Alfa Omega: Ensalada noticiosa, chismes y curiosidades

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Jorge Herrera Valenzuela
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Ciudad de México, 24 de octubre de 2022.- Con rapidez transcurre este 2022. Estamos a 70 días de la noche en que lo despediremos. La carestía de los alimentos, incontenible. La justificación oficial: el fenómeno es mundial. Las masacres continúan en diversas partes del País. Los narcos reciben abrazos, no balazos, mientras los delincuentes son protegidos “porque también son humanos”.

La sucia sucesión presidencial, adelante. En Palacio Nacional afirman que el hackeo a los archivos confidenciales de la Secretaría de la Defensa Nacional “es un fracaso”. El dirigente nacional del PRI, el tal “Alito”, cumpliendo los deseos del único presidente que vive en un palacio y no paga renta. “Alito” busca un candidato “de la oposición”, dentro de las filas del tricolor para que el tabasqueño lo haga trizas en las mañaneras, mientras que continúa la campaña de una morenista y un prepotente “corcholato”.

Medalla al personal médico
El Senado de la República el pasado martes hizo entrega de la Medalla Belisario Domínguez 2020. La sesión que careció de la acostumbrada solemnidad y que resultó deslucida, según nota periodística de la reportera Andrea Becerril, del diario La Jornada, sirvió para recordar a los más de tres mil médicos, médicas, enfermeras, enfermeros, camilleros, paramédicos y personal administrativo que murieron al atender a los contagiados por el coronavirus Covid-19. Por primera vez, dessde1954, la ceremonia no fue en la casona de Xicoténcatl.

La Medalla y el Diploma correspondiente fueron entregados al presidente municipal Marco Antonio Guillén Domínguez, para llevar los testimonios a la Casa Museo Doctor Belisario Domínguez, precisamente en Comitán de Domínguez, Chiapas, lugar de origen del senador sacrificado por oponerse al dictador y usurpador Victoriano Huerta.

El presidente de los senadores, Alejandro Armenta Mier, estuvo acompañado por el presidente de la Suprema Corte, ministro Arturo Zaldívar y el diputado Santiago Creel Miranda, presidente de la Cámara de Diputados.

“El Ejército de las Batas Blancas”, como se conoció al equipo del Sistema Nacional de Salud, recorrió hospitales, clínicas, consultorios y farmacias, en toda la República. La atención en los hospitales del Imss y del Issste requirió labores de veinticuatro horas continuas. Los descansos eran relativos. En esa tarea los diligentes servidores públicos resultaron contagiados. Recibieron oportuna atención, pero sucumbieron.

La pandemia cundió con mucha rapidez por los 31 Estados y la Ciudad de México, siendo esta la más golpeada en virtud de la gran población del Valle de México. Recuérdese que además de las 16 Alcaldías capitalinas, hay un buen número de municipios del Oriente y Norte del Estado de México, cuyos habitantes laboran en la Capital Mexicana.

El problema creció y se complicó porque el Gobierno Federal implementó mala estrategia de combate. En un principio no había vacunas. El secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard Casaubón, se convirtió en el negociador y comprador de vacunas. Tarde llegaron los medicamentos. Se hizo una programación sin pies ni cabeza, salvo la que llevó a cabo la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum Pardo.

Octubre 23, Día del Médico
¿Quiénes determinaron la fecha para reconocer la labor del médico? Fueron los integrantes de la Convención de Sindicatos Médicos de la República, celebrada en Cuernavaca, Morelos.

¿Por qué eligieron ese día? Para rendirle honores al médico, egresado de la Universidad de Guadalajara, y cinco veces presidente de México, el prócer del liberalismo, José Valentín Gómez Farías, fundador en 1833 del Establecimiento de Ciencias Médicas de la Ciudad de México. Esa institución es el antecedente remoto de las hoy escuelas y facultades de medicina.

En el Siglo XVI ya había enseñanza médica. El testimonio de ello es que el primer diploma acreditando a un médico mexicano fue expedido por la Universidad de Lérida en España, el 10 de agosto de 1553, a Juan Blanco de Alcázar.

La primera médica se llamó Matilde Petra Montoya Lafragua, a quien obstaculizaron maestros y alumnos porque era mujer y tuvo que intervenir el presidente Porfirio Díaz para que pudiera ingresar a la Escuela Nacional de Medicina y no se le impidiera presentar examen profesional.

Matilde a los 28 años de edad recibió su título acreditándola como médica cirujana. Con anterioridad obtuvo el título de Partera y Obstetra, en la Casa de la Maternidad, en la Capital del País.

Los tiempos cambiaron. Ayer, domingo 23, festejamos el Día del Médico y de la Médica. Siempre he considerado que quienes, por vocación natural, estudian para ser los que cuidan de la salud de sus semejantes, curar los males que nos aquejan, atender con inmediatez al accidentado, intervenir en la llegada de nuevos seres. Son un equipo de mujeres y hombres que salvan vidas. En pocas palabras, son Apóstoles de la Salud.

Desde este espacio del diarismo digital, envío mi agradecimiento y reconocimiento a los cardiólogos Javier Villalpando Gutiérrez, Juan Carlos Peláez Piedrahita y Alicia Contreras Rodríguez. Los neurólogos Guillermo S. García Ramos y Ángel Antonio Arauz Góngora. Cirujanos ortopedistas Jorge A. Aviña Valencia y Jorge Arredondo Saldaña. Los gastroenterólogos Eduardo Villanueva Saínz y Javier Wiener Carrillo. Neumólogo Francisco P. Navarro Reynoso, Angiólogo A. Rafael Gutiérrez Carreño, Urólogo Armando Castro Gaytán.

También mi agradecimiento a los doctores J. Arturo Zavala Habib, Raúl M. Simancas y Pérez Cortés, Jorge Saavedra Fernández, Jorge Tommasi Pedraza, Jorge Eduardo Gaytán, Roberto García Castro, Roberto García Quintero, Luis E. Zepeda, Misael Caballero Sandoval, Mohan V. Pedinnani Rao. Juan Francisco Omaña Villa, del Servicio Médico en el Senado de la República. Las doctoras Olga Labastida Gómez de la Torre y Nora Quintero.

El chisme de la semana
Como se difundió periodísticamente, la entrega de la Medalla Belisario Domínguez 2022, en su edición número 59, pasará a la historia como deslucida y sin asistencia del presidente de la República, del secretario de Gobernación y del secretario de Salud, según redactó Andrea Becerril en el diario La Jornada.

La versión no oficial señaló que hubo berrinche de por medio y culparon a los legisladores del PAN por negarse a que la presea fuera a las manos de…. ¡Hugo López Gatell Ramírez!, quien fue propuesto, para recibirla en lo individual, por el tabasqueño de Palacio Nacional.

La determinación de la comisión senatorial: otorgarla al Sistema Nacional de Salud para reconocer la titánica y peligrosa misión de médicos, médicas, enfermeras, enfermeros, anestesistas, camilleros y administrativos encargados de atender a los miles de contagiados por el Covid-19.
Es la primera vez, desde 1954, que se despersonaliza la distinción. La presea número 58, correspondiente al 2021, fue para la maestra, diputada, senadora, catedrática universitaria y economista Ifigenia Martha Martínez y Hernández.

El presidente de México hizo una gira por Tamaulipas. El “corcholato” tabasqueño viajó a Chiapas y el jefe del Sector Salud, el secretario de Salud, también se disculpó porque tenía otras cosas importantes. Nada fue oficial, pero el chisme trascendió.

Curiosidad ancestral
Desde siempre, hemos escuchado, cuando las cosas salen mal o lo proyectado no funciona, la expresión “igualito que la Carabina de Ambrosio”. Cuentan que, en 1779 en el Diccionario de las Autoridades, en Andalucía, aparece registrada esa frase, misma que se extendió a varios países, por supuesto, no en forma inmediata.

La leyenda nos lleva a conocer que sí existió Ambrosio. Era un labriego en Sevilla, España, que trabaja de sol a sol. Preparaba la tierra para la siembra. Procuraba contar con agua suficiente. Esto era en el Siglo XIX. El pobre pequeño agricultor no tenía éxito en cosechar. Sus esfuerzos eran inútiles.

Desesperado porque no tenía dinero y su tierra no producía, Ambrosio decidió convertirse en asaltante de caminos. Echó la carabina al hombro. Desde su primer intento de convertirse en un ladronzuelo, ¡fracasó! La escena chusca se repitió. Sucede que Ambrosio no “cargó” el arma y al tirar del gatillo, nada pasaba. El hombre desistió en su opción de ser bandolero. Volvió a intentar que la tierra produjera alimentos

En otra narración se refería a que los potentados de aquellas épocas dejaban salir a sus hijas, jovencitas, siempre acompañadas de otra dama. El objetivo: vigilar que el mancebo, el muchacho, no “se pasará” en sus arrumacos y caricias con la señorita. Pero llegaron a suceder otros hechos entre la pareja, a la dama de compañía les llamaron simplemente “carabina”. No servía para lo que le ordenaban.

Entre 1978 y 1987 en un canal de televisión produjeron un programa cómico musical titulado “La Carabina de Ambrosio”. Sus estrellas eran César Costa, Gualberto Castro, Chabelo, Beto el Boticario, la despampanante Gina Montes y “La Pájara Peggy” que la interpretaban el productor Humberto Navarro y Moisés Suárez. También aparecían Paco Stanley y el locutor Jorge Alberto Riancho y el inolvidable Jorge Arvizu, “El Tata”.

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