Del Diccionario de la Real Academia Española: Ceniza, del latín vulgar cinisia, y este del latín cinis. 1. f. Polvo de color gris claro que queda después de una combustión completa, y está formado, generalmente por sales alcalinas y térreas, sílice y óxidos metálicos… 3. F. Reliquias o residuos de un cadáver…

Polvo, del latín vulgar pulvus, y este del latín pulvis. 1. M. Parte más menuda y deshecha de la tierra muy seca, que con cualquier movimiento se levanta en el aire. 2. m. Residuo que queda de cosas sólidas, moliéndolas hasta reducirlas a partes muy menudas. 3. m. Porción de cualquier cosa menuda o reducida a polvo, que se puede tomar de una vez con las yemas de los dedos pulgar e índice. 4. m. Conjunto de partículas sólidas que flotan en el aire y se posan sobre los objetos…

El doctor Bruno Bettelheim en su interesante trabajo Psicoanálisis de los cuentos de hadas [1] nos deja un comentario ajeno a nuestra comprensión literal acerca del cuento de “La Cenicienta”: ”El hecho de que Cenicienta tenga que vivir entre las cenizas —de ahí deriva su nombre— es un detalle de enorme complejidad…” (Y aquí el autor nos remite a la llamada a pie de página. [2]) A nivel superficial, representa el abuso y la humillación que la hace descender de la afortunada posición de que disfruta al principio de la historia.”

En seguida el doctor Bettelheim asienta (páginas 340-341) un dato que modifica en mucho nuestra visión con respecto al personaje. “Pero no sin razón Perrault hace que su protagonista elija una existencia sumida en las cenizas. Tenemos la impresión de que la vida de una sirvienta, que está todo el día junto a las cenizas del hogar, denuncia una posición extremadamente degradada, por lo que somos incapaces de reconocer que, desde otro punto de vista, esta misma situación puede ser algo sumamente deseable, e incluso una posición privilegiada.”

Pero antes, al inicio de su estudio referente a la Cenicienta, el doctor Bruno Bettelheim deja un dato de suma importancia (página 319): “En todos los aspectos <<Cenicienta>> es el cuento de hadas más conocido y, probablemente, el preferido en el mundo. Es un relato muy antiguo, pues cuando se escribió por primera vez en China en el siglo IX d.C., tenía ya larga historia. El diminuto tamaño del pie, que no encontraba rival alguno, como signo de virtud, distinción y belleza, y la zapatilla hecha con algún material precioso, son elementos que apuntan hacia un origen oriental, aunque no necesariamente chino. Para el oyente actual, la extrema pequeñez de los pies no provocará las connotaciones de atractivo sexual y de belleza en general, que despertaban en los chinos, quienes acostumbraban a vendar los pies a las mujeres.” Y aún más. En sus diversas manifestaciones (hay un censo de 345 historias de <<Cenicienta>> recopiladas por M. R. Cox, informa Bettelheim en la página 330) no siempre es una niña el personaje principal y “sufriente”, en Alemania es un varón el confinado a vivir entre las cenizas e incluso en las versiones con mayor aceptación —Charles Perrault y los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm— hay variantes suficientes como para despertar una serie de interrogantes con respecto al recorrido, adiciones y adaptaciones que la narración carga en su peregrinar por las culturas en donde encuentra acogida con cargas culturales en ocasiones desconcertantes para nuestra mentalidad, ya que en algunas narraciones a los malos tratos recibidos responde la “Cenicienta” con actos de violencia desconcertantes en espacios con prácticas sociales sumamente alejadas de nuestros principios sociales. En el caso concreto de la “Cenicienta”, el autor (en espera de que la confusión no provenga de la traducción), emplea constantemente el término “complejo de Edipo” de ida y vuelta en el sentido en que la costumbre fijo el calificativo, ajeno en esencia a lo postulado por el propio Sigmund Freud.

No es desdeñable el término, función e importancia de la “Cenicienta”, al parecer es sólo una distorsión muy posterior aplicado a una actividad de rengo inferior en las costumbres del día a día de la humanidad. La mujer dedicada a cuidar del fuego en el hogar (el lugar donde está la hoguera), es quien sabe cómo preservar los alimentos mediante la cocción, es la que con su actividad insufla salud en los integrantes del núcleo social, es la que contiene y mantiene el santo fuego y que llega a lo sagrado con las vírgenes Vestales durante la Roma Imperial. La mujer que sabe del fuego, la que vive cercada y cercana a las cenizas es quien sabe de las potencialidades y valores, de las esencias y vapores benéficos y dañinos para el ser humano, la mujer de las cenizas —antes de la degradación cultural de su encomienda— acumulaba la experiencia transmitida de generación en generación de cómo curar a los cercanos y con qué dañar a quien desea el mal del grupo, era, por su valía, sagrada hasta antes de que a su actividad la tocara un juicio diferente para adquirir el matiz degradante de sirvienta y peor aún, de activa partícipe en ritos poco adecuados para una sociedad con moralidad cambiante y estigmatizarla con el término de bruja, hechicera… Siempre, la “Cenicienta”, con las circunstancias y actitudes atribuidas, asumidas y sufridas —insistamos, no siempre la “Cenicienta” es un personaje “bueno” y casi simple, en algunas narraciones llega a extremos de crueldad descarnada y antinatural—, termina por ser la elegida de un Príncipe, si no por un Rey sin preámbulos. Algún mérito encontrarían esos personajes coronados para cautivarse por una supuesta, despreciable y baja sirvienta.

El Ave Fénix con toda la carga psíquica y simbólica, renace, surge de sus cenizas para emprender nuevamente el vuelo y cumplir con el ciclo de vida. Nanahuatzin enfrenta la hoguera divina y con ello, tras su cremación, surge convertido en el Quinto Sol —nuestro sol—, el autosacrificio del ser a quien debemos la proliferación de la vida y el lapso del renacer, desarrollo y muerte.

El atanor es la pieza indispensable en la alquimia. Es la fuente del calor transformador y el recipiente en donde yacen las cenizas propiciadoras. El perfeccionamiento de la sustancia es su finalidad. Con su poder sublima los componentes, separa lo puro y desarraiga lo innecesario para la transformación final; el logro mediante la paciencia y la labor.

Las cenizas surgidas brutalmente del alto monte sagrado fertilizan el campo adyacente en donde el hombre aprenderá la siembra y cosecha de la vid para nutrir su cuerpo, mente y espíritu con la sangre de la tierra;  son también el responso para el encadenamiento en el conocimiento: la Biblioteca de Alejandría con la bella y sabia Hipatia; la Biblioteca del Palatino en la Roma Imperial debida a los exabruptos de Gregorio I; los libros exterminados por los hombres de la Santa Inquisición, reflejo de ello es la quema de textos en el patio del mismísimo Don Alonso (o Alonzo) Quijano (o Quijada o Quesada) al amparo de la “buena voluntad”; los volúmenes incinerados en la Alemania nazi, las purgas soterradas… mucha ceniza en este mundo en que algún día, junto con su Sol, de ellos quedarán sólo cenizas.

AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

Cerrar podrá mis ojos la postrera

sombra que me llevare el blanco día,

y podrá desatar esta alma mía

hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no de esotra parte en la ribera

dejará la memoria, en donde ardía:

nadar sabe mi llama el agua fría,

y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un Dios prisión ha sido,

venas que humor a tanto fuego han dado,

Médulas, que han gloriosamente ardido:

su cuerpo dejarán, no su cuidado;

serán ceniza, mas tendrá sentido;

polvo serán, mas polvo enamorado.

Francisco de Quevedo Villegas  [3]


 

[1] Bruno Bettelheim. Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Páginas 340 en adelante. Traducción castellana de Silvia Furió. Ediciones Culturales Paidós, S. A. de C. V., 2013.

[2] Ídem. “Es una lástima que <<Cenicienta>> se haya hecho famosa en inglés bajo el nombre de <<Cinderella>>, traducción demasiado fácil e incorrecta del francés <<Cendrillon>> que, como el nombre alemán de la heroína, hace hincapié en el hecho de vivir entre cenizas (ashes). Ashes es la traducción correcta de la palabra francesa cendre derivada del término latino cinerem (cenizas). El Oxford English Dictionary señala que la palabra cinders (que da origen al título inglés del cuento, <<Cinderella>>) no está etimológicamente relacionada con el término francés cendres. Es importante poner de relieve esta distinción por las connotaciones que el nombre de <<Cinderella>> lleva implícitas. Ashes es la sustancia gris, en polvo y sin impurezas, resultado de una combustión completa; mientras que cinders, por el contrario, se refiere a los residuos impuros de una combustión incompleta.”

[3] Tomado de Octavio Paz, La llama doble, página 64. Seix Barral, vigésima octava reimpresión, septiembre del 2003.

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