Arriba y en todos lados (2)

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Tuvo el puño henchido de estrellas sin cabida para el vocablo abandono; la decepción era vana y con un estertor surgieron el bien y el mal en un verbo.

La Vida proveyó lo óptimo, algunas veces le vibraron las venas ―tal vez perdió un poco―, le ofuscó el cansancio y el tiempo todo le abrevió cuando era conveniente.

Tiene el puño colmado de estrellas en el que no cabe el vocablo final, donde la ficción es fútil y un llanto nuevo resulta todavía una sorpresa.

La Vida aportó de todo, eligió de entre frutos y fierezas que a las fuerzas alcanzaron; el embate del tiempo aprobó lo electo o marcó con saña el equívoco.

Tendrá el puño preñado de estrellas donde no cabrá el vocablo derrota, la falsedad será una apostasía y el temblor en las manos sólo cosa natural.

La Vida le ofreció todo, si vino el dolor sin el amor fue cosa buscada, si hubo una noche continua sin otro amanecer: ceguera personal.

Cuando el tiempo termine, que nos suceda sin deudas.

ab

Vencidos por el sopor terminó la lluvia y dio tono a las voces de cientos de jilgueros, fueron las notas de la sobrevivencia, del renacimiento, de otra hora para enaltecerla con una caricia a las nubes.

Vino la lluvia nocturna para rociar el lugar del parto y abrillantar las hierbas, para entrecerrar los ojos al destello de los colores recuperados entre girones y molinetes del viento, para alegrar a las luciérnagas y ocultar el llanto vergonzante bajo las sonrisas; ennoblecidas las calvas y el futuro.

Regresará la lluvia para engarzar la persistencia, para recorrer los veneros de la tierra y surgir en el ondular de la brisa la nota inicial de una sinfonía que ahora nos toca completar; bajará sobre lo que somos, fuimos y seremos.

Parábola.

Buscó la perfección alejándose de ella y a la felicidad entre las penas humanas. La eternidad allá en lo alto le atrae y adormece las ausencias, enriquece las presencias y arroba las mejillas con la voz esperada que llega cuando el sueño es frágil durante la vigilia: es el roce de una mano y la mirada esquiva la que forja una promesa que el fulgor del día disipa.

¡Dejemos al tiempo lo que le es ajeno y a la razón lo imposible!

ab

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