Seis Veinte

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Para Juan Arturo:
¡Gracias por el recuerdo!

A la identificación de la XENK, radio 6.20 “La música que llegó para quedarse” * le antecedió por algunos años el de “… La Estación Juvenil de México”, posteriormente “Vínculo entre generaciones”, nacida con el formato que le distinguía a partir del 20 de junio de 1947.

Aún resulta grato recordar sus espacios: Café Concierto, Instrumentales de siempre, Las que llegaron al Hit Parade, El directorio de la música que llegó para quedarse, Personalidad, Café concierto, Instrumentales 6.20, Reunión de etiqueta, El sonido de las grandes bandas, Gracias por el recuerdo, Vibraciones musicales 6.20, Ésto es el cine y ésta su música, Avances 6.20…  y a sus voces destacadas: Armando Rascón Salmón, Fernando Balderas, Raúl Panihaua Bustos, Luis Gerardo Zavala (ahora en Horizonte y Opus 94.5), Manuel Guillén, Gonzalo Soto, Enrique Ponce de León, Jorge Gutiérrez Zamora, Juan Garduño, Fernando García González, Jaime Hernández Martínez, el Ingeniero Raúl Vega, Silvestre Razo, Juan Garduño … todos ellos antecedidos por el merecido título de “Don”.

El sonotipo y emblema (El  gallito Sixto) de la estación es la identidad establecida por el español Víctor Blanco Rodríguez fundador de la estación: “para él ―coinciden las fuentes―, la cultura nacida en Francia y compartida al mundo le merecía un papel preponderante en el desarrollo de la humanidad destacadamente durante los siglos XVIII, XIX y XX. La república Gala, representada por el gallo orgulloso y valiente.”

Claro que no era muestra de perfección radiofónica. Era una referencia viva, dinámica, que cargaba los excusables errores propios de una cultura prácticamente monolingüe. Aquella fue la época puente entre la música popular post Segunda Guerra Mundial y la correspondiente al inicio del Rock’n Roll, y su evolución en rock con el acostumbrado chicle —cuando éste, al parecer, era goma de mascar levemente adulterada—.

Cada quien hace con lo propio lo que determinan sus intereses pero, a veces, la búsqueda de más y mejores beneficios personales ahuyenta el de quienes encontraban un deleite musical acorde a sus necesidades, inquietudes, aptitudes y recuerdos. Las emisiones de la 6.20 actual mantienen poco de lo que fuera aquella trasmisora de “La música que llegó para quedarse” desplazada por la palabrería desaforada a la que ahora estamos sujetos, a menos, claro, de mudar de estación en donde la chabacanería predomina o pulsar la tecla de “apagado”. Por ello, el grato recuerdo de aquella 6.20 quedó placenteramente con algo de provecho y conocimientos musicales de trasmano con las voces distintivas de sus locutores y comentaristas, cuando estar frente a un micrófono era la razón de ser para compartir con cuidada dicción y lenguaje superior al promedio —sin que ello signifique una carencia en el sentido del humor—, sin cháchara ni estulticia desorbitada. Al vínculo entre generaciones lo quebraron los productos con afanes económicos que para muchos de los antiguos radioescuchas nada aportan.

Para aquel personal en cabina, los anónimos profesionales de la parte técnica, dos o tres anunciantes que favorecieron con su apoyo constante la continuidad de la estación y para los radioescuchas cuyos intereses demandaron calidad en la palabra y el sonido: ¡Gracias! Porque desde que los aparatos de recepción funcionaban con bulbos y hasta que el cacareo insubstancial fue el atractivo, abrimos los ojos a manifestaciones musicales que, por contraste enriquecían lo cercano. Porque ¡si! aquella 6.20 fue “vinculo para generaciones”, de menos para dos o tres.

*  Para la historia la creación del lema corresponde al licenciado Raúl Paniagua (o Paniahua, las fuentes varían). Por su parte, Ricardo y Alejandro Martínez Arreola, el miércoles 30 de junio del 2010 en su homenaje: “Y en 6.20… la música que llego para quedarse” en su página “Música sin final” asientan el nombre del locutor y director artístico de la radiodifusora, don Silvestre Raso para la autoría de la identificación.

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