“Errores son del tiempo que no de España” es un viejo adagio hispano para esclarecer algunas cosas o actos que, a vistas de la actualidad, parecieran incomprensibles y, en algunos casos, hasta condenables.

Es la situación actual de México, sin lugar a dudas.

El 15 de Septiembre es fecha nacional, Día de la Independencia, que reúne a la ciudadanía para conmemorar ese hecho histórico, aunque, cada vez, pareciera alejarse de la tradición, a grado tal que ahora se disfruta con igual patriotismo, aquí, dentro del país que extra fronteras, en especial, en Estados Unidos donde radica una gran población mexicana.

Hace apenas unas cuantas décadas, el 15 de Septiembre simbolizaba la conjunción de pueblo y gobierno en una noche inolvidable que se disfrutaba dentro del Palacio Nacional y en el Zócalo capitalino, donde miles de compatriotas esperaban ansiosos las 23:00 horas para escuchar el tañer de las campanas de la legendaria Catedral Metropolitana que seguía a las que realizaba el jefe del Ejecutivo en turno, con la esquila de Dolores Hidalgo, Guanajuato, cuna de la independencia nacional.

El ¡Viva México!, repetido tres veces, lo coreaban los asistentes a la celebración para, en seguida, disfrutar los juegos pirotécnicos que cubrir la noche capitalina, una vez que el estómago estaba satisfecho luego de saborear las clásica delicias culinarias de la cocina mexicana ancestral.

Dentro del Palacio Nacional se mezclaban los funcionarios de los gabinetes legal y ampliado (secretarios de Estados y dirigentes de organismos paraestatales y descentralizados) con integrantes del Cuerpo Diplomático acreditado en México, empresarios e invitados especiales a esta ceremonia patria.

Testigos de estos hechos, que cubrían uno a uno los momentos y vivencia de los festejos eran los reporteros que de la Fuente Presidencial y que, a la mañana siguiente, replicaban a detalles en los periódicos y revistas nacionales, en los incipientes noticiarios de radio y televisión, al igual que proyectados en los cines antes del inicio de la película respectiva.

Memorables los festejos de Luis Echeverría (1970/1976) cuando su esposa, María Esther Zuno de Echeverría, obligaba para tal ocasión a las esposas de los funcionarios del gabinete a vestir, como ella, a la usanza nacional con vestidos típicos y regionales, blusas, collares y maquillaje discretos, similar al que utilizaban las jóvenes de esos tiempos, “al modo mexicano”, como lo exponían los intelectuales contemporáneos que acuñaron tal frase.

En el interior de Palacio Nacional todos los asistentes, sin excepción alguna, saboreaban los antojitos mexicanos; bebían aguas frescas, de horchata, tamarindo, jamaica y tantos otros sabores de la fruta mexicana. Era el aperitivo para abrir el apetito. Seguían los platillos clásicos de la cocina internacional con buenos vinos, tal como lo ameritaba la festividad nacional.

Este ceremonial se mantuvo otros sexenios. Pocos, por cierto. Vino la ruptura con el pasado. La tecnocracia llegó al poder; se impuso en el mundo (en México, por consecuencia) la Aldea Global de Marshal McLuhan y cambió el rostro del mundo.

Ahora, la vida es distinta (¿mejor o peor?, eso es cuestión muy personal, de acuerdo al historial de cada uno. “Yo soy yo y mis circunstancias”, dijo Ortega y Gasset, el ameritado filósofo hispano de la Generación del 29).

Para dar cuenta y replicar la realidad ahora existe internet, whatsapp, hastag y los hechos virales.

Los tecnócratas, por naturaleza, no leen prensa escrita. Ni les interesa. Para eso están las nuevas herramientas de la comunicación. Mensajes que acortan su acción y visión de la realidad, en la que es más importante su outfit, culto a la personalidad, con ropa de marca, autos de lujo, rodeados de guardaespaldas; relojes de miles de pesos y alhajas de enorme valor económico.

Minimizan el cultivo del intelecto para engrandecer el culto a la personalidad.

El ejemplo más acabado de esta modalidad gubernamental se tiene en la titular de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), dependencia federal dedicada a defender los intereses de la población rural, Rosario Robles Berlanga, para quien los periódicos “sólo sirven para matar moscas y limpiar vidrios”.

A palabras necias, oídos sordos, dice la conseja popular.

Robles Berlanga en su época estudiantil militó en una organización maoísta, lo cual no es nada criticable. Lo dijo muy bien el expresidente Gustavo Díaz Ordaz (1958/1964) en la conferencia de prensa cuando lo sacaron del ostracismo político para convertirlo en embajador de México en España: “Es común que un joven estudiante sea comunista. No tiene nada de criticable; es lo normal”.

Robles Berlanga militó, posteriormente, en el PRD, organización de centro izquierda, escindida del PRI, de la mano de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano quien, junto con Porfirio Muñoz Ledo, la crearon, y de esa misma mano, cuando Cuauhtémoc pidió licencia a la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal para buscar por tercera ocasión la Presidencia de la República, la dejó en su lugar.

La administración de Robles Berlanga, como la de cualquier funcionario, fue de claroscuros, pero en el imaginario social se le recuerda por sus amoríos (reales o ficticios, eso sólo ellos lo saben) con el argentino Carlos Ahumada, próspero constructor que bajo el amparo de ella, dejó obras inconclusas, otras con sobreprecios y algunas más, deficientes.

Producto de esos encuentros que concluyeron en un desencuentro final, como en las mejores novelas rosa, fueron sendos libros, escritos cada uno desde su propia óptica: “Con todo el corazón”, de ella; “Derecho de réplica”, de él.

El cabezal de una nota publicada en un vespertino (de esos que ella usa para “matar moscas y limpiar vidrios”) de la Ciudad de México fue más que ilustrativo sobre la relación entre Rosario y Cuauhtémoc, al publicar la información del día que entregó el mando del Distrito Federal.

En forma por demás sarcástica, el rotativo cabeceó así: “Cuahtémoc (Cárdenas Solórzano) me lo dio; Cuauhtémoc me lo quitó. Alabado sea Cuauhtémoc”, como réplica del pasaje bíblico del Libro de Job, capítulo 1, versículo 21, que dice: “El Señor me lo dio, el Señor de lo quitó. Bendito sea el Señor”, para subrayar el permanente agradecimiento que le tenía a Cárdenas Solórzano, de quien, junto con Amalia García, fueron sus favoritas políticas.

Ahora, Rosario es funcionaria del PRI. Es sicología, los cambios en la edad adulta se dan por dos motivos: Uno, por intereses de cualquier índole, sobre todo, económicos; otro, por ciertos desórdenes conductuales.

Rosario debe estar tranquila. En la era digital que vive el mundo, ella puede muy bien usar su celular “para matar moscas y limpiar vidrios”. ¡Ah!, por supuesto, también para informarse.

El intelecto humano se ha desarrollado durante la historia mediante la lectura, en especial. La prensa escrita contiene varias formas de comunicar la información. Hay notas, columnas, artículos de fondo, editoriales y otros más. Cada uno cumple una función bien concreta. Una de ellas es reflejar y analizar lo que sucede en la sociedad.

Esa es la utilidad de los medios escritos que, además, son textos que explayan la información más allá de los simples enunciados de las nuevas tecnología y sirven de consulta. Por eso existen hemerotecas. Vigías y testigos de la historia.

“El tiempo vuela”, dice la sabiduría popular. En dos años más, Rosario dejará de ser funcionaria. Su futuro sólo ella lo sabe o lo sabrá a su debido tiempo. Lo único cierto es que los periódicos seguirán existiendo más allá del par de años que le quedan a esta administración sexenal.

Lo van a hacer con ella, sin ella y hasta en contra de ella.

También seguirán existiendo las moscas y los vidrios. La tecnología hallará los sustitutos requeridos para matarlas y limpiarlos.

Para cultivar el intelecto, igualmente los habrá. Los periódicos serán uno de ellos.

3

Esta tarde, la Ciudad de México atestiguó la magna manifestación de rechazo al presidente Peña Nieto. La convocatoria se hizo vía redes sociales. Miles de manifestantes recorrieron Paseo de la Reforma con dirección al Zócalo capitalino, corazón y ombligo del mundo para México.

Prevalecieron los jóvenes. México es un país de jóvenes. Buscan una esperanza que les marque su futuro. No están satisfechos con la administración presidencial actual. Exigen muchos cambios. Van sobre ellos.

La característica de esta manifestación contestataria, con la que, prácticamente, se iniciaron los actos conmemorativos de la Independencia de México de este año, mostraron una Bandera Tricolor en la que los colores verde y rojo se tiñeron de negro, símbolo de las masacras que se han enlutado al país.

Entre esos contingentes se encontraron estudiantes de la Universidad Panamericana (UP), Alma Máter de Peña Nieto, centro de educación superior sumamente elitista, comandada por Opus Dei y cuna de varios de los cuadros dirigentes actuales.

Su presencia en la marcha de protesta también fue rechazo a las políticas que ejerce la actual administración que encabeza Peña Nieto.

Simple signo de tiempos.

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