(por don Nicandro Castillo Gómez. 17 de marzo de 1914—30 de julio de 1990)

Venga, cantemos un poco y que sea el motivo la imagen de un caballo querido aunque ajeno.

Con el beneficio de los años, aquella impresión quedó inquebrantable en la memoria de quien alguna vez, en ese cruel momento en que la infancia queda apenas relegada y la adolescencia aún no rige totalmente la vida del muchachito, regresaba a casa con uno de esos dolores profundos que en la indeleble etapa destruía todo esperanza de dicha compartida.

Cerca de casa, en aquel aroma y aire de pueblo, precedente a la llegada de la bicicleta que para algunas mentes rústicas con ínfulas de citadinas representaba el retraso y epíteto para la burla, en aquella calle recubierta con piedra bola, del interior de la cantina brotaba la ternura de una canción escuchada por primera vez, entonada con voces aguardentosas y enorme ánimo: “El Cantador”. Algo en aquella copla borró la pena recién sufrida para migrar hasta el ahora y llevar en ella la imagen de todo caballo que en la vida es y será.

De entre todas las versiones escuchadas —y son múltiples— elegí la de don Nicandro Castillo Gómez, originario de Xochiatipan (Estado de Hidalgo), primero, por ser el autor quien acompañado por Los Plateados deja en la grabación un pasaje poco conocido del corrido y nos informa qué sucedió con “El Cantador” y a más, corregir algunas palabras que el manoseo confundió, trastocó en su orden o le dio un énfasis llorón y estruendoso. Don Nicandro Castillo Gómez compuso además: Si yo pudiera, El Hidalguense, La Calandria, Sueño, El Alegre, El Huasteco Enamorado, Fiesta Huasteca, El Gavilán Tamaulipeco, Mi Huejutla… y quizás su creación con mayor aceptación y éxito: Las Tres Huastecas; don Nicandro creó alrededor de cien canciones —otras fuentes la concretan en ochenta— pero ésta, la del caballo “El Cantador” es parte emotiva en la casi infancia ya tan lejana.

Nació bajo de una higuera
su madre fue yegua fina,
le llamaban “La Catrina”
yo le puse “El Cantador”.

Fue un potrillo con más brío
que otro caballo cualquiera
y como yo lo hice mío
resultó muy corredor.

Era lindo mi caballo
y era mi amigo más fiel,
ligerito como el rayo,
era de muy buena ley.

Cuando era de falsa rienda
daba ventaja a su madre,
muy pronto dejó a su padre,
con dos cuerpos le ganó.

Era de pelo retinto,
dosalbo y con un lucero,
muy fachoso y mitotero
y lindo de corazón.

Era lindo mi caballo…

Patricio Vizcarra vino
bien montado en su alazán,
vino a buscarme motivo
a las puertas del corral.

Vizcarra cayó bien muerto
mas mi caballo murió,
pero antes de quedar yerto
mis manos acarició.

Era lindo mi caballo…

Nació bajo de una higuera
y en el potrero quedó,
que lástima que muriera
mi compañero mejor.

Por eso cuando el sol muere
y la luna va a salir,
me voy hasta aquel potrero
mis recuerdos a vivir.

Era lindo mi caballo…

De las muchas versiones escuchadas, en lo personal, me quedo con la interpretación recortada de la bella María de Lourdes, la del propio autor, don Nicandro Castillo Gómez con Los Plateados, pero más que todas, la de aquella reunión en la cantina del pueblo en la cual, los vapores etílicos llevaron a los parroquianos a reencontrar, con el rasgueo de una guitarra desafinada, la esencia de un caballo querido y ajeno: “El Cantador”.

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