos con poseer la estatua ecuestre de Carlos IV, muy hermosa como obra de arte, pero que nada dice al corazón de los mexicanos […]. Tenemos también la estatua de Colón, regalada a la ciudad de México por un extranjero, y que representa a un hombre de genio, pero no es el padre de la patria […]. Tenemos una pobre estatua de Morelos, medio oculta entre los arbolillos de una plazuela abandonada, y aun ésta, obra de un extranjero, fue mandada a hacer por otro extranjero, por Maximiliano. Sólo la estatua de Guerrero que está en la plazuela de San Fernando fue elevada ahí por el ayuntamiento, gracias, tal vez, a que lo presidia entonces el hijo político del héroe[3]. Y sólo la estatua de Cuauhtemotzin, el ultimo jefe de la antigua México, y héroe defensor de la ciudad contra los conquistadores, ha sido mandada erigir por el gobierno federal […]. La estatua de Hidalgo, del verdadero autor de nuestra independencia, no se hace todavía,  aunque fue decretada, el decreto ha quedado sin ejecución, como quedó también el que determinó la construcción del monumento que debió haberse elevado en la plaza principal y del cual no se construyó, por fin, más que el zócalo […].[4]

Hechos, héroes patrios, cantantes… la estatuaria es un valor cultural en cuyo concepto anidamos los merecimientos de aquellos benefactores para el desarrollo de la nación/patria, en ocasiones con añadidos de personajes poco recomendables. En mármol, bronce o piedra, de cantera o resinas; en madera o hierro, de arcilla o barro, ni hablar de plata ni de oro… los tradicionalistas aportan sus razones, los iconoclastas las suyas, mientras la indiferencia y el vandalismo ampara  la interrogante ¿falla en la educación, en la instrucción?

Monumento: 1. m. Obra pública y patente, en memoria de algo o alguien. 2. m. Construcción publica que posee valor artístico, arqueológico, histórico, etc[étera]… Busto: 1. m. Parte superior del cuerpo humano. 2. m. Escultura o pintura dela cabeza y parte superior del cuerpo humano… Estatua: 1. f. Obra de escultura labrada a imitación del natural.[5]

Las estatuas son un elemento constante en las culturas y sociedades; imitan modelos reales para evocar a los dioses, personajes o los conceptos de libertad y justicia, de las pasiones humanas y de su trascendencia. Una estatua es una figura para retener al personaje [no es el personaje] acompañado de símbolos para la identificación de sus atributos, actividad en vida… Hay estatuas denominadas Propia, de pie; Sedente, sentada; Yacente, tendida ―generalmente sobre un costado―; Ecuestre, a caballo; Orante, arrodillado; Oferente, donante de ofrendas.

Según la parte del cuerpo para la representación las hay: Busto, solo el cuerpo y la parte superior del tórax; Herma, busto prolongado en forma de pedestal sin solucionar la continuidad de la figura; Torso, fragmento del cuerpo sin cabeza, brazos ni piernas. Por su tamaño: las de gran tamaño reciben el nombre de Colosos; Estatuillas es el término para las de tamaño pequeño.[6]


[1] Ignacio Manuel Altamirano. Morelos y otras historias. Notas y ensayo, Julio Moguel. Universidad Autónoma de Guerrero, Gobierno del Estado de Morelos, Ayuntamiento de Morelia, Ayuntamiento de Acapulco, Congreso del Estado de Michoacán, Congreso del Estado de Guerrero, Juan Pablos Editor. Edición del 2013.Ignacio Manuel Altamirano. “Colección de Documentos para la historia…”. op. cit. pp. 327-28. En la página 20 de “Morelos y otras historia”.

[2] Ramón López Velarde, “Los Bustos”. Crónicas literarias, selección y prólogo de Juan Domingo Argüelles, Editorial Océano, México, 2011, p. 43.

[3] Mariano Riva Palacio Díaz, casado con Dolores Guerrero, única hija de don Vicente Guerrero. Procrearon seis hijos, uno de ellos el jurista, militar, escritor y político Vicente [Florencio Carlos] Riva Palacio Guerrero. Fue, junto con Rafael Martínez de la Torre, defensor de Maximiliano de Habsburgo en el juicio contra el Emperador Mexicano.

[4] Ignacio Manuel Altamirano. “Morelos…”. páginas 14 y 15.

[5] Diccionario de la lengua española, Edición del Tricentenario, RAE

[6] es.wikipedia.org

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