Alfa Omega: Llegó la hora decisiva: Cambio o continuidad

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Jorge Herrera Valenzuela
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Ciudad de México, 1 de junio de 2024.- Bicentenario de la primera elección presidencial, de la promulgación de la Constitución Política y de la toma de posesión del presidente de los Estados Unidos Mexicanos. Todo en octubre.

Coincidencia histórica, el 1 de octubre asumirá la Presidencia de la República, una mujer que está rebasando los 60 años de edad. El 10 de octubre de 1824, fue Guadalupe Victoria, de 38 años y bautizado como José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix.

Miles de aspirantes
Buscan despachar en Palacio Nacional, Claudia Sheinbaum Pardo y Bertha Xóchitl Gálvez Ruiz. Hay un tercero de apellidos Álvarez Máynez, postulado como contrapeso para la oposición.

Decenas de mujeres y de hombres están apuntados para gobernar en los Estados de Chiapas, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Puebla, Tabasco, Veracruz y Yucatán. En la Ciudad de México contienden dos hombres y una mujer por la Jefatura de Gobierno. Clara Marina Brugada Molina, Santiago Taboada Cortina y Salomón Chertorivski Woldenberg.

Muchos y muchas pretenden ser alcaldes en Álvaro Obregón, Azcapotzalco, Benito Juárez, Coyoacán, Cuajimalpa, Cuauhtémoc, Gustavo A. Madero, Magdalena Contreras, Miguel Hidalgo, Iztacalco, Iztapalapa, Tláhuac, Tlalpan, Xochimilco y Venustiano Carranza. También en la Capital serán electos 204 concejales. En treinta entidades serán electos presidentes municipales, regidores y síndicos. Están en juego más 20,000 cargos. La cifra más grande en un proceso electoral de la Historia Mexicana.

En el Siglo XIX, en 1851, hubo ¡15 candidatos! a la Presidencia de la República. Ganó el potosino Mariano Arista. Otro aspecto trascendente es el número de personas que intervendrán en las 170,858 Casillas Electorales, después de recibir capacitación para ejercer como presidente con dos secretarios y tres escrutadores. Se nombras tres suplentes generales. Nadie es obligado a ocupar el cargo, no hay honorarios y sí servicio de alimentos.

También ahí estarán en las casillas los representantes de los siete partidos políticos, los personeros de los candidatos y los observadores nacionales y acreditados. El gremio periodístico, impreso, radio y televisión, previo gafete de identificación, cubrirá la información. La titánica tarea está a cargo del Instituto Nacional Electoral, en la primera parte. Después será la calificación de los resultados, obtenidos en las urnas. Eso lo harán los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial Federal.

Comandante suprema
Algún día tenía que darse la elección de una mexicana para presidenta de los Estados Unidos Mexicanos y la fecha está señalada. Al rendir protesta, ante los integrantes del Congreso de la Unión y tener sobre su pecho la banda tricolor, automáticamente la presidenta es la comandante suprema de las Fuerzas Armadas. En la sesión solemne dirigirá su primer mensaje a la Nación. He ahí uno de los momentos trascendentales. Los militares, durante seis años, recibirán órdenes de una mujer, de una civil.

En la actualidad me informaron que 25,495 mujeres forman parte del Ejército Mexicano, en sus diferentes áreas. Hay 5 con el grado de tercer nivel, general brigadier. Ellas portan en su uniforme el águila con una estrella y son generalas. Es el grado más alto para la mujer.

Por supuesto, hay con el grado desde sargenta segunda hasta coronelas. ¿Les llamaran soldadas raso a las principiantes? Se tiene registro de que en 1934 se recibió a la primera mujer en la Intendencia General del Ejército.

Tarea difícil y compleja
Para la presidenta de México los próximos seis años, de acuerdo a las circunstancias, requerirán de trabajo de tiempo completo. Los funcionarios del primer nivel deben laborar los siete días de la semana, las 24 horas, estarán pendientes de cualquier emergencia.

La problemática nacional tiene un panorama al que debe enfrentarse con una extraordinaria programación, con el equipo de trabajo de personas experimentadas, ya no llamar a los amigos, a los de “toda confianza” o a recomendados. Para cumplir los compromisos políticos, generados en la campaña, hay comisiones para unos y otros a las nóminas de “asesores”.

La presidenta de México da órdenes y escucha las demandas, las resuelve o las canaliza a sus colaboradores para solucionarlas. Es la primera mandataria del País.

Las cargas de trabajo deben delegarse. Los integrantes del gabinete deben tener sus acuerdos con su jefa a efecto de planear las actividades a desarrollar y las oficinas para dar atención al público y no darle largas a las respuestas o ignorarlas, dejándolas en el archivo del olvido.

Estoy de acuerdo de que los graves problemas que vivimos, no pueden resolverse de la noche a la mañana. No es con una varita mágica. Los buenos deseos, no pasan de ser eso. Cuando se está detrás del escritorio más importante del País, no hay lugar a soslayar lo que sucede.

La violencia, la inseguridad, la falta de asistencia médica y de medicamentos no admiten resoluciones paulatinas, lentas, sino todo lo contrario. Nadie aceptará que se justifique el gobierno, responsabilizando a los anteriores. Es la prueba de fuego para la primera presidenta, que, además, no puede fallar y cerrarle la puerta al sexo femenino.

Es bueno y aconsejable conocer la historia de las mujeres en el mando. Ahí tenemos a las primeras ministras Golda Meir, Margaret Thatcher, Indira Gandhi y Ángela Merkel, ésta llamada la mujer más poderosa del mundo en su época; la experiencia ejemplar de la británica a lo largo de once años.

De 1974 a este año, en medio siglo, en América Latina 13 mujeres han gobernado. La primera fue María Estela Martínez de Perón, en Argentina, derrocada por los dictadores militares. La más reciente, en diciembre de 2022, Dina Ercilia Boluarte Zegarra, en Perú, a la destitución y encarcelamiento del presidente Pedro Castillo.

Votaremos por la persona
En las anteriores elecciones presidenciales, la ciudadanía acudía a depositar su voto cruzando o palomeando las siglas del partido de su preferencia. No quiere decir que no se fijaban en la persona propuesta como candidato.

A partir de la mitad del siglo pasado dos partidos estaban en la contienda política. El PAN que surgió en 1939; existía el Partido de la Revolución Mexicana y cambió a PRI en enero de 1946. Después se organizaron otros, como el Partido Popular del maestro Vicente Lombardo Toledano.

Conforme transcurrieron los años, hubo modificaciones en materia legislativa, como el voto a la mujer, la apertura democrática a los diputados de partido, la ciudanía a los 18 años, los legisladores plurinominales. Recién se aprobó la reelección de senadores y diputados.

Las coaliciones políticas surgieron en las elecciones de 1952, al ser postulado el general Miguel Enríquez Guzmán por la Federación de Partidos del Pueblo Mexicano y el efímero Partido Constitucionalista Mexicano. El PRI lanzó la candidatura de don Adolfo Ruiz Cortines y, por primera vez, participó el PAN con don Efraín González Luna.

En próximo comentario abordaré el interesante paso a las coaliciones políticas, que han servido para mantener en la nómina del INE a partidos que son negocios familiares y personales de políticos.

Bien, en el siglo anterior la dominación era de los priistas y terminó al iniciarse esta centuria. La figura presidencial aparecía desde el mismo momento que uno de los sectores del partido tricolor hiciera “el destape” del elegido. Con anticipación se sabía que el candidato del invencible hacía gala de ese calificativo. En el curso de julio a noviembre, los colaboradores del presidente electo, “discretamente” filtraban los nombres de quienes estarían en el gabinete.

En 1994 el candidato elegido por el presidente saliente fue asesinado en plena campaña. No volvió a darse el “dedazo”. Los últimos cuatro mandatarios no consiguieron dejar heredero del trono.

En el cierre del Siglo XX el presidente no se inclinó por alguno de sus colaboradores y tampoco apoyó al hombre del PRI, léase presidente Ernesto Zedillo y candidato Francisco Labastida Ochoa. Antes de conocerse el resultado oficial, en Los Pinos le fue levantado el brazo triunfador a Vicente Fox Quesada.

Estamos en el 2024. Los nombres de las dos candidatas aparecerán impresos en las boletas electorales, con las siglas partidistas y cada coalición tiene su propio lema. Claudia va por el partido oficial, el que está en el poder, junto con los redundantes negocios denominados Partido Verde Ecologista de México y Partido del Trabajo. Su lema, Seguimos Haciendo Historia.

En tanto, la hidalguense de Fuerza y Corazón por México, Xóchitl de dicho tuvo el respaldo del dividido Partido Acción Nacional, de un Partido Revolucionario Institucional que no es ni la sombra del pasado, así como el semidesaparecido Partido de la Revolución Democrática.

Hay un candidato, cuya participación se centra, en el movimiento de ciudadanos, para restarle votos a la no candidata oficial. Por eso, la ciudadanía votará no por siglas partidistas, sino por Claudia Sheinbaum Pardo o por Bertha Xóchitl Gálvez Ruiz.

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