Alfa Omega: López Tarso, a punto de ser centenario

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Jorge Herrera Valenzuela

“Deseo festejar, dentro de dos años, mis primeros cien, jajajaja.
Quiero regresar al Teatro. Desde hace tres años, no estoy.
Ni alcohol, ni cigarros y menos mis quesos favoritos ni lácteos”.

Ciudad de México, 22 de enero de 2023.- Esas tres frases las escuché el pasado lunes 16. Las pronunció, muy sonriente, el extraordinario actor de teatro, cine y televisión, persona sencilla y carismática: Don Ignacio López Tarso, al platicar con Joaquín López Dóriga, en el noticiero vespertino de Radio Fórmula, con motivo “de los primeros 98 años” de quien originalmente se llamó Ignacio López López.

El actor, nacido en Celaya, Guanajuato, el día anterior rodeado de hijas e hijo, nietos y bisnietos, estuvo feliz por el festejo familiar. Recodamos, al leer su biografía, que estuvo casado durante 50 años con una mujer de extraordinaria belleza, Clara Aranda, quien murió al comenzar este Siglo XXI. Así la describen los cronistas. Ella siempre apoyó a su marido en la profesión artística.

López Tarso actualmente es, a nivel mundial, el actor más longevo, en activo.

Curiosamente a sus noventa y ocho años, López Tarso aseguró que cuida su salud siguiendo las disposiciones de su médico, son “reglas” que cumple al pie de la letra, porque siempre ha gustado comer quesos y ahora no los debe degustar. El no fumar seguramente que lo hace con mucho gusto. Al igual que no ha sido alcohólico. Hace los ejercicios físicos para mantenerse en forma.

Su vida en el ambiente artístico comenzó en 1949 y su primer impulsor se llamó Xavier Villaurrutia con la obra “El Sueño de una Noche de Verano”, de William Shakespeare. El escenario del Palacio de Bellas Artes, en 1951. En los dos años siguientes actuó, consecutivamente, en La Celestina, Las Mocedades del Cid y Don Juan Tenorio, en el mismo tablado.

Su primera película, dirigida por Chano Urueta, data de 1954, titulada “La desconocida”. Apareció en las pantallas de la televisión en 1961 donde tuvo otra trayectoria muy exitosa participando en series y telenovelas, además de programas especiales. Como declamador ha grabado ocho discos.

Seminarista, militar, “bracero”
El hoy encumbrado y polifacético actor era miembro de una Familia que sufrió múltiples carencias económicas, lo que motivó que el matrimonio de don Alfonso López Bermúdez y doña Ignacia López Herrera cambiaran de domicilio, frecuentemente.

Con sus hijos Ignacio, Alfonso y Martha, recorrieron la República y se asentaban donde el señor encontraba un empleo. Nacho terminó sus estudios de Secundaria en Valle de Bravo, Estado de México.

Recomendado por un sacerdote amigo logró ingresar en el Seminario de Temascaltzingo y más tarde llegó al Seminario Conciliar de la Ciudad de México, pero pronto se dio cuenta de que su vocación no era por ese camino. Perdimos un sacerdote católico.

Al cumplir con su Servicio Militar Nacional estuvo acuartelado durante un año en Querétaro, Veracruz y Monterrey. Obtuvo el grado de sargento primero y por su brillante actuar en la milicia, un general le apoyó para ser alumno del H. Colegio Militar. El celayense, rebasaba los 20 años de edad, tampoco sintió que su destino era formar parte del Ejército Mexicano.

López Tarso sí ha estado en el campo de batalla… ¡en películas con María Félix! En La Bandida, fue Anselmo; en La Cucaracha, Trinidad; Pioquinto, en Juana Gallo, Rosauro Márquez, en La Generala. Al concluir su Servicio Militar, Nacho abandonó el uniforme de color verde olivo y las botas militares, para siempre.

Se fue de “bracero”
De plano el joven Ignacio López López no sabía hacia dónde dirigir sus pasos. De hecho, no había indicios de su futuro. Éste era incierto. Uno de sus buenos amigos le platicó que podían tramitar la tarjeta de “bracero” e irse “al otro lado para ganar muchos dólares”.

Los muchachos salieron para trabajar como recolectores de naranjas en el Condado La Merced, en California. Nacho resbaló de un alto naranjal, se lastimó la columna vertebral y quedó semiparalítico.

Regresó a su hogar. Durante un año estuvo imposibilitado para trabajar. No podía caminar. Con mucho humorismo, Nacho, dicen, comentó: “Regresé con muchos dolores y con pocos dólares”. Traía 20 dólares y tenía medio cuerpo enyesado.

El vuelco de la vida
Desde su época estudiantil, López Tarso tiene un hábito (lo considero como algo muy valioso en la vida): el de la lectura. En los días de seminarista se dedicó a leer, leer y más leer. Su estancia en el Seminario Conciliar de México conoció la obra del Apóstol San Pablo, conocido como Pablo de Tarso, lo que habría de influir trascendentalmente en el resto de su vida.

En el año que permaneció inactivo entre los autores que le cautivaron estuvo Xavier Villaurrutia. Se le metió en la cabeza la idea de conocerlo. Averiguó donde localizarlo. Repuesto de su mal, emprendió hacia el Instituto Nacional de Bellas Artes. Dicen que preguntando se llega a Roma y Nacho llegó al edificio del Palacio Bellas Artes y, a su pregunta, le indicaron la ubicación de la oficina del escritor, poeta, crítico literario, guionista de cine, narrador, ensayista y dramaturgo.

El joven de ya cumplidos 24 años, llegó hasta la Academia de Arte Dramático, cuyo director era el defeño Xavier Villaurrutia González. Nacho cumplía su sueño, conocer a uno de los escritores y poetas de su preferencia. Jamás imaginó que esa visita cambiaría su vida. Iba solo a conocer personalmente a Villaurrutia y se definió su destino.

Xavier, ya entonces, amigo de Salvador Novo y Jaime Torres Bodet quedó impresionado al platicar con un joven preparado, con personalidad y dotes para desarrollarse como actor. Villaurrutia le invitó para ingresar a la Academia, primero como oyente y después como alumno formal.

Era el año 1949. Comienza la historia de un mexicano que ahora desea que Dios le permita cumplir una centuria en este convulsionado mundo. Ya falta poquito.

Preparado para llegar a los escenarios callejeros y de los teatros formales, que había en la Ciudad de México, en su corto trato entre Villaurrutia y López López, se da otro acontecimiento no nada más anecdótico sino definitivo para aquel seminarista, trabajador en granjas californianas y alumno del H. Colegio Militar. En párrafo anterior comente que sería trascendental para Nacho y…

“Nacho López Tarso”
Sucede que el maestro Xavier interrogó a su alumno: “¿Cómo dices que es tu nombre?

Sin titubearse, la inmediata respuesta: me llamo Ignacio López López.

El poeta, viéndolo a los ojos, le dijo: “Habrás de buscar otro nombre. El que tienes no es atractivo artísticamente. Ni como José López triunfarías”.

Nuestro personaje se quedó pensativo. Tardó unos minutos. Vino a su mente que en el Seminario Conciliar oyó hablar del religioso romano conocido como Pablo de Tarso, el Apóstol San Pablo, por ser originario de ese poblado y Nacho adoptó como segundo “apellido”, el de Tarso y nació el gran Ignacio López Tarso. Se oficializó el nombre usándolo en los trámites legales.

Hizo teatro callejero
Poco duró la amistad entre Villaurrutia y su alumno, el cual tendría a otro gran maestro, Xavier Rojas. Con él, López Tarso hizo teatro en improvisados templetes callejeros. Recuerdo que el maestro Rojas tuvo temporalmente otro alumno, en la escuela de teatro del Instituto Nacional de la Juventud Mexicana, el hoy reconocido abogado penalista Jesús Zamora Pierce, hizo sus pininos como Nacho, pero prefirió la academia.

El maestro Villaurrutia González, originario del añorado Distrito Federal, murió en una fecha que no se olvida: 25 de diciembre, del año 1950. El prolífico hombre de teatro y de la literatura falleció a los 47 años de edad. Ya no le tocó vivir para la inauguración de dos teatros que llevan el nombre de su querido alumno, López Tarso. Uno en Guadalajara y otro en el rústico San Ángel, al Sur de la Capital Mexicana.

Cine, teatro, tv
De las 50 o más películas que ha protagonizado en sus muchos años de actor, vienen a mi memoria: la superpremiada y aplaudida Macario, La Vida Inútil de Pérez Prado, con la archiguapa y curvilínea Lilia Prado. La legendaria que llevó por título La Rosa Blanca y ni qué decir de El Gallo Giro, así como la extraordinaria que nunca dejo de ver, Cri Cri, el Grillito Cantor. Si la memoria no me falla todas esas cintas las dirigió otro gigante de la Época de Oro del Cine Mexicano, don Roberto Gavaldón.

López Tarso debutó, como actor de teatro personificó a diversas celebridades de la mitología y a gente del pueblo, en obras clásicas, comedias y combinadas con declamaciones. Lleva no menos de 200 obras, como actor principal. Donde se presente, las localidades se agotan, resultan insuficiente el lunetario de Guadalajara, Morelia, Puebla y Veracruz, en otras entidades. Siempre lo reciben con mucho cariño.

En la Ciudad de México hizo época la presentación de la pieza titulada Aeropuerto o El Avión. Fue en el Teatro Libanés al lado de dos estrellas de la comedia, Sergio Corona y “El Loco” Manuel Valdés. Quienes no asistieron al teatro, deben saber que se perdieron dos horas con un trío que hizo historia.

Los conocimientos adquiridos de sus maestros Salvador Novo y Seki Sano mucho le sirvieron a López Tarso, cuando fue llamado para formar parte en los repartos estelares de telenovelas, de series como Senda de Gloria e intervenir en programas especiales. Eran los días en que podíamos disfrutar, en casita, la programación de la televisión, pero eso se acabó.

El abuelo fundó Televicentro, hoy Televisa. El papá la consolidó y el nieto la está liquidando. Los tres de nombre Emilio y de apellido paterno, Azcárraga. El materno Vidaurreta, Milmo y Jean, respectivamente.

Bien, hay mucho que comentar en torno a este artista que ha recibido homenajes en todo el país, distinciones cariñosas, premios y reconocimientos de toda naturaleza.

Nacho sigue acumulando recuerdos en el medio artístico, como los dejó al ser dirigente en la Asociación Nacional de Actores y en la Asociación Nacional de Intérpretes. Fue diputado federal. Nadie es perfecto, jajajajaja.

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