La figura fragmentada

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“Los grupos nahuas posteriores a Teotihuacan, al no saber quiénes habían construido la antigua ciudad, la atribuyeron a los dioses, e incluso, en ella ubicaron uno de sus mitos principales: aquel que habla del nacimiento del Quinto Sol, el Sol del hombre nahua…”.[1] “Hacia 1325, cuando los mexicas llegaron a la cuenca de México estableciendo su capital México-Tenochtitlan, la gran ciudad de Teotihuacan, que representaba el mundo clásico mesoamericano, tenía varios siglos de haberse abandonado, por lo que los aztecas la vieron en ruinas. Fueron ellos quienes le dieron el nombre que actualmente lleva; significa: ‘lugar donde los hombres se convierten en dioses’. También fueron los aztecas quienes bautizaron a los dos grandes monumentos con los nombres de pirámides del Sol y de la Luna, así mismo fueron ellos quienes dieron el nombre de Miccaotli o Calle de los Muertos a su gran avenida.”[2]

Teotihuacán albergaba 200,000 habitantes en promedio (85,000 en una dimensión mínima en el siglo V d. C.) es una zona de bosques de encinos (pino 10,000-4,000 a.C.), matorrales de encino, matorral xerófilo (nopal y pastizales adaptados a la aridez y elevación [2240-2350 msnm]) en sus planicies. Punto crucial para la “adquisición de energía” en el equinoccio de primavera, Teotihuacán es un misterio en suma tras cada hallazgo, después de la reconstrucción minuciosa de sus espacios y edificios, con esta actividad sustentada en la visión histórica-científica, germina un listado de nuevas interrogantes. No hay certeza de si una rápida modificación en las condiciones climáticas propició el abandono del amplio espacio. Las áreas agrícolas circundantes de la traza urbana cedieron a la ampliación del conjunto urbano con la finalidad de obtener espacio ante la expansión derivada a las complejas funciones sociales, económicas y religiosas ahí desarrolladas y ante la demanda de los servicios asociados ante ello. De esa complejidad, de ese bullicio de dudas: “Los visitantes sólo ven las ruinas más espectaculares y ni siquiera sospechan la existencia de otras estructuras, que se cuentan por miles.”[3]

Aquí nací y fui detrás de los antiguos para ser un dios
entre las divinidades que velan la ciudad desde los cerros erigidos
para su sitial;

piedra al lado de la piedra, piedra sobre piedra
sede del sol dorado;

piedra al lado de la piedra, piedra sobre piedra
taburete para la luna plateada,

piedra al lado de la piedra, piedra sobre piedra
trazan el sendero de las hermanas nocturnas;

flor de cuatro pétalos,
(mariposas, tigres, búhos, flores)
maíz y agua, viento y lluvia.

“Teotihuacan fue la metrópoli prehispánica más grande de Mesoamérica y una de las ciudades más complejas del Nuevo Mundo, además de un gran cetro religioso y de peregrinación, una suerte de imán para los pobladores de todas partes de Mesoamérica…Su posición geográfica y sus condiciones naturales privilegiadas impulsaron su desarrollo, ya que contó con abundantes manantiales y fértiles terrenos que llevó a sus habitantes a desarrollar una intensa agricultura de riego; complementando su patrón de subsistencia con recursos obtenidos del sistema lacustre de Texcoco, además de haberse situado en la ruta de acceso que comunicaba a la Cuenca de México con las poblaciones de la Costa del Golfo. A todo ello se sumó la existencia de ricos yacimientos de obsidiana, ubicados en las regiones cercanas de Pachuca y Ozumba.”[4]

“Por toda Mesoamérica se han encontrado objetos importados de Teotihuacan o de fabricación local aunque de estilo teotihuacano. Tenemos pruebas de que individuos relacionados con Teotihuacan, si no es que teotihuacanos, intervinieron en la política de grandes centros mayas como Tikal, Copán, Kaminaljuyú y en sitios de las tierras bajas del Pacifico en Guatemala y Chiapas. Sin embargo, dichas evidencias varían de un lugar a otro y nuestra información aun es escasa. ¿Hasta dónde estas ‘presencias’ son la imitación de elites locales autónomas del prestigiado estilo teotihuacano; hasta dónde se trata de comercio o de conquista?…”[5]

“Por el interés de conocer cómo se operaba en las áreas de actividad y las estructuras domésticas, se inició en 1985nel estudio de un conjunto habitacional de Oztoyahualco, realizado dentro del Proyecto Interdisciplinario Antigua ciudad de Teotihuacan. Primeras fases de desarrollo urbano, en el sector noroeste del Valle de Teotihuacan ([Linda] Manzanilla, 1990). Subvencionada por la UNAM, esta investigadora continuó otros estudios en algunas cuevas, concentrados principalmente en la zona este de la Pirámide del Sol, donde obtuvo datos acerca de la ocupación subterránea correspondiente sobre todo a periodos tardíos de Teotihuacan ([Linda] Manzanilla, 1998). Y más recientemente, centró sus estudios en el conjunto de Teopancazco y más tarde en Xala. En el primero, pretendía conocer por medio de excavaciones la forma de vida de los habitantes de una casa teotihuacana que gozaban de una elevada posición social; y en cuanto al Proyecto Xala, donde participaron otros especialistas, su objetivo central fue la búsqueda de la residencia de un gobernante teotihuacano.”[6]

En el ámbito del gran conjunto teotihuacano destaca este centro: “… se sabe que Xalla[7], un espacio de alta clase, compartía un rasgo peculiar con barrios populares de la antigua ciudad como Teopancazco [‘casa de barrios’ o ‘casa del alfarero’[8]] y Oztoyahualco: las plazas trapezoidales de serpentina, objetos suntuarios que se importaban de un mismo yacimiento localizado en el actual poblado de Tehuitzingo, Puebla… en esta antigua área residencial predominan las figuras y los instrumentos rotos, ya que las piezas completas son excepcionales, un rasgo que, concluyeron, no sólo vincula con la revuelta que finalizó el ciclo de vida del palacio y de Teotihuacan en su conjunto, sino también con el hecho de que, a menudo, esos objetos, eran rotos intencionalmente o ‘matados’ con la idea de liberar las esencias supraterrenales que, creían, alojaban.”[9]

¿Xalla fue un centro de poder consejo de gobierno con cuatro co-gobernantes?[10] Representada por la flor de cuatro pétalos, Xalla, con sus 55,000 m2 sufrió la destrucción en el 570 d. C. En Xalla la estructura este posee advocación al dios de la lluvia; la norte dedicada a la fertilidad mediante la representación del dios del fuego; la del sur consagrada al dios del monte (¿dios de la minería y de la lapidaria? ¿personifica a un ser foráneo, oaxaqueño? ¿a éste corresponde la figura fragmentada?), al occidente a la dios de las aguas corrientes, de los manantiales. Al centro, “En Teotihuacan hay muchas estructuras palaciegas pero hay que demostrar que ahí están los gobernantes y Xalla puede ser uno de los puntos para dos de los cuatro cogobernantes, (Pero) para demostrar ese sistema de gobierno hay que encontrar las tumbas reales… De comprobarse la cogobernancia en Teotihuacan, nos daría una gran lección… La lección de un cogobierno es muy llamativa para el futuro de México porque somos una sociedad multiétnica, compleja y heterogénea.”[11] Más allá de la temporalidad o en favor de ella: “Los habitantes de Teotihuacan se distribuyeron en cuatro distritos; al noreste, con el jaguar como emblema; al noroeste, identificados por las aves de rapiña como el águila real; al sureste, quienes utilizaban a la serpiente; y al suroeste, que se caracterizaron por el uso de coyotes.”[12]

Y más para un intento de comprender la complejidad en la trama de hechos para la destrucción y posterior abandono de Teotihuacan: “Los restos de fauna indican que la subsistencia dependía de diversas especies de conejo y liebre, venado, perro y guajolote, que se complementaban con aves acuáticas y peces de agua dulce. Se criaban perros (que se aprovechaban para la alimentación, el ritual y la manufactura: sus huesos se convertían en instrumentos y algunas partes faciales de utilizaban en tocados), guajolotes (los huevos y la carne servían como alimento, los huesos, para hacer instrumentos, las patas en el ritual, probablemente las plumas en los atuendos) y en ocasiones conejos […]. Para la fase Xolalpan (350-550 d.C.), Starbuck sugiere que había problemas en la distribución de carne debido a la presión de la población […], aunque esto no es palpable en poblaciones de clase baja, como la Oztoyahualco… cuya dieta (como lo indica la flora y la fauna localizadas en el sitio, los restos óseos y los estudios isotrópicos) parece haber sido bastante equilibrada. Uno de los efectos del colapso de Teotihuacan (entre 500 y 600 d.C.) fue la desaparición de un sistema de abasto que aún estamos lejos de comprender a cabalidad, pero que seguramente involucraba una participación muy activa de las ‘casas’ importantes que regían la estructura administrativa de los barrios; quienes controlaban las redes del barrio eran familias de la elite intermedia.”[13]

Aunado a las tensiones internas surgidas por las diferencias de origen e intereses de los grupos en pugna, migraciones…: “Uno de los aspectos que más llaman la atención de este periodo es la evidente desaparición de las áreas agrícolas adyacentes a la ciudad, las cuales se utilizaron para construir edificios ceremoniales y residenciales, fenómeno muy parecido al actual en el caso de zonas urbanas con rápido crecimiento. Es claro que el Estado teotihuacano y la población de la ciudad tuvieron los medios adecuados para abastecerse por otras vías, como la intensificación de la producción y la importación de productos. Las actividades productivas, entre ellas la explotación de maderas locales e importadas y la extensión del área agrícola, debieron reflejarse en el paisaje. Podemos imaginar un paisaje aprovechado con cierta eficacia, en forma sustentable, de acuerdo con las posibilidades tecnológicas de la sociedad teotihuacana… Quedan muchas interrogantes sobre la transformación del paisaje en la región de Teotihuacan en relación con los procesos históricos… Son muchas las huellas del impacto humano pero nuestras investigaciones y otros estudios sugieren que son producto de tiempos más recientes, ajenos a la época teotihuacana. Como ejemplos se pueden mencionar el abandono de los sistemas agrícolas indígenas a consecuencia de la reducción demográfica durante el inicio de la Colonia y la explotación intensiva de los bosques circunvecinos, lo cual fomentó los procesos erosivos masivos en el valle.”[14]

“Poco tiempo después ocurrió la decadencia  de Teotihuacan, la parte central de la ciudad fue incendiada y con este acontecimiento vino la desintegración del mundo clásico del centro de México. Por lo tanto, al parecer en la etapa hacia la fase Metepec (ocurrida entre 650-750 d.C.), fueron pocas las construcciones que aún estaban en función, y es notoria la existencia de un estancamiento en muchos aspectos de la cultura teotihuacana. Finalmente, la ciudad fue abandonada.

“La conjunción de varios factores que todavía se discuten, provocaron la decadencia y colapso de Teotihuacan en el transcurso del siglo VI d.C. Para algunos, fue la incursión de grupos barbaros que habitaban la frontera norte de la cuenca de México; otros plantean las causas agrícolas y la deforestación de los bosque circundantes a Teotihuacan (Mooser 1968:31); se propone el cierre de la red de abastecimiento para bloquear las rutas de intercambio con la ciudad de Teotihuacan (Chadwick, 1966:2) Del mismo modo, Millon considera que algunas de las causas del fin de Teotihuacan fueron el deterioro de las redes de intercambio, la mala administración de la economía y la política, y la existencia de una burocracia ineficiente e incompetente.”[15]

“El final de Teotihuacan fue ‘candente y catastrófico’, según palabras de René Millon en su clásico estudio sobre los últimos años de esta civilización. La metrópoli pereció bajo las llamas y nunca más logro resurgir de sus cenizas. No se trató, sin embargo, de un fatídico incendio urbano que se extendió de manera incontrolada, consumiendo a su paso todo el asentamiento. Muy por el contrario, la catástrofe es consecuencia inequívoca de una acción grupal, premeditada y sumamente selectiva. Los blancos del ataque, hoy sabemos, se enfocaron en los palacios y los edificios administrativos de la ciudad. En Teotihuacan, las huellas de la destrucción son la expresión misma de un tremendo esfuerzo efectivo colectivo en el que, con una furia inusitada, se destrozaron, desmantelaron y quemaron los monumentos arquitectónicos que fungían como sede y símbolo del poder estatal… Los hallazgos tuvieron como marco el recientemente concluido Proyecto Xalla, producto de una colaboración entre el INAH, la UNAM y la Universidad de Harvard. El escenario de nuestras exploraciones es un conjunto monumental que se localiza 230 m al norte de la Pirámide del Sol. Entre 1999 y 2002 realizamos ahí dos temporadas de prospección y cuatro de excavación para corroborar la identificación hipotética de Xalla como una de las sedes gubernamentales de Teotihuacan. Dadas sus gigantescas dimensiones, enfocamos buena parte de nuestros esfuerzos al estudio de la Plaza Central. Todo parece indicar que éste fue el principal teatro ritual del conjunto. Dicho espacio sale completamente de la norma teotihuacana: a diferencia de las típicas plazas de tres templos, la Plaza Central de Xalla cuenta con cinco grandes construcciones religiosas que ocupan respectivamente los extremos cardinales y el centro, haciendo eco del famoso quincunce mesoamericano. Este interesante grupo arquitectónico tiene una larga historia de remodelaciones que, al parecer, comenzó en la fase Miccaotli (150-250 d.C.) y concluyó en la Xolalpan (400-550 d. C.).”… (550 d.C.)”.[16]

La repulsa a un sistema, el odio acumulado son manifestación en la figura golpeada (¿un dios, ancestro divinizado, cautivo de guerra?) y posteriormente destrozada en más de 160 fragmentos con su templo consumido por el fuego. “La destrucción parece haberse concentrado en la Plaza Central, donde registramos sin cesar artefactos de obsidiana deformados por el calor, pisos con marcas de incendio, muros caídos, terrados del techo endurecido por el fuego, viguerías carbonizadas y almenas arrancadas de sus cornisas… Nuestra escultura de mármol se halló destrozada en la cúspide del Edificio 3. Sus fragmentos estaban a varios metros de la base que la sustentaba, dispersos y sin guardar relación anatómica. Yacían directamente sobre el piso, entreverados con cenizas y pedazos de los muros, lo que indica que la destrucción de la imagen y del templo fueron simultáneas. El mármol presenta varios tipos de daños, los más significativos ocasionados por el fuego. Además, el análisis de la pieza puso en evidencia huellas de varios instrumentos en las áreas de fractura.: le fueron propinados golpes en la base del cuello y de las extremidades con el fin de fracturarla en seis segmentos corporales. Luego se trozaron las orejas y se asestaron duros golpes en la nariz y el pómulo derecho. Finalmente los segmentos fueron reducidos en más de 160 pedazos de diversas dimensiones. […] Los contextos de Xalla nos ayudan a comprender da una mejor manera la iconografía del poder teotihuacano y las acciones de quienes aniquilaron para siempre dicho poder. Las evidencias de prácticas iconoclastas, de las que hemos visto unos ejemplos, son algo más que casos aislados de agresión vandálica, entendida esta como un acto de irracional y carente de significado. Resulta claro que la desacralización de las imágenes y de los lugares en que eran veneradas formó parte de una estrategia llena de sentido. Para el Posclásico, la conquista y el sometimiento eran figurados de dos maneras correlativas: por un lado, con el guerrero contrincante asido de las mechas de la coronilla, zona donde residía el tonalli que le daba vigor y valentía, y sin el cual podía morir; por otro lado, con el templo en llamas, morada de las divinidades protectoras de la comunidad sojuzgada. En otros términos, el ofensor dirigía su ataque a aquellos lugares donde se concentraba la fuerza divina del enemigo, aterrorizando y desmoralizando así a poblaciones enteras. Estas creencias seguramente eran compartidas por las sociedades del Clásico. Quienes destruyeron la antigua Teotihuacan, aniquilaron políticamente a los hombres que regían los destinos de la urbe, al tiempo que acabaron ritualmente con la fuente del poder sobrenatural. Sin duda, la destrucción violenta de las imágenes nos habla de una ira irracional, pero la dispersión sistemática de sus fragmentos sólo puede entenderse como un acto lógico que intenta impedir por medios mágicos el resurgimiento de un poder a todas luces intolerable. Así, las imágenes utilizadas para expresar, imponer y legitimar el poder, fueron las mismas que se profanaron para afrentarlo, rechazarlo y desacralizarlo.”[17]

Aquí, en donde los dioses sufrieron en su humanidad hay muchas vidas aún por rescatar, muchos porqué y pocas certezas, desconocemos el nombre original en una sociedad múltiple, compleja y destrozada en su grandeza. La destrucción de esta estructura invalida un pasado, la derrota de un pensar en el ser individual y colectivo. Teotihuacan es un espacio plagado de dudas e incertidumbres, realidad compleja en donde el rescate de la Historia y sus historias mínimas quedan distantes al peregrino que eleva sus manos al Sol en el equinoccio de Primavera para llenar con energía su vida. El “lugar donde los hombres se convierten en dioses” aún es un cúmulo de interrogantes punzantes desde un pasado cuando la violencia ejemplificó su poder en una figura de mármol fragmentada que en sus días estuviera en el Edificio 3 de la Plaza Central del Complejo Xalla.


Referencias:
[1] Eduardo Matos Moctezuma La arqueología de Teotihuacán. Arqueología mexicana, volumen XI, número 64, Teotihuacán, páginas 28 y 29.
[2] Rubén Cabrera Castro. Teotihuacan. Diálogos con el Pasado. Recuento, página 117. Instituto Nacional de Antropología e Historia. México, D. F. 2012.
[3] George L Cowgill. Teotihuacán. Ciudad de Misterios. Arqueología Mexicana, volumen XI, número 64, página 21.
[4] Rubén Cabrera Castro. Obra citada, página 114.
[5] George L Cowgill. Teotihuacan. Ciudad de Misterios. Arqueología Mexicana, volumen XI, número 64, página 27.
[6] Rubén Cabrera Castro. Obra citada página 126.
[7] Xalla (“El Arenal” en náhuatl), pueblosoriginarios.com Visitado el 4 de septiembre del 2020.
[8] Linda Manzanilla. Teopancazco: un conjunto residencial teotihuacano. Arqueología mexicana número 64, paginas 50-53.
[9] Boletín No. 68 del INAH, 26 de febrero de 2020. Expertos del INAH esclarecen el origen de la lapidaria, las conchas y la fauna antigua del Palacio de Xalla. Dirección de Medios de Comunicación, INAH. Inah.gob.mx Visitado el 1 de junio del 2020.
[10] Linda Rosa Manzanilla Naim. Simposio “El palacio de Xalla en Teotihuacan. Una posible sede de poder”. En este simposio aportaron: Ana María Soler (Fechamientos arqueomagnéticos); Laura Beramendi (Fechamientos radiocarbónicos);  Carlos López Puértolas (Las mezclas de color de Xalla); Edgar Rosales (La mica de Xalla); Emiliano Melgar (La lapidaria de Xalla); Adrián Velázquez (La concha trabajada de Xalla); Norma Valentín (L fana del túmulo ritual E12); Berenice Jiménez (Las figurilla de Xalla); Francisca Zalaquett ((Los instrumentos musicales de Xalla).
[11] eluniversal.com.mx Xalla revela datos de cogobierno en Teotihuacan. Visitado el 4 de septiembre del 2020.
[12] Ídem.
[13] Linda Manzanilla R. Los conjuntos departamentales teotihuacanos. Arqueología mexicana, número 140, paginas 53-60. arqueologiamexicana.mx Visitado el 1 de junio del 2020.
[14] Emily McCung de Tapia, El paisaje prehispánico del Valle de Teotihuacán. Arqueología mexicana 64, página 41.
[15] Rubén Cabrera Castro. Obra citada, página 117.
[16] Leonardo López Lujan, Laura Filloy, Bárbara Fash, William L. Fash, Pilar Hernández. La destrucción del cuerpo. El cautivo de mármol de Teotihuacán, páginas 54-55. Arqueología mexicana, Volumen XI, Numero 65, Enero-Febrero 2004. Ser Humano en el México antiguo.
[17] Leonardo López Lujan… Ídem página 59.

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