En las páginas de la Historia

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“La nave en que con los mancebos navegó Tesseo, y volvió salvo, la conservaron los atenienses hasta la edad de Demetrio Falareo, quitando la madera gastada y poniendo y entretejiendo madera nueva; de manera que esto dio materia a los filósofos para el argumento que llaman aumentativo, y que sirve para los dos extremos, tomando por ejemplo esta nave, y probando unos que era la misma, y otros que no lo era.” [1]

Uno escucha a los políticos en su retórica omisa de sustento social y pareciera que vienen de consultar el Oráculo de Delfos o al menos, cuentan entre sus asesores a alguna de las Sibilas de Miguel Ángel en la capilla Sixtina ―Délfica, Cumana, Eritrea, Pérsica, Líbica―; son el eco sibilino en oídos de artillero, ayunos de que es sólo un silbo (un susurro) hermético de las adivinas recuperado por el catolicismo bajo la línea neoplatónica.

La memoria, la ensalzada memoria va junto al olvido y las repeticiones, sean estas conscientes o inconscientes.

En la actualidad la cadena humana de migrantes, esa agrupación de parias trashumantes que todo lo estropean, dejan los caminos pestilentes y las calles de no verse, escupimos improperios a su origen y les deseamos una pronta marcha sin considerar los motivos de su alejamiento del espacio familiar. Olvidamos y ningún político en su sano juicio intenta la clarificación del daño ancestral al espacio vital y de las comunidades originales. La realidad del momento impide el escrutinio en la historia inserta en la Historia y el principio de la irritación acumulada durante generaciones. De este lado del mundo ―la del antillano Paraíso Perdido de  la isla La Española (hoy Republica Dominicana y Haití)― refundimos en el olvido la trágica etapa descrita en “Vida de J. J. Dessalines, gefe de los negros de Santo Domingo”.[2]

Para no asustarnos inmoderadamente ante los resultados en las elecciones de políticos en el mundo. A la biografía de Napoleón de Jacques Bainville le antecede ―a manera de Introducción― El hombre del mundo, de Ralph Waldo Emerson que en la página VII asienta: “… si Napoleón es Francia, si Napoleón es Europa, es porque los hombres a quienes gobierna son pequeños Napoleones.”.[3]

[1] Plutarco. (Tesseo.) Vidas paralelas, pagina 11. Editorial Porrúa, S. A. Colección “Sepan Cuantos…”. México, D. F. 1999.

[2] Vida de J. J. Dessalines, gefe de los negros de Santo Domingo” en la edición facsimilar a partir del original en México de don Mariano Zúñiga y Ontiveros del año de 1806, traducción del francés por Juan López Cancelada, con el patronazgo del Banco Nacional de Obras Públicas, S. A., editado por Grupo Editorial Miguel Ángel Porrúa, S. A. (1982).

[3] Napoleón. Jacques Bainville. Editorial Porrúa, S. A., serie “Sepan Cuántos…”.  Número 649, 1994.

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