México debe cuestionarse si el Norte sigue siendo una opción de desarrollo válida o si debería estar apostando por algo diferente, ante la llegada de la cuarta revolución industrial, que podrá cambiarlo todo, afirmó Richard P. Wells, presidente del Lexington Group.

Dicha revolución, precisó ante académicos y estudiantes reunidos en el auditorio del Jardín Botánico de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam), institución que forma parte de la mesa directiva del Foro Consultivo Científico y Tecnológico (Fccyt), implica que los programas de software, impresión de productos a la medida y los gadgets irán sustituyendo a los empleos rutinarios que pueden realizar máquinas con inteligencia artificial.

“Lo que viene ahora es la producción localizada. Por ejemplo, Toyota tiene automóviles 3D printed, en vez de producirlo en la planta, lo hace localmente a la medida de los requisitos del consumidor (…) para los Juegos Olímpicos; Nike creó los prototipos de los zapatos para los atletas 3D printed y todos vamos para allá”, reflexionó el especialista en escenarios para la innovación.

La primera revolución, aclaró, llegó con las máquinas de vapor; la segunda, con la generación de redes de comunicación, carreteras y la producción en serie, mientras que la tercera implicó la llegada de la informática y la conexión que vivimos en la actualidad.

Tras afirmar que en Estados Unidos el 47 por ciento de los empleos están amenazados, ejemplificó el cambio con empresas como Uber, que han transformado la forma de hacer negocios y hoy los taxistas tradicionales están perdiendo oportunidades.

El consultor especializado en innovación y competitividad, precisó durante la conferencia magistral: “México frente a la cuarta Revolución Industrial” que mientras trabajos como choferes, vendedores o administradores fueron durante mucho tiempo el pasaporte de la clase baja a la media, en 10 años esos empleos estarán prácticamente subvalorados.

Lo que no sucederá con los servicios como trabajadoras domésticas o sistemas de hoteles, la educación o los servicios médicos, donde si bien las máquinas se han ido incorporando poco a poco, no podrán sustituir el trato personalizado a los pacientes o establecer una verdadera empatía con el usuario.

“En México, además, se suma el problema de la disparidad de empleos. Las tasas de crecimiento no logran llegar a su meta y esto va a empeorar. El desafío de nuestra época, entonces, es lograr una sociedad próspera que genere ingresos o fondos para universidades igualitaria”, estimó.

Ante este escenario, nuestro país debe reconsiderar sus prioridades, ya que las personas altamente capacitadas, que tengan una visión de ayuda al medio ambiente y que desarrollen sistemas de alta tecnología serán la alternativa ideal para prosperar a futuro.

Por ello, Wells sugirió cinco opciones para que México salga adelante: La primera es abrazar y no rechazar la tecnología, pues se debe trascender y aprovechar, más no dejarse sustituir.

La segunda implica enfocarse en las industrias del futuro y no apostar a los modelos tradicionales de negocio, que hasta ahora sólo valoran a los accionistas, sin importarles el beneficio a la sociedad.

Recomendó proteger la biodiversidad, un recurso altamente valorado y que México está perdiendo, además de crear nuevos negocios.

Enfatizó que es necesario aprovechar las capacidades de las universidades y fomentar el desarrollo empresarial de los investigadores, pues no se pueden seguir copiando las ideas de otros y pensar que eso permitirá incrementar la competitividad y las oportunidades.

Finalmente, sugirió homologar los objetivos de desarrollo en las empresas con las universidades, llegar a acuerdos aceptando sus diferencias, además de buscar soluciones a los problemas que aquejan a la sociedad.

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