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Doug Woodring se ha sentido siempre como pez en el agua. En la universidad, formaba parte del equipo de natación y, posteriormente, hizo natación oceánica y remo con estabilizador.

Tras graduarse con maestrías en administración de empresas y relaciones exteriores, trabajó en gestión financiera, de activos y tecnológica durante más de dos décadas. Pero una y otra vez volvía al océano, y lo que veía le cansaba y enojaba.

“El océano por mucho tiempo… ha sido tratado como un vertedero”, dice Woodring. “La idea era que estas cosas [desechos] desaparecerían. Pero estas cosas no desaparecen”.

En 2011, Woodring fundó Ocean Recovery Alliance, un grupo no gubernamental con sede en Estados Unidos y Hong Kong para lograr que la gente que utiliza el océano por placer o trabajo lo defienda. La alianza organiza a entusiastas del surf, vela, natación, remo y buceo para que limpien las áreas que utilizan.

Pero sus esfuerzos son solamente una gota en el océano cuando se trata de combatir la contaminación con plásticos.

Océano plástico
Los océanos están bajo una presión tremenda debido a la combinación de la acidificación relacionada con el clima, la pesca excesiva y la contaminación, principalmente en forma de bolsas de plástico, botellas, juguetes, envoltorios de alimentos, aparejos de pesca, filtros de cigarrillos, lentes de sol, cubos, asientos de inodoro y otra basura.

Entre 4.8 millones y 12.7 millones de toneladas de basura plástica acaban en el océano cada año, según un informe en la revista Science.

Se han encontrado desechos plásticos en todo tipo de hábitats, desde en las profundidades marinas hasta en el hielo ártico. En algunas regiones, las corrientes empujan los objetos plásticos y otras basuras y los agrupan en acumulaciones gigantescas de remolinos de basura. Algunas piezas de basura matan o atrapan a mamíferos marinos, peces y aves. Y el problema no desaparece cuando los plásticos se descomponen, porque aproximadamente el 90 por ciento de sus químicos permanecen en el medioambiente por cientos de años.

En 2009, Woodring lanzó una expedición científica al vórtice del Pacífico Norte, un sistema circular de corrientes oceánicas, ahora denominado frecuentemente la “gran isla de basura del Pacífico”. En la expedición lo acompañaron amigos de la conservación oceánica y oceanógrafos del Instituto Oceanográfico Scripps. Lo que descubrieron fue, literalmente, nauseabundo. Él y sus coexpedicionarios encontraron que “el 10 por ciento de los peces pequeños tenían plástico en el estómago”, dijo.

¿Cómo sucedió eso? Diminutos organismos marinos se alimentan del fango químico formado por plástico descompuesto. A su vez, los peces más grandes y otras especies marinas se comen a los más pequeños. El resultado: los químicos plásticos entran a la cadena alimenticia. Y puesto que algunos de estos químicos pueden causar cáncer y otras enfermedades, la contaminación pone en peligro el bienestar no solamente de los animales marinos, sino el de millones de personas cuya nutrición depende de los peces y otros productos del mar. Esto también impacta las regiones en las que el turismo marino es la fuente principal de ingresos.

Más que una gota en el océano: una solución global
Con el aumento del uso de plásticos, se proyecta que las toneladas de desechos plásticos aumenten diez veces más de lo actual en la próxima década. Hacer retroceder la contaminación de los plásticos en el océano es una necesidad urgente.

Afortunadamente, la marea puede estar cambiando
Estados Unidos posee fuertes programas nacionales para reducir la cantidad de desechos que llegan al mar. Muchos estados y municipios de Estados Unidos han prohibido los plásticos más contaminantes y han tomado otras medidas.

Algunos países europeos y Australia también han tomado medidas para reducir la cantidad de desechos plásticos que entran en el océano y proteger los ecosistemas oceánicos prístinos.

Pero los problemas mundiales requieren soluciones mundiales. “El verdadero desafío consiste en combatir un modelo económico que se basa en productos de desecho y envases, y deja el problema asociado de los costos de limpieza”, escribió Charles Moore en el diario The New York Times, en 2014. Moore, capitán de la Marina Mercante de Estados Unidos, fue el primero en descubrir la gran isla de basura del Pacífico.

Expertos y legisladores concuerdan en que se necesita un enfoque en tres aspectos: reducir la generación de desechos, mejorar la gestión de desechos —especialmente en los países que se están industrializando rápidamente— y promover la reutilización y el reciclaje de plásticos. Cada una de estas metas puede lograrse por medio de una mezcla de innovación e incentivos económicos.

Los gobiernos pueden ayudar ofreciendo a los fabricantes incentivos fiscales y otros incentivos económicos para reformular sus productos con el fin de hacer que los plásticos sean más fáciles de reciclar o más fácilmente degradables y menos tóxicos como desechos. Algunas compañías ya están trabajando en dichas soluciones.

Pensar fuera de la caja plástica
Ocho de las principales marcas de consumo del mundo, incluidas Unilever, Procter and Gamble y Nike, están asociándose con el Fondo Mundial para la Naturaleza para elaborar nuevos plásticos hechos a partir de materiales derivados de plantas.

La meta es reducir la contaminación plástica haciendo productos plásticos biodegradables a partir de plantas, incluidas la caña de azúcar, el maíz, la espadaña y los juncos.

Al igual que algunos empresarios diseñan innovaciones para que las economías dependan menos de energía basada en el carbono, otros trabajan para reducir la contaminación plástica del océano.

Entre los proyectos de emprendimiento que se ocupan de los desechos oceánicos se incluyen la creación de nuevos envases a partir de plásticos oceánicos, convertir los desechos en energía y convertir las redes de pesca abandonadas en cuadrados de moqueta y otros productos.

En Chile, por ejemplo, tres jóvenes de California comenzaron una empresa, Bureo Skateboards, que recicla redes plásticas de pesca comercial abandonadas y hace patinetas con el material recuperado. Trabajando con organizaciones benéficas estadounidenses y chilenas y comunidades locales, Bureo también apoya la retirada de los desechos marinos de las costas.

“Como surfistas que hemos pasado nuestras vidas cerca del mar, tenemos una conexión profunda con el océano”, comentó uno de ellos, Dave Stover, a un bloguero del Instituto Worldwatch.

El entusiasta de deportes oceánicos Woodring está explorando también nuevas formas de usar la tecnología para limpiar el océano. Con financiación del Banco Mundial, inició Alerta global, un programa informático de elaboración de mapas que permitirá a un limpiador de playa o a un pescador localizar y reportar la basura encontrada en vías acuáticas o litorales costeros.

Pero la limpieza de la basura que ya está en el océano no elimina la nueva contaminación. La forma más eficaz de detenerla es asegurarse de que nunca llegue al agua.

Si bien prevenir la contaminación plástica de los océanos requiere cambiar las políticas de los gobiernos y las prácticas de las empresas, hay medidas que también podemos tomar a nivel individual. A continuación se ofrecen algunos consejos sobre cómo hacer lo que podemos:

  • Reciclar, reutilizar y reemplazar bolsas de plástico, botellas, contenedores para el almuerzo y artículos similares con productos alternativos.
  • Lleve su propia taza cuando vaya a la cafetería.
  • Lleve utensilios reutilizables en el bolso, mochila o automóvil para usar en reuniones con comida o restaurantes de comida para llevar en lugar de emplear cubiertos desechables.
  • ¡Use lo digital! No se necesitan CD, DVD y fundas plásticas porque puede comprar su música y videos en línea.
  • Hágase voluntario para limpiar una playa.

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