Ciudad de México, 1 de junio de 2019.- Las técnicas de edición genética, entre las que se encuentra el método Crispr-Cas, han surgido como una alternativa para volver más resistentes a los cultivos sin la necesidad de recurrir a la creación de organismos transgénicos; sin embargo, esta técnica en México aún permanece en los laboratorios por falta de una regulación apropiada en la materia.

En el artículo titulado “Nuevas tecnologías de fitomejoramiento para la seguridad alimentaria”, publicado en la revista Science, los investigadores explican que los avances recientes en la edición del genoma permiten que la alteración de los genes mejore los rasgos en los cultivos sin transferir transgenes a través de los límites de las especies.

Las técnicas de mejora genética mediante la edición del genoma, como el Crispr-Cas, podrían contribuir a que la agricultura fuera más productiva y respetuosa con el medio ambiente debido a que éstas eliminan el peligro de polinizar a otros cultivos y contaminarlos, un peligro que ha sido muy criticado en la técnica de los transgénicos.

Carlos Alberto González, encargado de la Unidad de Transformación Genética y Cultivo de Tejidos Vegetales de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam), comentó que la transformación por bombardeo (también mal llamada biobalística) que transfiere genes directamente en una célula para crear organismos transgénicos puede ser tan aleatoria como diferente entre cada organismo, mientras que el sistema de Crispr-Cas va tan dirigido que es altamente seguro.

“Una cosa es un organismo cisgénico (genéticamente modificado) y otra un organismo transgénico. Un modelo cisgénico es cuando se hace una edición genómica para silenciar ciertas proteínas o sobre expresar ciertas proteínas o abrir vías dentro de su misma ruta metabólica (como el Crispr-Cas), mientras que un organismo transgénico es tomar material genómico de muchos organismos e incorporarlos a una planta, que prospera porque la hacemos resistente con armaduras genómicas de otros organismos, pero puede contaminarlos”.

Sin embargo, el investigador aclaró que a la fecha esta técnica sólo se queda a nivel de laboratorio y mucho de esto se debe a la normativa mexicana respecto de esta biotecnología, lo cual parte de un problema de definiciones al no tener clara la nomenclatura científica.

“Se tienen muchos proyectos incubados, pero no desarrollados, justamente por la tergiversación de la información que tiene la gente sobre lo que es un transgénico y un organismo genéticamente modificado. En México no tenemos una nomenclatura clara (al respecto)”.

Por ello, González recomendó que antes de permitirle a todos empezar a modificar organismos a su antojo es necesario tener claros los conceptos e iniciar con planes piloto que no involucren el desarrollo de transgénicos que puedan afectar cultivos principales, pero sí proyectos alternativos, como simbiosis o mutualismos, en los cuales las interacciones biológicas se dan entre individuos de diferentes especies, para mejorar su aptitud biológica y con organismos bacterianos u hongos que permitan mayor rendimiento en campo.

“No necesitas hacer tantos transgénicos para tener rendimientos adecuados a nivel de alimentación. Si en México se establecieran los criterios correctos para evitar contaminaciones genómicas entre especies, migraciones genómicas entre especies o simplemente proliferación genómica de ciertas especies en el ambiente, otra cosa sería”, concluyó.

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