Alfa Omega: Heroica Ciudad de México, casi bicentenaria

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Jorge Herrera Valenzuela
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Ciudad de México, 28 de noviembre de 2022.- Una de las más antiguas Ciudades Capitales en Latinoamérica es la de México. Tiene una historia de más de quinientos años.

Heroica, desde el asiento de los mexicas, los aztecas, la cuna de la raza de bronce, Tenochtitlán, hasta nuestros días recibiendo a migrantes nacionales y extranjeros. Brindándoles a todos variada gastronomía y paseos en cortas distancias. Cines, teatros, espectáculos con estrellas internacionales y eventos deportivos.

Hospitalaria en sus 1,485 kilómetros cuadrados, con sus 16 atractivas Alcaldías, la Ciudad de México cuenta con más de 130 museos. Conserva vestigios coloniales en el Centro Histórico y presume sus modernos edificios en diferentes zonas citadinas.

Visitas “obligadas” al lacustre Xochimilco, pasear en las trajineras. Católicos y no católicos admiran el exterior y las capillas interiores de la Catedral Metropolitana. Recorrer el Bosque de Chapultepec, próximo a su centenario, y entrar al Castillo de Chapultepec que fue residencia del emperador Maximiliano y su esposa Carlota. En él, después, vivieron algunas familias presidenciales.

A sus casi doscientos años, cumplió 198 el pasado 18 de este noviembre, la Capital Mexicana luce esplendorosa. La Plaza de la Constitución lleva ese nombre desde que era la Nueva España, es conocida también como Zócalo, rodeada por los Portales, entre la avenida Madero (hoy peatonal) y la calle Venustiano Carranza. Al Oriente está ubicado Palacio Nacional y al Sur, los edificios del Gobierno de la Ciudad y el del Antiguo Ayuntamiento. En terrenos próximos a los que ocupa la Catedral, estaba el Templo Mayor Mexica, hoy un museo.

Por decreto emitido en 1824, constituido el Distrito Federal, fue declarado sede de los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. En el Virreinato el edificio de dos pisos, en un terreno de 40,000 metros cuadrados, fue residencia virreinal.

El segundo virrey, Luis de Velasco y Ruiz de Alarcón, fue el primero en ocuparlo como vivienda. Antes fue la residencia de Hernán Cortés, propietario del edificio y heredado a su hijo Martín. Lo que hoy conocemos como Zócalo, era llamada Plaza Mayor.

Hernán Cortés y su pandilla
Los primeros en apoderarse de México-Tenochtitlán fueron los seguidores de Hernán Cortés. La sede de los 11 emperadores aztecas, en el Siglo XVI fue invadida por los españoles. La resistencia de nuestros ancestros resultó insuficiente para contener a “los hombres blancos”, los que cambiaron las joyas de los aztecas por espejitos de los españoles. Moctezuma II Xocoyotzin y Cuauhtémoc se enfrentaron a quienes la historia sigue llamando “conquistadores”.

La invasión de los ibéricos duró 302 años. Los tiempos de la Conquista y el saqueo del oro, de la colonización en el Norte hasta el límite con el Río Bravo, de la evangelización promovida por los franciscanos y de la sanguinaria Inquisición, dejaron una huella imborrable. Serían los curas católicos Miguel Hidalgo y José María Morelos quienes encabezaron la lucha para romper las cadenas esclavizantes y hasta 1821 habría de darse la Consumación de la Independencia, reconocida por España hasta 1835 mediante el Tratado Santa María-Calatrava.

Consulté con el prestigiado académico y reconocido cronista Jaime Orozco Barbosa, si era correcto comentar que la llegada de los españoles puede llamarse invasión. La respuesta fue determinante, esa etapa de nuestra historia está muy manipulada. Los criterios de historiadores y de cronistas, muchas veces se contraponen.

Los yanquis en 1847
Dos de las invasiones sangrientas que ha sufrido la República Mexicana fueron producto de las ambiciones de los norteamericanos. La más costosa en pérdidas humanas y la humillante acción de ondear su bandera en Palacio Nacional, se registró los días 13 y 14 de septiembre de 1847. Los soldados gringos se formaron y saludaron a su bandera.

El historiador José María Roa Bárcenas, de 20 años de edad, fue testigo presencial del momento en que los soldados norteamericanos entraron a Palacio Nacional y desde el balcón central, hicieron ondear la bandera de las barras y estrellas. En su libro “Recuerdos de la invasión norteamericana”, hace una descripción de los mexicanos que se quedaron como simples espectadores. No hubo, en ese instante, protesta alguna.

Sin embargo, después se formaron guerrillas patriotas, relató Roa Bárcenas, para emprender la defensa de la Capital Mexicana. Se parapetaban en las azoteas y en las ventanas altas de casas y edificios. Combatían en las calles y en los callejones

Los yanquis, comandados por el general Winfield Scott, habían entrado a la Ciudad de México días antes y sostuvieron tres batallas en que los nuestros fueron derrotados. En cuatro puntos, de la Noble y Leal Ciudad de México, atacaron los invasores yanquis.

Iniciaron en el Castillo de Chapultepec, entonces sede del Colegio Militar, defendido heroicamente por un puñado de jóvenes cadetes. Las tropas mexicanas combatieron en El Molino del Rey con el apoyo de los integrantes del Batallón de San Patricio, conjuntado por irlandeses y a ellos se adhirieron ingleses, franceses, escoceses, alemanes y polacos.

Esos extranjeros intervinieron porque estaban “hartos” de las acciones de los norteamericanos. Por eso, también, estuvieron con los generales Antonio López de Santa Anna y Gabriel Valencia en la Batalla de Padierna y con el general Pedro María Anaya en el asalto al Convento de Churubusco.

En El Molino del Rey (en donde fue la residencia presidencial de Los Pinos) la estrategia quedó a cargo de los generales: el oaxaqueño Antonio de León (el de Huajuapan de León) con Miguel María de Echegaray, Lucas Balderas y Francisco Pérez. Lamentablemente, por número de atacantes y mejores armas, los nuestros perdieron.

En los combates mencionados, hubo supremacía de los enviados de Estados Unidos de América, quienes permanecieron en nuestro Distrito Federal, sede de los Tres Poderes de la Unión, hasta junio de 1848.

La Guerra de los Pasteles
En el Siglo XIX, los enfrentamientos de los ejércitos nacionales fueron frecuentes. Salíamos de un conflicto y llegaba otro. La organización política era muy rudimentaria. No tuvimos estabilidad de ningún orden. La gobernabilidad se tambaleaba. Tal vez, eso hizo que algunos mexicanos idearan el plan para traer a un extranjero para gobernar a México. No lo pensaron mucho y buscaron en Europa a su candidato.

Antes de que llegara la monarquía austriaca a este País, se registró la primera incursión violenta. Francia mandó a 26 navíos de guerra que fondearon en las costas mexicanas. Eran cientos de soldados pertenecientes a la Escuadra de la Marina Real. El motivo: la queja de un pastelero francés establecido en la Ciudad de México. Exigía una indemnización por daños y saqueo en su negocio.

Sucedió que militares a las órdenes del presidente Antonio López de Santa Anna llegaron al establecimiento, consumieron pasteles y café. El pastelero de apellido Rimonel aseguró que los soldados se negaron a pagar la cuenta.

Discutieron y destrozaron parte del mobiliario. Eso fue en marzo de 1828 y la reclamación, vía el gobierno francés, se hizo nueve años después. El suceso quedó registrado como La Guerra de los Pasteles y terminó en junio de 1839 con la firma de un Tratado de Paz, obligándose el gobierno mexicano a pagar 600,000 pesos.

Referido el comentario a la Heroica Ciudad de México, eludo lo relacionado con la Batalla de Puebla, la de 5 de mayo de 1862.

A instancias de una comisión de mexicanos clasificados como conservadores, en la década de los años sesenta del siglo antepasado, en la Capital Mexicana se instaló El Imperio de Maximiliano y Carlota, quienes fueron huéspedes del Castillo de Chapultepec. Benito Juárez inició su presidencia itinerante, sin enfrentarse al archiduque austríaco, Maximiliano de Habsburgo.

Durante casi cuatro años Maximiliano organizó su equipo de trabajo y trazó su programa. Contó con la ayuda de generales como el Joven Macabeo, Miguel Miramón. También figuró Juan Nepomuceno Almonte Ramírez, hijo del cura José María Morelos y Pavón y de Brígida Ramírez. En ese tiempo, se abrió el Paseo de la Emperatriz, del Bosque de Chapultepec a la Plaza de la Constitución. Hoy es el hermoso Paseo de la Reforma.

Juárez jamás aceptó la monarquía en nuestro territorio. Nunca recibió al emperador y no atendió, en su momento, la petición de Carlota para que le perdonara la vida. Maximiano fue fusilado el 19 de junio de 1867 en el Cerro de Las Campanas, en Querétaro. Las balas también cortaron las vidas a los generales Miguel Miramón y Tomás Mejía.

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