Entonces

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… en los campos abandonados las lluvias levantarán el aroma a tierra húmeda de renovación… en las noches de tormenta destellante, cuando los monstruos acechan bajo la cama, las lágrimas redibujarán un rostro desapacible… en el tremedal ya no surgirá el borboteo lodoso velado con hojas en pudrición reprimida, sin pestilencia… en la soledad, abatido por las mismas ausencias, la nada será un flujo sin rumor… quizás el dolor resulte fútil cuando el verbo yazga inerte, la danza perderá el paso y escultura su profundidad… y no más el rechazo, huera será la aceptación; ruina la tuya, escombros lo mío… será mescolanza la idea de allá, acá, aquí.

―oOo―

Miles de sombras vibrantes en un rayo de luna ― tono de bajo continuo, color azul cobalto―, murmullo de luciérnagas, llamado de cucú y canto de viento entre las erguidas melenas del maizal que difumina, en el rostro de la laguna, la figura invertida del conejo; ahí zumban los mosquitos aturdidos por el aroma del limo, de los frutos en la huerta y la majada. Un higo revienta en rojo carmesí y en la orilla un chaneque crea su canción de amor para una rana roja de cristal.

―oOo―

Entraña impulsada por el vigor interno que elevado reta a las lluvias, el viento cenizo transforma el lugar arrugado de los grandes peñascos hasta velar las estrellas, hervor cuesta abajo, vigor de la Naturaleza transformado en dios, en leyenda: sangre hirviente vomitada bajo la hornacina del sol.

―oOo―

El águila es el Sol y el fuego su danza;
el Sol es el fuego en el que danza el águila;
el fuego es la danza de un “águila o sol”;
danza el águila con el sol y el fuego
es mariposa/muerte, ritmo,
ritmo: mariposa/muerte.

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