“Estoy emocionado de anunciar el día de hoy que el doctor Michael Gillon y su equipo han usado nuestro telescopio Spitzer para determinar que existen siete exoplanetas con un tamaño parecido a la Tierra, orbitando la cercana estrella Trappist-1, y que tres de ellos están en una zona habitable donde con las condiciones atmosféricas óptimas podría haber vida”, dijo en conferencia de prensa, Thomas Zurbuchen, director administrativo de la Dirección de Misión Científica de la Nasa (Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio).

Zurbuchen, compartió el pódium con el líder del proyecto, Michael Gillon, la astrónoma del Instituto de Ciencias del Telescopio Espacial, Nikole Lewis, el director del Centro Científico Spitzer de la Nasa, Sean Carey, y la profesora de ciencia planetaria del Instituto Tecnológico de Massachusetts, Sara Seager.

Trappist-1 es una estrella que se encuentra a 39 años luz en la constelación de Acuario. Fue descubierta en 2016 por el telescopio Trappist y desde entonces los astrónomos han estudiado su sistema de cerca con el Spitzer, un telescopio lanzado al espacio en 2013 que originalmente no estaba diseñado para buscar exoplanetas. “El descubrimiento nos da un indicio de que ya no estamos hablando sobre si se podrá descubrir una segunda Tierra, sino cuándo la descubriremos”, comentó entusiasmado Zurbuchen.

Hacer un viaje humano hasta Trappist-1 y sus exoplanetas aún no es posible, de hecho, es un sueño que la generación actual no podrá cumplir, pero los astrónomos se están valiendo de múltiples telescopios para conocer cada vez más las propiedades de estos nuevos mundos, entre ellos, los telescopios espaciales Hubble, Keppler, Spitzer y, en 2018, el James Webb que “podrá estudiar las atmósferas y el contenido de los gases de efecto invernadero para entender las temperaturas de la superficie de cada planeta y si realmente pueden soportar la existencia de agua y vida como la conocemos. Incluso lo usaremos para buscar otros gases que podrían generarse por la existencia de vida como el oxígeno, ozono y metano”, dijo Seager.

Como explicó Lewis, las características de cada uno de los exoplanetas tienen emocionados a los astrónomos por sus enormes posibilidades. “Trappist-1E es el más cercano a la estrella, se parece mucho en tamaño a la Tierra y recibe aproximadamente la misma cantidad de luz que ésta, lo que significa que sus temperaturas pueden ser muy similares a las de nuestro planeta”. El siguiente planeta, Trappist-1F es un mundo con mucho potencial para albergar agua, también similar en tamaño a la Tierra y recibe la misma cantidad de luz que Marte en nuestro Sistema Solar; finalmente, Trappist-1G es el más grande del sistema y también presenta condiciones que lo harían habitable.

Otra de las razones por las que los astrónomos están tan emocionados con este sistema es que “es un laboratorio real para estudiar planetas que orbitan estrellas pequeñas, frías y muy rojas, increíblemente diferentes a nuestro Sol, como Trappist-1”, explicó Seager.

Descubrimientos como éstos, despiertan la imaginación tanto de investigadores como personas en general, hacen que las historias de ciencia ficción sobre nuevos mundos y viajes interestelares sean cada vez menos ficción y más realidad y, como concluyó Zurbuchen: “La investigación sobre exoplanetas está apenas comenzando, desde 1995 hemos encontrado miles de ellos y ningún sistema hasta ahora había tenido tantos planetas en su horizonte habitable. Podemos imaginarlos y modelarlos, pero la naturaleza suele ser mucho más hermosa y maravillosa de lo que hemos animado en nuestras simulaciones”.

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