Grupo Banco Mundial y cambio climático

Washington, D. C., 12 de noviembre de 2022.- En este mes, representantes del Gobierno, las empresas y la sociedad civil se reúnen en Sharm el-Sheikh (Egipto) con ocasión de la 27.a Conferencia de las Partes (COP27), en medio de la creciente urgencia para abordar la crisis climática. Se espera que las negociaciones se centren en la necesidad de fortalecer e implementar los compromisos climáticos, incrementar significativamente el flujo de financiamiento climático destinado a los proyectos sobre el terreno y abordar las necesidades críticas de adaptación.

Además de las delegaciones de los países, la COP también cuenta con representantes de empresas, instituciones multilaterales, la sociedad civil y los jóvenes. En Sharm el-Sheikh, el Grupo Banco Mundial participa en debates y transmite más de 70 eventos en vivo desde su propio pabellón durante dos semanas.

La reunión de este año tiene lugar en un momento crítico para la acción climática: solo desde la última COP, la COP26 celebrada en Glasgow, múltiples crisis superpuestas han amenazado con desbaratar la transición resiliente y con bajas emisiones de carbono. La guerra en Ucrania, inflación galopante, presiones presupuestarias y escasez de energía han causado inseguridad alimentaria y de combustible. Al mismo tiempo, los impactos climáticos están empeorando: las inundaciones extremas en Pakistán se cobraron cientos de vidas y desplazaron a millones de personas; las sequías en China y el Cuerno de África afectaron a millones de personas, y en Europa se registraron olas de calor abrasadoras y la peor sequía en 500 años.

Lo que está en juego no podría ser mayor: no actuar con la rapidez suficiente para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) podría significar costos considerablemente más elevados en el futuro: hasta USD 178 billones (miles de millones, en español) en los próximos 50 años (PDF) o el doble del actual producto interno bruto (PIB) mundial actual. Lo que es más importante, retrasar la adopción de medidas podría significar un daño potencialmente irrevocable a las vidas y los medios de subsistencia en todo el mundo.

Descarbonizar las economías
La reducción de las emisiones es fundamental para la acción climática. Si bien todos los países desempeñan un papel importante, los países de ingreso alto y otros países que emiten grandes cantidades de gases de efecto invernadero (GEI) deben priorizar urgentemente los esfuerzos dirigidos a descarbonizar sus economías. Con estrategias climáticas bien diseñadas, sus economías pueden seguir creciendo y, al mismo tiempo, reducir las emisiones de GEI.

El Grupo Banco Mundial está apoyando la transformación de sectores clave que representan más del 90% de las emisiones de GEI: energía; agricultura, alimentos, agua y tierra; ciudades; transporte y manufacturas. Las transiciones hacia modelos con bajas emisiones de carbono en estos sectores tienen el potencial de generar billones de dólares en inversiones y millones de nuevos empleos durante la próxima década. Las oportunidades incluyen energía renovable y formas limpias de cocinar; la electrificación y la eficiencia energética del transporte, los edificios y la industria; una gestión más adecuada del uso del agua y la tierra, y una participación más amplia en cadenas de valor verdes, incluida la extracción de minerales críticos. Esta transformación también podría mejorar decisivamente la calidad de vida.

La reducción de las emisiones también podría ayudar a abordar la mala calidad del aire y generar importantes beneficios para la salud de quienes viven en las ciudades con más esmog del mundo. En los primeros meses de la pandemia de Covid-19, los confinamientos restringieron considerablemente la actividad económica en todo el mundo, lo que produjo una reducción inesperada de la contaminación atmosférica. El despeje temporario de los cielos permitió vislumbrar lo que podría suceder si los países y las ciudades descarbonizaran sus economías, pero no es necesario que ello venga acompañado de un costo económico y humano similar al generado por la pandemia.

Hoy en día, la contaminación atmosférica es la principal causa ambiental de enfermedades y muertes prematuras en todo el mundo, dado que provoca la muerte de 7 millones de personas cada año. También constituye una prueba contundente de que los GEI están calentando nuestro planeta. Los contaminantes atmosféricos y los GEI suelen provenir de las mismas fuentes, por ejemplo, las centrales eléctricas alimentadas a carbón y los vehículos que utilizan diésel. Miles de millones de personas están expuestas a peligrosos niveles de contaminación atmosférica. Los perjuicios que esto provoca en la salud ascienden a USD 8.1 billones al año, lo que equivale al 6.1% del PIB mundial.

Resultados previstos del Proyecto de Gestión de la Contaminación Atmosférica y sobre Cambio climático en el Gran Cairo
En El Cairo, la bulliciosa capital de Egipto, los cielos brumosos son testimonio de los 22 millones de viajes motorizados que se realizan cada día en la ciudad (PDF). En Egipto, unos 2 millones de personas solicitan atención médica por problemas respiratorios cada año y el costo económico anual de la contaminación atmosférica para la salud solo en el Gran Cairo representa alrededor del 1.4% del PIB del país.

Reconociendo los costos económicos, ambientales y sanitarios de la inacción, Egipto hizo del transporte sostenible un elemento clave de su programa de políticas. En la estrategia Visión 2030 del país se insta a reducir un 50% las concentraciones de partículas pequeñas de PM10 a más tardar en 2030.

Mediante el Proyecto de Gestión de la Contaminación Atmosférica y sobre Cambio Climático en el Gran Cairo, de USD 200 millones, se espera reducir en un 30% las emisiones de GEI provenientes de los residuos sólidos municipales y en un 23% las generadas por los nuevos autobuses públicos eléctricos. Estos esfuerzos no solo están reduciendo las emisiones, sino que también contribuyen a que los residentes de El Cairo gocen de un aire más limpio.

A través de un programa de intercambio, 45,000 taxistas de El Cairo entregaron sus taxis antiguos para obtener vehículos nuevos y mejorados. Gracias a la línea de metro de la ciudad, se ha reducido en un 13% la cantidad de automóviles en las carreteras.

Además de reducir las emisiones de carbono, también es esencial promover los esfuerzos para disminuir otros GEI, como el metano, un contaminante potente de corta vida que tiene un impacto mucho mayor y más inmediato en el calentamiento global que el dióxido de carbono (CO2). En la COP26, 104 países adhirieron al Compromiso Mundial sobre el Metano con el propósito de reducir colectivamente las emisiones de este gas en, al menos, un 30% para 2030 (respecto a los valores de 2020).

Este nivel de intervención permitiría reducir el calentamiento entre un cuarto y un tercio de grado centígrado a mediados de siglo y entre medio grado y tres cuartos de grado para 2100. Cada fracción de grado contará.

El Grupo Banco Mundial tiene un largo historial de reducción de las emisiones de metano en los sectores que más generan: agricultura, energía, saneamiento y desechos. Por ejemplo, para abordar el problema del metano procedente del cultivo de arroz (alrededor del 8% de las emisiones antropogénicas de metano a nivel mundial), el Proyecto de Modernización Estratégica y Rehabilitación Urgente del Sistema de Riego en Indonesia permitirá modernizar los servicios de riego y mejorar la eficiencia del abastecimiento de agua a las granjas de arroz, reduciendo así las emisiones de metano en más de 253,000 hectáreas de tierra.

En el marco del proyecto se utiliza la tecnología de ahorro de agua conocida como alternancia humectación/secado para ayudar a los agricultores a reducir las emisiones de metano, así como el uso de agua de riego, sin disminuir los rendimientos.

¿Qué deben hacer los países con mayor urgencia?
Los impactos futuros del cambio climático dependen de las decisiones que tomen los países hoy, en particular de las inversiones que también impulsan los resultados de desarrollo, incluso, en infraestructura crítica o para salvaguardar a las comunidades y los medios de subsistencia. En un nuevo estudio de diagnóstico básico del Grupo Banco Mundial, el informe sobre el clima y el desarrollo de los países (Ccdr), se muestran las estrategias que contribuirán en mayor medida y con mayor celeridad a reducir las emisiones de GEI en cada país, respaldando, al mismo tiempo, un desarrollo verde, resiliente e inclusivo. Los Ccdr combinan los mejores datos, modelos y herramientas disponibles para ayudar a los países a comprender los posibles impactos del cambio climático en el futuro.

En ellos se identifican las medidas más urgentes que los países deben adoptar para evitar costos mucho más elevados de una transición resiliente y con bajas emisiones de carbono, así como reformas importantes y una combinación de recursos públicos y privados. Las conclusiones del primer conjunto de Ccdr que abarca 29 países muestran que el cambio climático representa una grave amenaza para los objetivos de desarrollo a largo plazo, pero los países pueden seguir creciendo y, al mismo tiempo, reducir las emisiones de GEI si adoptan un cambio importante.

El Grupo Banco Mundial está trabajando con los países en planes de inversión para minimizar los costos, a la vez que se maximiza el impacto de los esfuerzos de mitigación y adaptación y se facilitan las inversiones públicas y privadas para la acción climática.

Transición justa
Para lograr un futuro de energía limpia es imprescindible que los países que más emiten carbono dejen de utilizar combustibles fósiles, en particular, el carbón, la fuente de energía más dominante y con mayor intensidad de carbono del mundo. Una transición “justa” bien gestionada garantizará que los países puedan prepararse ahora para abandonar los combustibles fósiles de una manera que proteja a las personas, las comunidades y el medio ambiente.

Debe ofrecer medios de subsistencia alternativos, asignar un papel fundamental a las políticas de educación y del mercado laboral, y apoyar las inversiones en las comunidades afectadas. Además de restablecer las capacidades, los países deben abordar la necesidad de incorporar en mayor medida a los pobres en la transición hacia una economía con bajas emisiones de carbono. Esta transición también debería incluir el objetivo de facilitar en mayor medida al sector privado la creación de nuevos puestos de trabajo.

La iniciativa mundial del Banco denominada Apoyo a la Transición Energética en las Regiones Carboníferas ayuda a los Gobiernos a diseñar paquetes integrales de protección social para los trabajadores que podrían ser despedidos, elaborar programas de recalificación profesional y transición laboral, así como planes integrales de recuperación ambiental para permitir la reutilización de antiguos terrenos mineros y activos carboníferos, y presentar posibles vías para la transición económica.

El Grupo Banco Mundial aplica el enfoque de transición justa en países de todo el mundo, como Macedonia del Norte, Polonia y Sudáfrica.

A solicitud del Gobierno sudafricano, el Banco está respaldando el desmantelamiento y la readaptación de la central eléctrica de Komati alimentada a carbón. Sudáfrica depende del carbón para generar más del 70% de la energía.

El Proyecto de Transición Energética Justa de Eskom, de USD 497 millones, cuyo objetivo es desconectar la última unidad operativa de Komati de la red eléctrica, también se está financiando con préstamos en condiciones concesionarias del Mecanismo Climático de Energía Limpia y Bosques de Canadá y donaciones del Programa de Asistencia para la Gestión del Sector de Energía.

Komati será la primera de un conjunto de antiguas plantas alimentadas a carbón que se cerrará como parte del plan de Sudáfrica de retirar, para 2030, 12 gigavatios generados por sus centrales antiguas e ineficientes.

También en Sudáfrica, el Banco es el principal asociado a cargo de implementar el Programa de Inversión para Acelerar la Transición del Carbón a Fuentes de Energía Renovables de los Fondos de Inversión en el Clima, en colaboración con el Banco Africano de Desarrollo y la Corporación Financiera Internacional (IFC). La contribución de dicho programa forma parte de un paquete de USD 2,600 millones que el Gobierno de Sudáfrica está movilizando de fuentes públicas y privadas para apoyar una transición justa hacia la eliminación del uso del carbón.

Adaptación
Si bien la crisis climática afecta a todos los países, los países y las personas más pobres son más vulnerables a los impactos climáticos. El cambio climático y los desastres naturales pueden empujar a nada menos que 132 millones de personas a la pobreza para 2030.

Solo en lo que respecta al riesgo de inundaciones, por ejemplo, hasta 1,810 millones de personas o el 23% de la población mundial están directamente expuestas a un riesgo significativo de inundación; el 89% vive en países de ingreso bajo y mediano, y más de 780 millones viven con menos de USD 5.50 al día.

Es fundamental ayudar a las comunidades a generar resiliencia y adaptarse al cambio climático en un contexto en el que muchos impactos ya son inevitables y se están produciendo. Para ello, será necesario incrementar considerablemente los flujos de capital —incluido el financiamiento privado— destinados a los proyectos de adaptación, que actualmente representan menos del 10% del financiamiento climático total. Por lo general, las necesidades en materia de adaptación son exclusivamente locales y responden a comunidades, ubicaciones geográficas y circunstancias específicas, y la preparación resulta esencial.

De hecho, actuar tempranamente para afrontar un posible desastre puede tener beneficios de gran alcance, en gran parte evitando que los hogares tomen decisiones desesperadas para sobrevivir, como sacar a los niños de la escuela, reducir el número de comidas o vender activos productivos. Para ayudar a las personas a enfrentar la situación, especialmente durante la sequía, en 2021 el Gobierno de Níger comenzó a brindar apoyo a 15,400 hogares otorgando transferencias monetarias mensuales. Para aumentar las provisiones de alimentos, miles de agricultores de Níger han recibido semillas resistentes a la sequía, alimento para el ganado, fertilizantes y ayuda con técnicas agrícolas destinadas a aumentar la productividad a través del Proyecto de Acción Comunitaria para la Resiliencia Climática y el Proyecto de Apoyo a la Agricultura Climáticamente Inteligente (i).

Para los pequeños Estados insulares de litoral bajo, como las Islas Marshall, el aumento del nivel del mar representa una amenaza que pone en peligro su existencia. Una herramienta visual y de estudio respaldada por el Banco Mundial ayudó a las Islas Marshall a visualizar los impactos a largo plazo del aumento del nivel del mar en Majuro, la capital, y se prevé que el 96% de la ciudad estará en riesgo de sufrir inundaciones frecuentes. La herramienta también ayuda a aclarar que, si bien las Islas Marshall se encuentran en la primera línea del cambio climático, hay oportunidades de evitar los escenarios más desfavorables.

La gestión del agua también desempeña un papel clave en la adaptación eficaz, por ejemplo: ir más allá de la gestión integrada tradicional de los recursos hídricos para generar resiliencia frente al cambio climático; promover inversiones y soluciones que incorporen infraestructura natural —los servicios ecosistémicos proporcionados por cuencas hidrográficas y costas saludables—, y generar resiliencia mediante la combinación de la gestión de cuencas hidrográficas, infraestructura sostenible, y el empoderamiento y el aprendizaje a través de instituciones adaptativas.

Financiamiento relacionado con el clima
El año pasado, el Grupo Banco Mundial destinó USD 31,700 millones a iniciativas de adaptación al cambio climático y mitigación de sus efectos en países en desarrollo, el monto de financiamiento climático más alto proporcionado en un ejercicio. Pero se trata de una fracción muy pequeña de lo que se necesita: de acuerdo con algunas estimaciones, los países en desarrollo necesitarán financiamiento por valor de billones de dólares (PDF) en las próximas décadas para alcanzar sus objetivos climáticos y de desarrollo. Las necesidades de inversión, como porcentaje del PIB, son mayores en los países de menor ingreso que han contribuido en menor medida al calentamiento global, en parte debido a que incluyen inversiones destinadas a atender necesidades de desarrollo insatisfechas y a reducir el déficit de infraestructura.

El Grupo Banco Mundial está elaborando modelos para reunir fondos de la comunidad internacional y ponerlos a disposición para los proyectos con mayores posibilidades de impacto y ampliación a fin de reducir las emisiones, financiar actividades de adaptación y movilizar capital privado.

En 2019 y 2020, el financiamiento climático mundial de fuentes públicas y privadas ascendió aproximadamente a USD 425,000 millones. Más del 85% de este total, alrededor de USD 373,000 millones, se destinó a inversiones en mitigación. Solo USD 41,000 millones se utilizaron para respaldar inversiones en adaptación, lo que dista mucho de los USD 150,000 millones a USD 330,000 millones que se necesitaban.

La Corporación Financiera Internacional (IFC) del Grupo Banco Mundial trabaja en tres frentes para impulsar más financiamiento privado hacia los países en desarrollo: la creación de proyectos que cumplan con el perfil de riesgos y beneficios que suelen buscar los inversionistas; el fortalecimiento de la capacidad de las instituciones financieras locales, y la introducción de taxonomías y normas bien definidas para orientar a los inversionistas en sus esfuerzos.

En este marco, ha venido creando proyectos financiables para aumentar las inversiones en áreas que van desde la energía eólica hasta el cemento y el acero, y está poniendo en marcha plataformas de movilización mundial y ofreciendo financiamiento combinado en condiciones concesionarias para reducir los riesgos de las inversiones en nuevas áreas y tecnologías.

Asimismo, está trabajando a nivel local para ayudar a las instituciones financieras a medir el financiamiento verde y presentar los informes correspondientes, a través de su Red de Banca y Finanzas Sostenibles, integrada por 40 países miembros, que representan USD 43 billones (86%) del total de activos bancarios de los mercados emergentes. IFC también ha elaborado directrices sobre el financiamiento azul, los bonos verdes y el financiamiento de la biodiversidad, y ha ayudado a abrir los mercados de bonos verdes y azules en todo el mundo y a ampliar su propia cartera de financiamiento azul a USD 750 millones en los últimos dos ejercicios.

¿Cómo influye el financiamiento climático en todo el mundo?
Las inversiones relacionadas con el clima, particularmente en algunos de los países más pobres del mundo, son cruciales y pueden generar importantes beneficios en términos de desarrollo. Por ejemplo, en cinco países del Sahel —Burkina Faso, Chad, Malí, Mauritania y Níger—, la inversión de USD 16,000 millones de aquí a 2030 puede marcar una gran diferencia a la hora de ampliar el acceso a la energía, restaurar la tierra, ampliar los servicios vitales de abastecimiento de agua y saneamiento, e impulsar la adaptación.

Se necesitarán donaciones y financiamiento de múltiples donantes y bancos multilaterales de desarrollo para ayudar a estos países a generar resiliencia, adaptarse y crecer. El financiamiento en condiciones concesionarias, en particular, desempeña un papel crucial a la hora de respaldar proyectos que de otro modo no podrían atraer capital privado.

Para ayudar a movilizar los billones de dólares en financiamiento climático que se necesitan, el Banco Mundial cuenta con varias iniciativas con las que se busca cerrar el déficit de financiamiento, a saber:

1. El Fondo para Ampliar la Acción Climática Reduciendo las Emisiones (Scale) es un nuevo fondo de múltiples donantes que tiene como objetivo proporcionar financiamiento climático basado en resultados, que se otorga cuando se logran los resultados convenidos. Tiene como objetivo movilizar financiamiento de la comunidad internacional —incluidos los países donantes, el sector privado y las fundaciones— y distribuirlo a gran escala entre los programas de mayor impacto que contribuyan a reducir las emisiones de GEI y garanticen, al mismo tiempo, que se incluya equitativamente a los pueblos indígenas y las comunidades locales en la reducción de emisiones y se los reconozca por el papel crucial que desempeñan en ese ámbito. Asimismo, se basa en los 20 años de experiencia del Banco respaldando proyectos que generan créditos de reducción de emisiones de alta calidad e integridad mediante financiamiento climático basado en resultados.
2. Atraer capital privado para inversiones en infraestructura resiliente al clima y con bajas emisiones de carbono. Por ejemplo, el programa Más Energía Solar proporciona un conjunto de servicios que incluyen financiamiento competitivo y seguros para crear mercados de energía solar viables. El Grupo Banco Mundial está trabajando para aplicar este enfoque a la energía eólica marina y terrestre, las minirredes, la desalinización del agua, y los sistemas de transporte público.
3. Impulsar el financiamiento del riesgo de desastres. El Banco Mundial ha sido líder mundial en la prueba y ampliación de soluciones financieras en los países en desarrollo para ayudarlos a superar los impactos financieros del cambio climático, los desastres y otras crisis como la desencadenada por la Covid-19. A través de su Mecanismo de Financiamiento de Riesgos Mundiales (Grif), por ejemplo, financia proyectos por más de USD 2000 millones.

El Escudo Mundial contra los Riesgos Climáticos, anunciado recientemente, se basará en estos esfuerzos para apoyar la ampliación del financiamiento y los seguros contra riesgos climáticos y de desastres, según lo acordado en la Cumbre del Grupo de los Siete (G7) a principios de este año. En la COP27, el Banco Mundial anunciará un nuevo programa emblemático: el Mecanismo de Financiamiento del Escudo Mundial, una versión mejorada del actual Grif, se convertirá en un vehículo de financiamiento e implementación clave del Escudo Mundial contra los Riesgos Climáticos del G7 para ayudar a los países vulnerables a mejorar su resiliencia frente a las conmociones y los desastres climáticos a través de paquetes financieros integrados, como los créditos contingentes y los seguros basados en el mercado.

Transformar el futuro
La acción climática consiste no solo en gestionar los riesgos, sino también en aprovechar las nuevas oportunidades. Los mercados de todo el mundo se están transformando para capitalizar mejor el potencial de lograr modelos más ecológicos y con menor nivel de emisión de carbono, favoreciendo así los bienes con menores emisiones de carbono y orientándose hacia caminos de desarrollo más ecológicos y resilientes para transformar los lugares donde viven las personas.

En Egipto, en la zona del Gran Cairo, se está llevando adelante un programa de viviendas asequibles y edificios ecológicos en momentos en que el Gobierno busca integrar el clima en sus iniciativas de desarrollo. Los edificios se ajustan al sistema de calificación de la pirámide verde, y se adoptan prácticas inocuas para el clima que, en principio, propicien un posicionamiento de los edificios que permita el máximo flujo de aire a través de la vivienda. Las paredes son casi el doble que las de las unidades habitacionales asequibles existentes. Se prevé que las viviendas consumirán entre un 24% y un 50% menos de energía que los edificios convencionales, y cada una tendrá sus propios paneles solares fotovoltaicos para brindar energía eléctrica a las empresas de servicios públicos.

En Ghana, una iniciativa impulsada por la ciudadanía permitió construir rápidamente en Accra un hospital con cero emisiones netas al inicio de la pandemia de Covid-19. El arquitecto de Accra, Kofi Essel-Appiah, intervino para diseñar el hospital, de forma desinteresada, para “garantizar que la refrigeración sea de bajo costo, que no se pierda energía y que se adopten medidas adecuadas de ahorro de agua”.

Cientos de profesionales, consultores y trabajadores de la construcción donaron su tiempo para construir el Centro de Enfermedades Infecciosas de Ghana, de 100 camas, el primero de su tipo en el país. Se estima que la construcción del edificio con cero emisiones netas costó un 30 % menos que lo que hubiera costado un edificio convencional después del primer año. “Tuvimos que hacer una excavación profunda”, declaró Essel-Appiah. “Como país, miramos dentro de nosotros mismos y construimos algo sostenible para la nación y para la humanidad; no podría sentirme más orgulloso”.

Sharm el-Sheikh es un momento clave en el calendario climático, pero no es el único: la acción climática se ha arraigado y está generando resultados en todo el mundo. Desde los mercados de carbono de Jordania hasta la preparación de Nepal para los desastres, desde la transición energética de Sudáfrica hasta el metro de Nueva Delhi y los pequeños Estados insulares que generan resiliencia vital, distintos países del mundo están construyendo un futuro más seguro, más limpio y más próspero, e inteligente con respecto al clima.

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