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Las ciudades estadounidenses se han convertido en laboratorios para nuevas políticas que pretenden reducir el cambio climático, hacer retroceder la degradación medioambiental y apoyar la energía alternativa. Debido a la naturaleza del sistema federal estadounidense, las políticas innovadoras de las ciudades con frecuencia se llegan a adoptar a nivel estatal o nacional, lo que coloca a las ciudades en el centro del movimiento medioambiental.

De columnas de humo, a flores

De ser una metrópolis industrial en declive con fábricas de acero que escupían humo negro y hollín al aire, Pittsburgh se ha transformado en una vibrante ciudad verde. Gracias a la colaboración entre los dirigentes de la ciudad, líderes laborales, empresariales, académicos y grupos sin fines de lucro, proyectos y empresas emergentes y de energía limpia impulsan una nueva economía con empleos ecológicos y bien pagados.

El medioambientalismo de Pittsburgh se nota claramente en su horizonte. Una torre de oficinas de 33 pisos en “PNC Plaza”, inaugurada en otoño de 2015, superará los requisitos más exigentes para la certificación del Consejo de Edificios Verdes de Estados Unidos en cuanto a diseño sostenible. La empresa de servicios financieros PNC espera que las características a continuación hagan del edificio el rascacielos más ecológico del mundo:

  • Un sistema de temperatura geotérmico que opera a partir de un río por debajo de la ciudad, ayudando a enfriar y calentar el edificio.
  • Una chimenea solar que toma aire fresco para ventilación y lo “exhala” por el tejado, absorbiendo, además, luz solar para calentar el edificio.
  • Una fachada de doble cara compuesta por dos paneles de cristal separados que pueden abrirse para permitir la entrada de aire fresco. Los empleados pueden entrar al espacio entre los paneles de cristal para dar un paseo “al aire libre”.

Otro caso.- Nueva York: Luces brillantes, ciudad verde

Los cinco distritos que integran la ciudad de Nueva York albergan uno de los sistemas de transporte más ecológicos de América del Norte. Más de la mitad de la flota de autobuses de la ciudad funciona con combustible alternativo. Los nuevos trenes del Metro tienen frenos que alimentan energía, que de lo contrario se perdería en forma de calor cuando un tren se detiene, al tercer riel eléctrico.

La ciudad ha mejorado su calidad del aire al cambiar combustibles de calefacción altamente contaminantes por otros más limpios. Sus emisiones de dióxido de carbono per cápita son menores que las de otras ciudades estadounidenses.

La iniciativa de uso medioambiental de la tierra en Nueva York también es de destacar. Al reocupar sitios postindustriales y terrenos desocupados, Nueva York expande sus áreas verdes, con el objetivo de garantizar que todos los neoyorquinos vivan a un máximo de 10 minutos a pie de un parque. En 2014, se habían agregado 44 hectáreas de nuevas zonas verdes.

El programa MillionTreesNYC plantó su millonésima planta de semillero en 2015.

La ciudad plantó un 70 por ciento de los árboles en las calles, parques y otros espacios públicos. El otro 30 por ciento fue plantado por propietarios de viviendas, de negocios y por organizaciones sin fines de lucro en sus propios terrenos.

La ciudad está restaurando sus riberas para uso recreativo por medio de la mejora de la calidad del agua y el acceso al litoral. Tiene planes de abrir el 90 por ciento de su costa a los residentes para el año 2030.

¿Quieres saber que está haciendo el mundo para combatir el cambio climático? Sigue la cumbre climática mundial, denominada COP22, del 7 al 18 de noviembre, y en Twitter a la cuenta @US_Center y a las etiquetas #ActOnClimate y #AskUSCenter.

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