Toro relajado

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María de Lourdes [1] interpretaba íntegra la canción de Felipe Bermejo [2] “Toro Relajo”, creación ya con una amplia cauda de intérpretes [3], unas con más, otras con menos fortuna, con más fama que calidad y alarde de recursos vocales innecesarios ya implícitos en la naturaleza de la canción, ―Incluso, el grado de dificultad de esta canción lo patentizan los graves errores instrumentales exhibidos en algunas de las versiones escuchadas―, otras omiten la parte central de la obra de don Felipe quizá para evitarle aquella identificación con la misógina “implícita” en la canción mexicana, que, en este caso, con el tratamiento dado a la figura paródica y por el comparativo expuesto en su parte central la aleja de la grotesca generalización del menosprecio a la mujer y presenta de manera simpática la individualización de un toro trapeado ante la mirada de una “chatita”, de una “prieta chula”, de una “chiquita” ― y éste es un ángulo no explorado en los estudios del contenido y significado del cancionero “mexicano” [4]―, el maestro Bermejo representa la temática con el lenguaje en boga, no obstante, éste toma distancia al dar un comparativo poco común ―o nada común― en el segundo cuadro de su tríptico con el contraste que sirve para enfatizar la diferencia de ésta (“la única”, la electa), con respecto a las demás mujeres.

Así, las dos escenas extremas narran una situación aparentemente inocua y guasona, posteriormente, ya en la calma, quedan las interrogantes: ¿Quién es el “Toro Relajo”? ¿Este pasaje alude a un momento en la vida de un bovino o es una cobertura engañosa? ¿Son la burla a los esfuerzos burdos propios del “otro yo”, del “macho” inmoderado en su vitalidad, inquieto y finalmente domeñado, motivo para que, la mayoría de las versiones correspondan a voz de mujer? Si así fuera la idea original de la canción en dos direcciones del mensaje ―1ª y 3ª con énfasis para “ella” y, 2ª para un “yo” interno― ¿cumplen la función de catarsis a través de la audición en dos sentidos?

Por mientras, ahí está la versión de María de Lourdes que, a juicio personal, cumple con las exigencias para una adecuada interpretación, que espero, sea la misma que a usted le llena el oído.

¡Apa! [5] que ahí viene un toro,
es “El relajo”,
escóndete tras las trancas chatita
que viene bravo
y aviéntame tu rebozo, mi vida,
pa’capotearlo.

Toro, toro, toro,
entra de largo,
que mi prieta chula, torito,
me está mirando.

Toro, toro, toro,
toro Relajo,
ya te estoy quitando, torito,
lo alebrestado.

Toro, tú te pareces a las mujeres
que cuando se vuelven broncas, torito,
a nadie quieren,
y haciéndose “moscas muertas”, torito,
traidoras muerden.

(Toro, toro, toro…)

Ya van a abrir las trancas
de su chiquero
que ya le quité a este toro, mi vida,
lo mitotero,
y ahí va como corderito, chiquita,
a su potrero.

(Toro, toro, toro…)


[1] María de Lourdes Pérez López. (Ciudad de México, 30 de diciembre de 1939-Amsterdam, Países Bajos, 6 de noviembre de 1997), así, próximamente, serán veintiún años del fallecimiento de la bella “Embajadora de la Canción Mexicana”.
[2] Felipe Bermejo Araujo (Ciudad de México, 12 de noviembre de 1901-27de septiembre de 1989). Prolífico y polifacético compositor, integrante del dueto Villanueva Bermejo, del Trio Acapulco, el Cuarteto Metropolitano, el Cuadro Mexicano y Los Fronterizos. Entre sus composiciones quedan: Rancho alegre, Corrido de Chihuahua (coautoría con don Pedro de Lille), El oso carpintero, Mi tierra mexicana (coautoría con don Alfonso Esparza Oteo), Al morir la tarde… (Olor a yerba quemada, / olor a establo y a pino, / animales que descansan / y algarabía en el camino. // Una campana que tañe, / un horizonte de fuego, / el ave que llega al nido / eleva al cielo su ruego. // Tras la montaña lejana, la luna acecha curiosa / y mientras muere la tarde, / la luz se enciende en la choza. // La campiña languidece, / se va envolviendo en la calma / y el viento ya se adormece / tranquilizando las almas. // Las voces del día se escuchan, / que van muy lejos, muy lejos, / cual los amores pasados / que siempre nos dejan ecos. / / Y así se muere la tarde, / como se van nuestras vidas, / se va envolviendo en las sombras, / hasta que queda perdida.)
[3] Matilde Sánchez “La torcacita”, Miguel Aceves Mejía…, algunas otras versiones más o menos contemporáneas: Olivia Morales, Francia Ayon, Norma Riverol, Beatriz Delgado, Tiffany Galaviz, Priscila Robles, Selena, Linda Ronstadt, Rosy Arango, Virginia Zazueta, Dolly Damara, Cecilia Gallardo, Sandra Guevara, Miranda Rich… de tipo escolar, de expresión doméstica… ―disponibles en youtube.com―.
[4] En este caso, resulta altamente recomendable el trabajo de Anna María Fernández Poncela, “Pero vas a estar muy triste y así te vas a quedar”, Colección Divulgación. Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2002.
[5] La versión original empleaba la interjección de extrañeza ¡Apa! a la cual, fuentes poco claras, le otorgan orígenes extraídos a lenguas vernáculas; ante las divergencias irreconciliables falta confirmar su procedencia. La mayoría de las versiones para “Toro Relajo” cambian el inicio aplicándole el vocablo ¡Aguas! que todo habitante de las poblaciones medianas y mayores saben correctamente su origen que queda muy alejado de las voces del campo. Para no dejar dudas, quede que, los sirvientes de las casonas, ante la falta de un sistema colector de aguas de desperdicio, arrojaban el contenido de los bacines empleados durante la noche, a la vía pública. Así, para no mojar con los orines al paseante, le anticipaban con el aviso de ¡aguas! Finalmente, ¡el que avisa no es traidor!

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