Ráfaga: Heroínas mexicanas, en el anonimato

0
200

Jorge Herrera Valenzuela
Twitter / Facebook

Palacio presidencial blindado el Día Internacional de la Mujer

Ciudad de México, 8 de marzo de 2023.- En este Día Internacional de la Mujer comentaré de mexicanas que luchan por la Patria, quienes por voluntad propia y por sentir la emoción de hacerlo, se unieron a los curas que encabezaron la Lucha por la Independencia. Dejaron el hogar y a la familia.

De esas mujeres, tres son ampliamente conocidas. Una de ellas es recordada porque su nombre fue impuesto a una calle en la Ciudad de México. Dos de ellas no son reconocidas, a pesar de que una de ellas murió fusilada por órdenes de un español que llegó a ser parte de un triunvirato presidencial antes de 1824.

Un breve espacio para referir que entre las múltiples fechas y diversos motivos relacionados con el origen del día dedicado a rendir reconocimiento y homenaje a la mujer, me quedo con el dato de que el 8 de Marzo de 1908 un grupo de trabajadoras en la industria textil, hicieron una convención para acordar un movimiento huelguístico. Esa fecha se fijó, posteriormente, a nivel universal. Ellas reclamaban aumento de salarios, horarios cortos de laborar y mejores condiciones para trabajar en las fábricas textileras.

La Organización de las Naciones Unidas, entre 1975 y 1977, estableció el Día Internacional de la Mujer. Leí que tanto en América Latina como en España es donde tiene aplicación esa fecha. Otro dato histórico es que en Nueva Zelanda en 1893 concedieron el voto a la mujer, mientras que en México fue hasta 1953.

Museo e Instituto de la Mujer
La doctora Patricia Galeana Herrera, catedrática universitaria, prestigiada historiadora, conferencista y activista del movimiento feminista, desde el siglo pasado expuso la idea de crear el Museo de la Mujer y su idea cristalizó el 8 de marzo de 2011, con el apoyo de la Universidad Nacional Autónoma de México.

El Museo se encuentra ubicado en República de Bolivia 17, Centro Histórico de la Ciudad de México. Ahí estuvo la primera imprenta universitaria. Este Museo de género es el segundo en América Latina. El primero está en Colombia.

La inauguración fue en tiempos del rector José Narro Robles y consta de ocho salas, entre ellas la de “maestras a revolucionarias”, consagrando el espacio a las ilustres Dolores Jiménez y Muro, Juan Belem y Hermila Galindo Acosta. En otra sala, “la ciudadanía de las mujeres”, el reconocimiento es para la añorada Margarita García Flores, una de las primeras diputadas federales en los años cincuenta.

El 12 de enero de 2011 fue creado el Instituto Nacional de la Mujer, dependiente de la Presidencia de la República. Su primera directora fue Patricia Espinosa Castellano y, actualmente, lo es Nadine Flora Gasman Zyibermann.

“La Capitana”, una guerrerense
Al hablar de la Guerra de Independencia, destaco en primer lugar el nombre de Josefa Ortiz de Domínguez, luego los profesores de Educación Primaria nos platicaron de Leona Vicario. En la Secundaria oímos referencias de “La Güera Rodríguez”. En ningún momento, inclusive en la Preparatoria, se mencionaron los nombres de María Manuela Medina, Mariana Rodríguez del Toro de Lazarín, ni de María Luisa Martínez de García Rojas.

Cada una de ellas tiene su historia. Las tres nacieron cuando estaba vigente la Nueva España. No existía la división geográfica de Estados y Territorios que conocemos, pero se les ubica en sus biografías citando los nombres actuales de las respectivas poblaciones. Las seis heroínas llegaron a este mundo en el Siglo XVIII, entre 1773 y 1789.

“La Capitana”, originaria de Taxco, nació en 1780. Se llamó María Manuela Medina. Los miembros de la Junta de Zitácuaro le otorgaron el grado militar por los servicios que prestaba en la lucha Insurgente. Era una mujer de 30 años de edad, de carácter fuerte, muy femenina, valiente en extremo y con voz de mando. Recorrió 500 kilómetros para encontrarse con el cura José María Morelos y Pavón, poniéndose a sus órdenes.

María Manuela o, simplemente María, fue una mujer alta, fuerte, de cabello negro y peinaba largas trenzas, piel morena y ojos color aceituna. Poco o nada se sabe de su familia. De ella está escrito que realizó sus estudios elementales y dedicó su tiempo a trabajar como doméstica, sirvienta, en su pueblo. Oyó hablar del levantamiento Insurgente, la iniciación de la lucha por la Independencia de México.

A sus 30 años decidió ir a los campos de batalla. Organizó un contingente con sus amistades y paisanos. Al ser recibida por Morelos, tenía lugar el asalto al Fuerte de San Diego que estaba en poder los realistas, españoles y mestizos a las órdenes del virrey en turno.
Para entonces ya tenía el nombramiento de Capitana y había participado en varios combates. Dicen que intervino en siete, comandando a un regimiento, a un batallón y demostrando ser buena estratega militar. Quedó en las páginas de algunos autores que Manuela hizo valer su categoría de La Capitana.

En la Toma de Acapulco y el rescate del Fuerte de San Diego, el 13 de agosto de 1813, Manuela resultó herida y se retiró al pueblo Tapaneca, hoy Texcoco. Duró un año encamada y murió el 2 de marzo de 1822. Cumplió su anhelo de estar a las órdenes de José María Morelos y Pavón.

Triunfó en los combates contra los realistas. Nunca estuvo de acuerdo con Agustín de Iturbide, quien la invitó a la firma para el pacto de paz. Rechazó el indulto que le ofreció el virrey Juan José Ruiz de Apodaca.

Michoacana fusilada
Confieso que por primera vez leí el nombre de María Luisa Martínez de García Rojas, otra heroína ignorada. Esposa de un artesano de nombre Esteban García Rojas. Vivían en Erongarícuaro, hoy correspondiente a Michoacán, de donde eran originarios.

Ella atendía una tienda de abarrotes y al enterarse del movimiento que se daba para combatir a los españoles, llegaron a sus oídos noticias de que estaban los curas Miguel Hidalgo y José María Morelos encabezando el movimiento.

Comenzó como “correo”. Hacía llegar información de los desplazamientos de las tropas virreinales. María Luisa, a sus 30 años, edad también de La Capitana, procuraba actuar con toda la discreción. Sin embargo, fue aprehendida en seis ocasiones y recuperaba su libertad, mediante el pago de 1,000 pesos. Cantidad muy elevada. La última vez que estuvo presa le exigieron 4,000 pesos y como no disponía de esa suma, fue amenazada con ser llevada al paredón.

El que ordena el fusilamiento de María Luisa es un español de nombre Pedro Celestino Negrete Falla, quien durante los 30 días de abril de 1823 fue el presidente del Supremo Poder Ejecutivo, a la caída del emperador Agustín I y dejó el poder al ser electo el primer Presidente de la República, Guadalupe Victoria.

Antes de ser pasada por las armas, frente a la parroquia de Erongarícuaro, María Luisa, ante sus familiares y gente del pueblo, se dirigió a Pedro Celestino: “¿Por qué tan obstinada persecución contra mí? Tengo derecho a hacer cuanto pueda en favor de mi Patria, porque soy mexicana. No creo cometer ninguna falta con mi conducta, sino cumplo con mi deber”.

La michoacana cayó al recibir las descargas de los rifles españoles. Además de servir como correo, María Luisa y su esposo daban a los insurgentes víveres y recursos económicos. Una heroína olvidada.

Conocida, pero no popular
La tercera heroína, puede ser una excepción. No es popular, a pesar de sus patrióticas acciones. Su nombre no es del dominio público. Cierto, no está totalmente olvidada. Su nombre en letras de oro aparece en el muro de honoren de la Cámara de Diputados, en San Lázaro, Ciudad de México.

Me refiero a doña Mariana Rodríguez del Toro de Lazarín.

Nació en la hermosa Capital Mexicana, aunque la dama quedó clasificada como “novohispana”. Estaba casada con Manuel Lazarín. Un matrimonio simpatizante con la lucha de los Insurgentes. Mariana, cuando el movimiento ya llevaba meses de acciones bélicas contra “los chaquetas”, así llamó el pueblo a los realistas, decidió conspirar contra el virrey Francisco Javier Venegas.

Con frecuencia, por las noches, realizaba “tertulias literarias” con quienes eran afines al pensamiento de Mariana y Manuel. Las juntas tenían el propósito de planear como aportar una ayuda directa al cura Miguel Hidalgo y a los hombres que le seguían como Ignacio Allende, los hermanos Abasolo, los hermanos López Rayón, entre otros. Hidalgo ya había caído en Puente de Calderón.

El 8 de abril de 1811 la sesión literaria fue suspendida. Las campanas de la Catedral de México eran repicadas con mucha fuerza y se oían estruendosos ruidos, disparaban cañones. Un mensajero de Félix María Calleja daba la noticia de la aprehensión, en Chihuahua, del cura Hidalgo y sus acompañantes.

Doña Mariana al dirigirse el grupo de conspiradores, expresó: “¿Qué sucede? ¿No hay otros hombres en América aparte de los generales que han caído prisioneros? ¡Libertar a los prisioneros! ¡Tomemos aquí al virrey, ahorquémoslo!”.

José María Gallardo, quien formaba parte del grupo, abandonó la reunión. Se dirigió a la Iglesia de La Merced y le confesó al padre de apellido Camargo lo que pretendían hacerle al virrey. Los esposos fueron aprehendidos y quedaron en libertad hasta 1820. Siempre se negaron a delatar a sus compañeros. Entre los conspiradores estaban miembros del clero, personajes de la nobleza e intelectuales.

Comenté antes que doña Mariana no goza de la popularidad de otras heroínas. Su nombre está impuesto a escuelas en el Puerto de Veracruz, en León, Guanajuato y en Toluca, Estado de México. Además, entre los nombres grabados, de las heroínas, en la Columna de la Independencia, aparece el de ella.

Tres nombres completos
De las tres heroínas que consigna la Historia Patria, solamente, para su conocimiento, anoto los nombres completos de cada una.

• María Josefa Crescenciana Ortiz Téllez Girón, nacida el 19 de abril de 1773, es nuestra muy conocida Josefa Ortiz de Domínguez, La Corregidora. Estuvo casada con el jurista Miguel Domínguez, el corregidor de Querétaro.
• Doña Leona Vicario (10 de abril de 1789, Ciudad de México) en su acta de nacimiento quedó registrada como María de la Soledad Leona Camila Vicario Fernández de San Salvador. Fue esposa de don Andrés Quintana Roo.
• La bella capitalina llamada “La Güera Rodríguez” (20 de noviembre de 1778) respondió al nombre de María Ignacia Rodríguez de Velasco de Osorio Barba y Bello Pereyra. En la alta sociedad de la época era público el romance que sostuvo con Agustín de Iturbide, por lo que estuvo ligada a hechos del Movimiento de 1810-1821. Vivió 71 años en lo que ahora es la calle de Madero, en la Ciudad de México. Con su primer esposo, el militar José Jerónimo López de Peralta de Villar y Villamil, procreó tres hijas y un hijo. Casó también con dos millonarios, mayores de edad. Mariano Briones y Manuel Elizalde.

Anuncio

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí