Latinos siguen siendo primordiales en el pasatiempo nacional de Estados Unidos

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Washington, D. C., 27 de septiembre de 2021.- El béisbol formó gran parte de la infancia de Thomas Jiménez cuando crecía en Santa Fe, la capital de Nuevo México.

Desde que cursó el tercer grado hasta el séptimo, Jiménez, que actualmente tiene 33 años y es un trabajador sanitario, jugó en las posiciones de campo corto y jardinero central, primero para el equipo Santa Fe Timberwolves y después para Nava Thunderbirds. Los equipos se formaban con muchachos locales procedentes de vecindarios de clase trabajadora dirigidos por entrenadores voluntarios. Los jugadores compartían el amor por ese deporte. Los seguidores de los equipos, que eran los padres, amigos y familiares, eran particularmente entusiastas. Una práctica solía atraer a espectadores dispuestos a festejar y presenciar algo de béisbol.

“Realmente estábamos metidos en eso”, expresó Jiménez, cuya familia tiene antepasados de México. “Me parece que es algo muy normal”.

Las experiencias de Jiménez son representativas. !Pleibol¡ En los barrios y las grandes ligas, una exposición especial del Instituto Smithsoniano en el Museo Nacional de Historia de Estados Unidos muestra que la pasión y el talento de la comunidad latina por el pasatiempo nacional de Estados Unidos ha tenido un impacto duradero en la sociedad y la cultura. La exposición presenta muchos artefactos, grabaciones de cantos en los estadios y relatos de los pioneros que cambiaron el juego para siempre.

“En realidad uno no puede pensar o hablar sobre béisbol sin mencionar a los latinos”, dice Margaret Salazar-Porzio, curadora en el Instituto Smithsoniano que comenzó a trabajar en la exposición en octubre de 2015. “Ellos han tenido una influencia importante en este deporte hasta ahora”.

Aproximadamente, el 30% de los jugadores de las Grandes Ligas de Béisbol (MLB) son de familias con profundos lazos en México, América Central, América del Sur o los países de habla hispana del Caribe, explica. Fue importante para el museo destacar a estrellas hispanas como Roberto Clemente, un excepcional jugador que surgió de los campos de béisbol en Puerto Rico, un territorio de Estados Unidos, hasta convertirse en uno de los más grandes jugadores de este deporte. Desafortunadamente, perdió la vida en un accidente aéreo meses después de batear su imparable número 3,000. El avión, que era alquilado, iba en una misión para entregar suministros que Clemente había reunido personalmente para las víctimas de un devastador terremoto en Nicaragua.

Sin embargo, los relatos de otros menos famosos como Marge Villa son de igual importancia. Villa fue una de solo 11 latinas seleccionadas para jugar en la All-American Girls Professional Baseball League (Liga Profesional de Estrellas Femeninas de Béisbol), la primera y única liga de ese tipo para mujeres. Fue establecida durante la Segunda Guerra Mundial cuando muchos hombres prestaban servicio en las fuerzas armadas.

La exposición del Instituto Smithsoniano se adentra en relatos de Kansas City (Kansas), en los primeros años después de la guerra, cuando a los latinos, hombres que habían combatido por su país, no se les permitía jugar en las ligas que eran solo para blancos. Por ello, formaron su propia liga, que actualmente existe, afirma Salazar.

El amor que estos latinos y latinas sienten por el béisbol es compartido por millones de peloteros aficionados latinoamericanos. “Muchas de las maneras con que formábamos una comunidad cuando crecíamos siendo niños tenía que ver con el campo de béisbol”, expresa Salazar, que creció como aficionada del equipo Los Angeles Dodgers, o “Los Doyers”, como muchas personas nativas de habla hispana llaman afectuosamente al equipo.

En ocasión de los juegos se hacen parrilladas y días de campo para encontrarse con los amigos. Los aficionados hacen sonar las campanillas de vaca como se hace en Cuba y le pegan a las “bombas”, que son pequeños tambores de Puerto Rico. “¿Qué es lo primero que uno come durante un juego de pelota?”, pregunta Salazar con una sonrisa. “¡Nachos!”.

En el campo, el mismo juego está cambiando a medida que más y más latinos como Francisco Lindor y Javier Báez alcanzan un nivel muy sobresaliente y aportan nuevas perspectivas.

“Si uno piensa en cómo ha sido el juego a través de los años, podrá ver que había un enfoque muy, muy serio”, dice Darian Martyniuk, un seguidor del equipo Chicago Cubs que lleva a estadounidenses en viajes por América Latina para ver juegos de béisbol locales. Los jugadores de las generaciones pasadas no mostraban mucha emoción cuando conectaban un jonrón o cuando hacían un lanzamiento extraordinario. Eso está cambiando a medida que el deporte se diversifica. “En la actualidad los jugadores celebran esas jugadas. Saltan de alegría. Celebran. Le ponen mucho sentimiento al juego. Están haciendo su esfuerzo, ¿entonces por qué no disfrutar sus logros?”.

En cuanto a Jiménez, no ha jugado al béisbol en años, pero eso no le impide apoyar a su equipo predilecto, los yankees. “Hubo un tiempo en que no había nada que me pudiera impedir el jugar”, expresó al reflexionar sobre el pasado. “Tantos momentos que son mis favoritos”.

El autor de este artículo es el redactor independiente Tim Neville.

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