“Todo lo que se refiere a la modificación del genoma humano se mueve entre dos posturas: la esperanza y el miedo”, aseguró Javier Flores, director de la Revista Forum del Foro Consultivo Científico y Tecnológico (Fccyt), en la conferencia “Edición Genética”, llevada a cabo en el Museo de la Luz de la Ciudad de México.

“Hay esperanza porque a partir de la modificación genética podemos avanzar en la medicina en el tratamiento de enfermedades que hasta ahora son incurables y en otras áreas como la agricultura donde puede ayudar a resolver el problema de la alimentación humana. No obstante, el miedo surge por la duda sobre hacia dónde nos pueden llevar esos cambios genéticos, y sobre este tema existe gran incertidumbre”, reconoció.

Flores explicó en su conferencia el surgimiento de la técnica conocida como CRISPR-Cas9, que emula el sistema de defensa de algunas bacterias contra las infecciones virales. La bacteria crea fragmentos de ácido ribonucleico (ARN) que reconocen y se asocian con sitios específicos del ácido desoxirribonucleico (ADN) del agresor y mediante una enzima (Cas) “corta” en ese sitio lo que inactiva a la molécula de ADN.

Mediante esta tecnología es posible realizar “cortes” en genes específicos e inactivarlos, lo que en el futuro podría servir para frenar el desarrollo de algunas enfermedades; o también para insertar genes con funciones conocidas en el sitio del corte para crear plantas o animales transgénicos, dijo.

Pero debido al miedo, hay sectores en la sociedad que se oponen tajantemente a la edición genética. Si bien resulta comprensible el dilema ético que puede llegar a surgir sobre la modificación genética en plantas o animales, lo que definitivamente no se puede detener es la investigación científica y el avance del conocimiento en este y otros campos, dijo el profesor de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam).

“En este dilema ético aparecen extremistas que pretenden detener la investigación científica. Hay que tener claro que una cosa es regular el uso de éstas técnicas y otra muy distinta es prohibir la investigación científica. La edad media quedó muy atrás como para que se pretenda frenar la investigación, eso es impensable”, dijo en la conferencia que formó parte del evento Arte en tus Genes.

Hay personalidades científicas en México que no creen en los beneficios que puedan acarrear los cultivos de organismos genéticamente modificados, por ejemplo, no obstante, no niegan la importancia de la investigación científica en este campo con el fin de adquirir un mayor conocimiento acerca de ellos, expuso Javier Flores.

Regularmente los grupos anticientíficos suelen involucrar a las compañías trasnacionales como promotores y beneficiarios de los proyectos de modificación genética y ganar con ello simpatías en algunos sectores de la población, aunque ahora puede demostrarse que también hay empresas que se benefician de la oposición a los transgénicos.

“Acaba de haber una conferencia en El Colegio Nacional en la cual se mostró que hay una guerra comercial en el campo, y entre los opositores a los transgénicos, por ejemplo la creación de plantas que producen su propia resistencia a plagas, están compañías que se enriquecen con la producción de insecticidas y pesticidas químicos”, expuso Flores.

La participación de empresas en la investigación no debe considerarse automáticamente como algo nocivo y hay que analizar casos específicos, por ejemplo, “los anticonceptivos orales, los cuales fueron un descubrimiento que se hizo en México por una empresa privada llamada Syntex. El hecho de que en un laboratorio privado se haya creado una molécula capaz de revolucionar al mundo, no debe conducir al rechazo, sinceramente a mí no me importa en lo más mínimo donde fue producida, porque el beneficio que tuvo para la humanidad fue tremendo. No nos creamos todo lo que nos dicen”, concluyó.

Arte en tus genes formó parte de una celebración para acercar a la sociedad a conocer los resultados que se han logrado gracias a la realización de uno de los proyectos más ambiciosos de la humanidad: el Proyecto Genoma Humano.

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