Utilizan terapia contra el poliovirus para combatir el cáncer cerebral

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Una innovadora terapia contra el poliovirus desarrollada en el Instituto Duke del Cáncer, en la Universidad de Duke, muestra una significativa mejoría en las tasas de supervivencia entre los pacientes con glioblastoma recurrente, un tipo de un cáncer agresivo que se puede presentar en el cerebro o la médula espinal.

Sesenta y un pacientes recibieron tratamiento con poliovirus genéticamente modificado entre mayo de 2012 y mayo de 2017. Veintiún por ciento de los pacientes estaban con vida después de tres años, una cifra muy superior a la tasa de supervivencia de apenas cuatro por ciento de los que recibían un tratamiento convencional.

“He estado realizando investigaciones sobre los tumores cerebrales durante 50 años y nunca he visto resultados tan buenos como estos en los ensayos clínicos”, dice Darell Bigner, director emérito del centro The Preston Robert Tisch para tumores cerebrales del Instituto Duke del Cáncer, en Carolina del Norte.

Los ensayos recientes se atribuyen a la investigación que comenzó hace 25 años en el laboratorio del doctor Matthias Gromeier, profesor de neurocirugía en el Centro Médico de Duke.

Gromeier y su equipo descubrieron que el receptor CD155 del poliovirus está presente casi de manera universal en las células cancerosas, un hallazgo que significa que las células tumorales de la mayoría de los cánceres pueden ser infectadas con el poliovirus, dañando las células y, posiblemente, destruyéndolas. Gromeier modificó el virus de modo que sólo pueda reproducirse en las células cancerosas, lo que garantiza que la terapia no provoque parálisis o la muerte a causa de la poliomielitis.

“Uno de los atractivos del receptor del poliovirus es que aparece prácticamente en cualquier cáncer sólido (próstata, hígado, páncreas, pulmones) y los mecanismos que creemos que dan resultado aplican a todos estos tumores”, explica Gromeier. Duke ya está trabajando en pruebas para el tratamiento de otros cánceres.

Los pacientes ven resultados positivos
En agosto pasado, Michael Niewinski, de 33 años de edad, viajó a Durham, Carolina del Norte, para recibir el tratamiento con el poliovirus. Niewinski fue diagnosticado con un tumor cerebral de grado II en 2011, pero seis años más tarde su tumor llegó a ser un glioblastoma de grado IV.

El diagnóstico, aunque sombrío, lo hizo elegible para el ensayo clínico de Duke.

“Mucha gente me ha preguntado: ‘¿Cómo te sentiste al saber que esto podría salvarte la vida?’ Pero ya sabía que iba a salvarme la vida. No pensé ni por un instante que iba a morirme”, expresa Niewinski.

Cinco meses después del tratamiento, un escaneo cerebral mostró una reducción del tamaño del tumor y un escaneo reciente indicó otras mejorías. Niewinski se siente optimista con los resultados.

“La lucha contra el cáncer no es ninguna broma. He recibido mucha ayuda durante este proceso y me parece que tal vez esta es mi oportunidad de retribuir”, señala Niewinski.

El tratamiento con el poliovirus administrado a Niewinski obtuvo una “designación de terapia innovadora” por parte de la Administración de Estados Unidos para Alimentos y Fármacos (FDA), que acelera el proceso de aprobación del fármaco experimental para uso clínico generalizado.

Bigner está en negociaciones con la FDA y considera que el proceso de aprobación puede “ser tan solo de dos años”.

Próximos pasos
Los investigadores de la Universidad de Duke darán tratamiento en un próximo ensayo clínico a un cáncer triple de seno y melanoma. El ensayo también comenzará a utilizar un nuevo tipo de agentes denominados “inhibidores de entrada”, que superan una de las principales defensas del cáncer contra un ataque del sistema inmunológico.

“En uno de nuestros próximos ensayos combinaremos los inhibidores de entrada con el virus. Tenemos la esperanza de poder aumentar el porcentaje de supervivencia hasta en un 50 por ciento”, explica Bigner.

“Cada ensayo clínico es apenas un paso hacia el próximo y hacia la siguiente estrategia. Durante los últimos 20 años hemos trabajado en esto en el laboratorio, y de hecho la ciencia del laboratorio correlaciona lo que hemos visto en el paciente. Eso me entusiasma”, dice Gromeier.

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