Alfa Omega: Noviembre, mes de tres recuerdos

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Jorge Herrera Valenzuela
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Llegamos al undécimo mes del Calendario Gregoriano.

Ciudad de México, 5 de noviembre de 2022.- Lo conocemos como noviembre. Tiene una singular historia. Por ahora les comentaré que, en el Calendario Romano, en el año 46 Antes de Cristo, era el noveno mes y tenía 29 días. En el Calendario Juliano se le agregó un día para sumar 30. Finalmente, pasó a ser el penúltimo mes del año con las modificaciones del Papa Gregorio.

Noviembre tiene su origen en el latín november o novembris que corresponde para designar al undécimo mes del calendario vigente. Su período abarca dos signos zodiacales: Escorpio y Sagitario. En el mundo católico el 1 de noviembre es Día de Todos Santos y el 2 el Día de los Fieles Difuntos. En la cultura norteamericana el último jueves de este mes es el Día de Acción de Gracias, implantado, en 1863, por el presidente Abraham Lincoln. Celebran con una reunión familiar, en una cena, el encuentro pacífico entre indios y colonizadores.

Son varios los acontecimientos registrados dentro y fuera de nuestro territorio, los que alcanzaron trascendencia universal y están registrados en los anales históricos. Me ocuparé de recordar dos eventos nacionales y uno extranjero. Muchas fueron las consecuencias y secuelas de los tres sucesos, algunas repercuten después de una centuria de su realización.

Una lucha fratricida
La tarde del 19 de noviembre de 1910 la policía se enfrentó a tiros, disparados contra la casa de los Hermanos Serdán, en pleno centro de la capital de Puebla. Estaba descubierto el plan trazado para derrocar al presidente Porfirio Díaz, quien llevaba más de 30 años en el poder. La lucha debió principiar en otra fecha, pero el adelanto ocurrió desde el día 18 al ser denunciado un arsenal clandestino en la casa número 4 de la calle Santa Clara.

Cien policías y 400 soldados federales atacaron desde el exterior y más tarde penetraron al inmueble de dos pisos. Murieron Aquiles y Máximo Serdán Alatriste, mientras sus hermanas Carmen y Natalia, junto con su madre, fueron a prisión. Carmen estuvo hospitalizada porque resultó herida, sobrevivió y siguió en la lucha.

En la actualidad, la casa de los Serdán Alatriste es sede del Museo de la Revolución, en el número 20 de la calle 6 Oriente, Centro Histórico de Puebla.

Oficialmente, el Movimiento Armado de 1910 se inició el domingo 20 de noviembre de 1910. Lo encabezaba el coahuilense Francisco Ignacio Madero González. En el Sur, se organizaron los campesinos que tuvieron como líder al morelense Emiliano Zapata Salazar. Surgió la poderosa División del Norte, al frente de la cual alcanzó fama mundial el duranguense Pancho Villa. Ya andaba metido en la política el sonorense Álvaro Obregón, quien comandó al Ejército del Noroeste para combatir a los federales del usurpador Victoriano Huerta. En la Hacienda de Guadalupe, Venustiano Carranza redacta el Plan que lleva el nombre de ese lugar coahuilense y es para desconocer al gobierno del jalisciense Huerta, creándose el Ejército Constitucionalista.

A toda esa organización de fuerzas militares se debe, en principio, el fin de la dictadura porfirista. El oaxaqueño renunció el 25 de mayo de 1911 y se marchó hacia París, acompañado de su esposa, Carmelita Romero Rubio. Triunfa Madero y junto con el sureño José María Pino Suárez, como vicepresidente, asumen el mando del País. Pino Suárez será el último vicepresidente en nuestra historia. La situación no terminó, se desató La Decena Trágica. Son asesinados Madero y el vicepresidente.

Sin embargo, hasta diez o doce años después de esos últimos hechos, continuó la lucha armada. villistas y zapatistas se aliaron contra los carrancistas. Obregón contra Villa y se le atribuye el asesinato de Carranza. Considero que fue una lucha fratricida. No se justifica. Se perdieron miles de vidas. Se habló de que murieron un millón de mexicanos.

Recuerdo que durante los seis años de Educación Primaria oí constantemente que ese movimiento terminó con otro asesinato, el de Álvaro Obregón, en 1928, cuando se reeligió, apoyado por Plutarco Elías Calles. De un plumazo el Congreso de la Unión reformó la Constitución que impedía la reelección presidencial.

Casi tres décadas duró la lucha fratricida de la que nos hablaron en la Primaria las profesoras y los profesores. Nos dijeron que eso se llama, oficialmente, Revolución Mexicana.

La tragedia más dolorosa
Treinta ocho años se cumplirán el próximo sábado 19 de la peor tragedia que sembró la muerte, destrozó 150 viviendas de madera y cartón, en San Juan Ixhuatepec, Estado de México. A las tres horas de la madrugada comenzó una fuga de gas y a las 5:40 de la mañana estalló un depósito hecho para contener 16 millones de metros cúbicos de gas butano.

Las instalaciones de Petróleos Mexicanos, inauguradas en 1961 en el popular Barrio de San Juanico, durante horas fueron pasto de fuego. Las llamas se veían a kilómetros de ese lugar. Las densas nubes de humo negro eran vistas tanto en Ecatepec de Morelos como en la entonces Delegación Gustavo A. Madero.

Las explosiones se sucedían y causaban pánico. Las familias dormían en sus humildes chozas. Más de 500 personas, entre niños, jóvenes y adultos, fallecieron. Los rescatistas de la Cruz Roja y de la Cruz Verde no paraban en su labor. Muchos restos humanos no pudieron ser identificados y fueron a una fosa común. Los hospitales circunvecinos atendieron a unas siete mil personas, de las cuales la tercera parte sufría quemaduras y heridas. Esos fueron los datos oficiales.

¿Qué sucedió? ¿Por qué la explosión de un tanque con altísimo almacenamiento de gas? Las interrogantes tuvieron respuestas en boca de un superviviente y por un empleado de Pemex. Algunos vecinos al percatarse del fuerte olor a gas acudieron a la planta y avisaron del peligro que se corría. Había 55 empleados de la paraestatal. Uno de ellos dijo que no se dio oportunamente el mantenimiento, adecuado y necesario, a las válvulas del depósito.

Cifras pocas veces registradas, largas horas de terror, angustia, dolor. Un despertar para unos y centenas de cuerpos calcinados. Ese fue el panorama que se vivió varios días en San Juanico. Como siempre se manifestó la solidaridad de los mexicanos. Ayudaron a retirar los escombros. Atendían con alimentación y ropa a los damnificados. Servicio médico permanente.

El presidente Miguel de la Madrid Hurtado ordenó otorgar auxilio inmediato y completo a las familias. Con rapidez se movilizó el director de Pemex, el maestro Mario Ramón Beteta, así como hubo coordinación con el gobernador del Estado de México, Alfredo del Mazo González, y el alcalde de Tlalnepantla, Cuauhtémoc Sánchez Barrales.

Se dispuso que Pemex indemnizara a las víctimas. Desgraciadamente, imperaron el burocratismo, la negligencia y, sobre todo, la corrupción. Se multiplicaron las quejas de los latrocinios que cometían los encargados de esos trámites. Han transcurrido 38 años y la herida está abierta. Toda una generación se perdió. San Juanico subsiste, por obra y gracias de Dios.

Lo peor. Lo de siempre. No hubo un solo responsable de la más grande tragedia, producto de no dar el mantenimiento adecuado a las instalaciones.

Asesinaron a John F. Kennedy
A las 12:30 horas del viernes 22 de noviembre de 1963, dos de tres balas disparadas desde una ventana causaron la muerte al hombre más custodiado en el mundo: John Fitzgerald Kennedy, el presidente 35 de Estados Unidos de América. Originario de Massachusetts, de 46 años cumplidos. El siguiente 20 de enero terminaba su tercer año en la Casa Blanca.

Veinte minutos después del atentado, en México, las estaciones de radio nos daban la fatal noticia. El mundo se cimbró. Kennedy gozaba de popularidad internacional. Ingresó a la lista de presidentes asesinados: Abraham Lincoln, James Abram Garfield y William McKinley, así como figura entre los 8 presidentes que murieron cuando desempeñaban el cargo.

Han pasado 59 años del magnicidio y no conocemos el verdadero móvil del crimen, así como no sabemos quiénes fueron los autores intelectuales ni los materiales. Versiones, suposiciones e interpretaciones políticas y sociales. Nada más. Oswald pudo ser lo que llamamos “chivo expiatorio”.

En hora y media agentes federales, después del asesinato, fue capturado Lee Harvey Oswald y quedó señalado como principal sospechoso del magnicidio y bajo custodia de la policía. Dos días después cuando iba a una diligencia, Jack Ruby burló la vigilancia policíaca y tiroteó sobre Oswald, causándole la muerte. Eso evitó que Oswald declarara.

Oswald, un joven de 24 años, nacido en Nueva Orleans, casado y padre de una hija y un hijo. Exmarinero. Aseguraron que hizo los disparos desde una ventana, en el segundo piso, del Almacén de Libros Escolares. La policía dijo haberlo localizado en una sala de cine próxima al lugar de los hechos.

Dos preguntas sin respuesta
¿A quién sirvió Lee Harvey Oswald? ¿Jack Ruby, “figura secundaria del hampa”, actuó por órdenes de quién?

Kennedy murió instantáneamente. Quedó recargado en su esposa Jacqueline Bouvier Kennedy, sentada a la izquierda del presidente, en la parte trasera del Lincoln, descapotado, en que se dirigían de Dallas, Texas, a la Base Aérea de Carswell para abordar el avión presidencial e ir a la Casa Blanca.

En el automóvil, guiado por un agente del Secret Service, viajaban el gobernador de Texas, John Bowden Connally y su esposa que resultó ilesa. Murió un agente de nombre J.D. Tippit y un peatón, James Tague, que estaba parado en la banqueta de la Plaza Dealy.

Se integró la Comisión Warren y le encargaron investigar “a fondo”. La secuela del magnicidio fue de más violencia y la averiguación no se dio a conocer. En esos días, se informó que el expediente sería abierto 75 años después, es decir que quienes vivan en el año 2038 tal vez estén interesados en conocer la historia del asesinato que elevó a John Baines Johnson a la presidencia norteamericana.

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