Instituto del Derecho de las Telecomunicaciones

Ciudad de México, 28 de enero de 2020.- En los próximos días y semanas escucharemos y veremos una oleada de noticias relacionadas con el coronavirus 2019-nCoV, cuya expansión comenzó en la localidad china de Wuhan. Los mexicanos tenemos experiencia con este tipo de incidentes: el gel para manos que adorna la entrada de numerosos restaurantes y establecimientos públicos es herencia de aquellos días de abril de 2009 cuando por algunos días el país quedó paralizado para detener la expansión de este virus.

Es muy temprano para saber el destino del 2019-nCoV y su impacto en los humanos, pero desde la epidemia de 2009 y otras anteriores como el Síndrome Respiratorio Agudo Grave (Sars) de 2002, científicos y médicos cuentan con herramientas tecnológicas que permiten identificar y contener este virus para conocer con más detalle el enemigo que hoy enfrentan.

Pero antes, un poco de virología…
A diferencia de los seres vivos (desde bacterias hasta el hombre), los virus son paquetes de material genético que al entrar en contacto con una célula inyectan dicho material genético, alterando el funcionamiento del huésped. Como resultado la célula infectada se dedica a reproducir más virus y liberarlos sin cesar hasta que la célula muere agotada. El reto con las infecciones virales radica en que poseen una enorme capacidad para mutar y no pueden ser eliminados salvo por complejos medicamentos antivirales o vacunas que “adiestran” al cuerpo para defenderse de la infección.

Afortunadamente, los humanos llevamos más de un siglo aprendiendo y descifrando el funcionamiento de los virus desde la década de 1890 cuando el ruso Dimitri Ivanovsky aisló virus que infectaban una planta de tabaco. Inventos como el microscopio electrónico en la década de 1930 y el conocimiento del genoma de los seres vivos por James Watson y Francis Crick veinte años más tarde permiten a gobiernos y organismos mundiales de salud tener suficiente información que la ayudado a monitorear y controlar la expansión de virus como el VIH y el Ébola.
He aquí algunas de las tecnologías que se están usando para combatir al 2019-nCoV.

Servicio de almacenamiento de datos
Una de las mejores herramientas que los virólogos tienen para compartir información fue desarrollada inicialmente para programadores computacionales. En 2007, un grupo de programadores crearon GitHub, una plataforma para guardar y compartir piezas de código computacional usada hoy por más de 40 millones de personas en todo el mundo. Su éxito ha sido tal que virólogos hoy lo usan para compartir información genética del 2019-nCoV, acelerando los procesos de análisis para conocer su funcionamiento y mecanismo de transmisión. Otros servicios como bioRxiv sirven como repositorios de trabajos académicos preliminares sobre este y otros virus que pueden ser revisados y comentados por colegas e incluso usados como referencia para quienes se encuentran en las trincheras de combate a la enfermedad.

Foros virtuales de especialistas
Los laboratorios de análisis sobre epidemias suelen encontrarse en grandes ciudades como Atlanta en Estados Unidos (sede de los Centers for Disease Control and Prevention) o la Ciudad de México donde se halla el Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos (InDRE), mientras que las infecciones pueden suceder en zonas lejanas, bajo situaciones de inseguridad o en cuarentena, como sucede con la ciudad china de Wuhan donde se presentaron los primeros casos de 2019-nCoV. En estos casos, foros digitales como FluTrackers reúnen expertos médicos, voluntarios y periodistas especializados para intercambiar datos que permitan seguir en tiempo real el movimiento de la infección.

Mapas interactivos
Desde tiempos inmemoriales las epidemias han generado oleadas de desinformación. En la Edad Media la epidemia de peste negra que mató a millones de personas en Asia y Europa fue atribuida a castigos divinos, una inusual conjunción astronómica de Saturno, Marte, Júpiter, así como las conjuras de extranjeros y practicantes de otras religiones. Para combatir la propagación de noticias sin fundamento la universidad Johns Hopkins creó un mapa que muestra los casos de 2019-nCoV basados en rigurosa información médica confirmada. Por otro lado, grupos de voluntarios han creado perfiles en redes sociales como Twitter donde agregan información de medios acreditados que sirven para contrarrestar en la medida de lo posible rumores y noticias falsas que pudieran crear pánico e incluso violencia.

Termómetros infrarrojos
Una imagen recurrente en la cobertura de la crisis de 2019-nCoV en medios ha sido un dispositivo con apariencia de pistola de rayos apuntando hacia filas y grupos de personas. Uno de los pocos síntomas de la infección con este virus que puede detectado en forma remota es la fiebre, por lo que el uso de termómetros infrarrojos se ha convertido en una medida adoptada para el monitoreo en aeropuertos, estaciones de tren y de autobuses. Estos termómetros funcionan por medio de un sensor llamado termopila que convierte el calor percibido en corriente eléctrica. Podría pensarse que es un invento reciente, pero, de hecho, los primeros termómetros de este tipo fueron diseñados en respuesta al hundimiento del Titanic en 1912 y desde la década de 1970 existen aparatos portátiles y que serán la primera línea de detección de potenciales infectados con 2019-nCoV.

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