Femi Akinrebiyo*

Washington, D C., 22 de julio de 2023.- Al cabo de 30 años, la población mundial se aproximará a 9,700 millones de habitantes, dos tercios de las personas vivirán en zonas urbanas densamente pobladas y el planeta se enfrentará a un auge de la construcción sin precedentes. Para construir viviendas, hospitales, escuelas, oficinas, carreteras y un sinnúmero de otras instalaciones se necesitará una cantidad histórica de cemento, acero, vidrio y plásticos. Las industrias que fabrican estos materiales de construcción esenciales ya generan un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero. Ante estas proyecciones de la demanda, la única manera de garantizar un futuro sostenible —particularmente en las economías emergentes donde se producirá el 90% de la expansión urbana— es a través de una colaboración deliberada entre las empresas, los Gobiernos y los prestamistas para descarbonizar la industria pesada.

Sin embargo, la descarbonización de la industria de la construcción será difícil. Entre ahora y 2050, se proyecta que la demanda mundial de acero aumentará un 30% y la de cemento entre un 12% y un 23% (PDF, en inglés). En la fabricación de estos materiales de construcción esenciales se requieren temperaturas extremadamente altas y, por lo tanto, grandes cantidades de combustibles fósiles. Para fabricar acero virgen, el primer paso es romper la unión química entre el hierro y el oxígeno en un alto horno a una temperatura de 1000° C o mayor. Para producir cemento, la caliza debe calentarse en un horno a alrededor de 1300° C. En la actualidad, la principal manera de alcanzar estas temperaturas extremas es quemando combustibles fósiles —sobre todo, carbón—, que emiten grandes cantidades de dióxido de carbono. Una cantidad mayor de CO2 se libera más adelante en los ciclos de producción del acero y el cemento a través de las emisiones originadas en el proceso, que son el resultado de reacciones químicas en la fabricación.

Dadas estas condiciones, es primordial que las economías hoy en día respalden el crecimiento y la competitividad de los fabricantes que dan prioridad a la sostenibilidad ambiental, implementen procesos circulares, pongan en práctica la responsabilidad social y la buena gobernanza, e inviertan en la investigación y el desarrollo necesarios para transformar sus industrias en motores verdes para el desarrollo. Las empresas y los inversionistas manufactureros están considerando tecnologías innovadoras como los combustibles renovables, el curado del carbono y la captura y el almacenamiento de carbono como vías para descarbonizar las emisiones. El despliegue a gran escala de estas soluciones de vanguardia requerirá grandes inversiones de capital en condiciones comerciales atractivas. Las tecnologías que aún se encuentran en sus etapas iniciales deberán lograr una mayor aceptación. Los procesos circulares, por ejemplo, podrían ayudar a descarbonizar aproximadamente el 80% de las emisiones totales de cemento y hormigón para 2050, según un reciente informe de McKinsey. También serán necesarias actividades de investigación y desarrollo adicionales para ayudar a la industria pesada a descarbonizarse, junto con ecosistemas de apoyo. Si se cumplen estas condiciones, sin embargo, el impacto podría ser enorme.

Diversas estrategias pueden ayudar a impulsar el cambio entre las empresas, sus clientes y los inversionistas. Los Gobiernos y otras partes interesadas, incluida la Corporación Financiera Internacional (IFC), trabajan con el sector privado en una serie de estrategias de este tipo para ayudar a los fabricantes de las industrias pesadas a lograr una producción más verde y también a obtener ahorros financieros y una ventaja competitiva. Este año, IFC proporcionó EUR 120 millones a Sococim, la principal fábrica de cemento de Senegal, para modernizar sus instalaciones y convertirse en uno de los fabricantes de cemento con menor nivel de emisiones del mundo. Esto también acelerará la creación de empleo y el desarrollo en África occidental, donde el crecimiento demográfico, la urbanización y la demanda de nueva infraestructura están en auge.

Las mejoras de Sococim son un paso en la dirección correcta. Pero se necesitará mucho más para hacer frente a los desafíos. Se deben producir cambios sistémicos de una magnitud nunca vista para que el sector de materiales de construcción se encamine y logre cero emisiones netas de aquí a 2050. Según la Agencia Internacional de Energía, la intensidad directa de CO2 de la producción de cemento aumentó alrededor de un 1.5% anual entre 2015 y 2021, pero tendrá que disminuir un 3% cada año hasta 2030 para alcanzar cero emisiones netas. Lo mismo sucede con los fabricantes de acero, que han logrado algunos avances, pero estos no son suficientes. En nuestra última nota de sostenibilidad sobre la descarbonización de las industrias pesadas se exponen muchos de los desafíos y las posibles rutas para lograr una descarbonización exitosa.

Los Gobiernos pueden impulsar la innovación ofreciendo exenciones fiscales y subsidios para compensar los costos y riesgos de la descarbonización, y concibiendo regulaciones equilibradas, estándares de energía limpia e inversiones público-privadas en infraestructura que respalden la reutilización y el reciclaje. La colaboración entre fabricantes locales, marcas mundiales y socios de la cadena de valor también está comenzando a rendir frutos y generar iniciativas de descarbonización que marcan una diferencia apreciable. Una de esas iniciativas es el Programa Mundial de Financiamiento para Proveedores en el Comercio —una alianza entre proveedores locales, marcas mundiales, bancos e IFC— que utiliza financiamiento de incentivo para lograr que las cadenas de suministro sean más respetuosas con el medio ambiente y establecer normas y certificaciones para institucionalizar prácticas que tienen en cuenta el clima y entornos laborales justos. A largo plazo, la descarbonización puede mejorar las eficiencias operativas y aumentar la reputación de las marcas, ya que los consumidores y los directorios insisten cada vez más en optar por productos más limpios y ecológicos.

A medida que las economías emergentes de hoy se tornan más urbanas, industrializadas, ricas y populosas, existe una enorme oportunidad de ayudarlas a hacer la transición hacia un futuro con una producción más verde sin infligir el tipo de daño ambiental y climático que hemos visto en el pasado.

* Gerente, Manufacturas Mundiales y Financiamiento para Proveedores en el Comercio, IFC

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