Alfa Omega: De acuerdo presidente, ¡Fuera máscaras!

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Jorge Herrera Valenzuela
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Felicidades a los carteros en su día, el 12 de noviembre

Ciudad de México, 12 de noviembre de 2022.- En su desesperada y angustiosa crisis política, el presidente de la República no se detendrá para conseguir tener el control absoluto, total, al cien por ciento, de la organización, celebración y calificación de las elecciones presidenciales del 2024.

Lograrlo no solo significaría un regreso a los días en que el Gobierno Federal era juez y parte por medio de la Comisión Federal Electoral, sino un severo golpe a la democracia que comenzó apenas hace 25 años, al perder su hegemonía el PRI y éste al iniciarse el Siglo XXI dejó de ser el partido político en el poder durante 71 años.

El Instituto Nacional Electoral, sucesor del Instituto Federal Electoral, desde el 3 de abril de 2014 tiene un desempeño claro, transparente, en su misión en los tres niveles de gobierno. Es un órgano constitucional autónomo.

Hace cuatro años calificó y certificó que más de 30 millones de electores le dieron el triunfo al actual presidente de la República. En ocho años, ha intervenido en elecciones estatales, donde los ganadores son del partido político que fundó el tabasqueño.

En ningún momento hubo protesta, descalificación y ataques para los consejeros electorales. Ah, pero movió a sus peones en la Cámara de Diputados para hacer campaña, para reducirle el presupuesto al INE. Hablaron de los “enormes” sueldos de los consejeros y de los “fabulosos” gastos administrativos. Así emprendieron la batalla.

La segunda etapa consiste en golpear especialmente al consejero presidente, Lorenzo Córdoba. El escándalo aumentó de tono porque a la imitativa de reformas a la legislación electoral, propuesta por el huésped de Palacio Nacional, se opone la mayoría de los mexicanos. El secretario de Gobernación, convertido en el terrorista verbal, amenaza a los gobernadores de la llamada oposición, como lo ha hecho para que aprueben la militarización callejera hasta el 2028.

Sin embargo, poco a poco, desde Palacio Nacional se manejó una campaña para desacreditar a la institución y a sus integrantes. Lo mismo se ha hecho contra el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, el Tepje. La campaña difamatoria tiene como apoyo el programa televisivo, La Mañanera, desde donde “gobierna” el inquilino del edificio colonial y no paga renta.

Indignante lenguaje presidencial
Por primera vez en la Historia de México, el presidente de México se exhibió como un individuo majadero y desde su atril en Palacio Nacional, en las mañaneras, desató su ira contra quienes organizan y contra los que participarán mañana domingo 13 de noviembre, en la marcha para protestar por la obstinación presidencial de apoderarse del Instituto Nacional Electoral, “transformarlo” en un aparato para manipular los resultados de las elecciones del 2024.

El presidente durante tres días ha repetido, sin ocultar el derrame de bilis, el rencor que lo invade contra la sociedad, su resentimiento social y su complejo dictatorial, las siguientes palabras en tono estridente: Rateros, Clasistas, Racistas, Hipócritas, Fifís, Conservadores, Neoliberales, Sinvergüenzas y Cretinos. Todas dirigidas a los convocadores de La Marcha por la Democracia.

A quienes acudan a la manifestación también “los ha puesto barridos y regados”, porque se oponen a la “transformación”. A los marchistas los llamó Corruptazos, Lambiscones y Ladinos.

En una de sus alocuciones mañaneras a gritó abierto expresó “¡Fuera Máscaras!”, porque los organizadores están engañando a la ciudadanía, “cuando él busca mantener la democracia”. Afirma que no quiere desaparecer al INE, solo pretende que los consejeros le sean afines, que los elija “el pueblo bueno y sabio”.

Sí, “¡Fuera Máscaras!”. Empiece usted presidente.
Está buscando, mediante sus acostumbradas engañosas ocurrencias, que si su “corcholata”, hombre o mujer, pierde en las urnas, haya una forma de “evitar el fraude” e imponerse a como dé lugar. Propiciar un estado de ingobernabilidad y, ante ello, permanecer en Palacio Nacional “hasta que haya paz y tranquilidad”.

Decía mi abuelita que alabanza en boca propia es vituperio. El presidente se lava las manos y se amarra el dedo antes de cortárselo, al expresar: “Nada más que no mientan, porque son muy hipócritas, hablan que se va a destruir el INE, que va haber una dictadura, porque me voy a quedar, que va haber reelección”. Sucede que es él quien durante su mandato ha mentido, ha engañado, ha traicionado, repite que no se reelegirá y “me voy a retirar de la política”.

También prometió que bajaría el precio de la gasolina y que gobernaría para todos los mexicanos. ¡Qué tal!

El tabasqueño está desesperado, angustiado, porque ya no cuenta con 30 millones de mexicanas y mexicanos que lo llevaron al poder. Los arrepentidos son millones y otros tantos sí lo mantienen en su corazoncito. Eso lleva a pensar que puede fracasar en su intento de lograr el maximato como lo ostentó Plutarco Elías Calles. El sonorense era un político-político que concilió, no dividió.

Sigo aplicando dichos populares e insisto que aplique el “¡Fuera Máscaras!”. El presidente de la República se mordió la lengua al decir: “Todos esos, aunque vayan a misa los domingos no le tienen amor al pueblo y son racistas en su mayoría, clasistas y muy hipócritas. Que no se hagan, que no engañen, que no simulen, ese es el fondo, quieren kratos sin demos, quieren el poder sin pueblo. Son muy corruptos, muy rateros”.

El que rechazó vivir en la residencia de Los Pinos asegura que en la marcha del domingo, los que participarán “son muy corruptos. Es una cúpula de poder económico y político con achichincles, voceros y despistados, aspiracionistas, que buscan llegar a ser fifís”. Para no variar culpó a los medios informativos por difundir “mentiras”.

Woldenberg, único orador
La Ciudad de México será el principal escenario de manifestantes que están en contra del autoritarismo que el tabasqueño desea imponer para liquidar al órgano constitucional autónomo que inició labores en 1990. Habrá marchas en varias ciudades capitales del país. La tarde del domingo conoceremos lo que ocurrió en la República y las reacciones en Palacio Nacional

Su primer director general fue el jurista, catedrático y político Emilio Chuayffet Chemor y el primer consejero presidente, el izquierdista –de auténtica ideología—sociólogo, académico y político, nacido en Monterrey, Nuevo León, Isaac José Woldenberg Karakowsky será el único orador en el acto programado a celebrarse en el Monumento a la Revolución.

El IFE funcionó durante 24 años y en 2014 fue disuelto para dar paso al Instituto Nacional Electoral. Lorenzo Córdoba Vianello lo dirige desde el 3 de abril del 14. Primer y único consejero presidente que ha recibido todos los ataques inimaginables desde Palacio Nacional y por parte de los súbditos del tabasqueño, incluyendo a quienes fueron respetados juristas u ocuparon un sitial en el Poder Judicial de la Federación. Córdoba no ha tenido audiencia presidencial, ni la tendrá. En los 8 años que cumplirá como presidente, el próximo diciembre, el dirigente tiene un saldo altamente positivo, a pesar de las descalificaciones oficiales.

Pues bien, el domingo desde las 10 de la mañana, nuevamente, no habrá circulación de vehículos de la Columna de la Independencia hasta el Monumento a la Resolución. Originalmente, la meta era el Hemiciclo a Juárez, pero el espacio era reducido para el número de manifestantes de la Ciudad de México y de algunos puntos circunvecinos.

En Palacio Nacional anunciaron que la marcha podría terminar en la Plaza de la Constitución, por espaciosa. Comentó el tabasqueño que quedarse en el Hemiciclo, en el lado Sur de la Alameda Central, no lo veía bien. Insinuó que se ofendía la memoria del Benemérito de las Américas.

Seguramente serán miles de integrantes de La Marcha por la Democracia. Para la defensa de la autonomía constitucional del INE. Para evitar no una reforma estructural que signifique retroceder y borrar las reformas que apoyaron la apertura democrática. El hombre que está en campaña política desde el inicio de estén siglo, quiere que solo haya “diputados federales plurinominales”. Los partidos harán listas de candidatos y la ciudadanía votaría por el partido, no por el candidato.

Darle la mayoría al presidente de los Estados Unidos Mexicanos en el poder es acabar con la vida democrática. Es retroceder a los días en que el País era dominado autoritariamente y que tanto criticó como opositor. No deja de mentir. El viernes último dijo, en Mérida, Yucatán, que el 70 por ciento de los mexicanos lo apoyan.
¡Fuera máscara, presidente!

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