La  casa de las sombras

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“… en un país que todo él era un gran problema social, la inversión en el manicomio de La Castañeda parece demasiado lateral, y, desde luego, muy urbana y citadina…”. [1]

“A pesar de los bombos y platillos con los que don Porfirio había inaugurado la institución, todos sabían que diez años de descuido y una revolución de por medio habían transformado a La Castañeda en el bote de basura de los tiempos modernos y de todos los tiempos por venir. Éste era el lugar donde acababa el futuro…”. [2]

El Palacio del olvido, de los relegados, la gran casa de los desdeñados, la mansión donde entre sombras de vida y de los castaños en sus jardines hereda el nombre propio de aquella antigua hacienda pulquera propiedad de  Ignacio Torres Adalid en Mixcoac, creación del régimen bajo guía del doctor Eduardo Liceaga, precursor de la psiquiatría moderna en México. La construcción del manicomio levantado bajo el diseño del ingeniero militar Salvador Echegaray inspirado en el hospital psiquiátrico francés “Charenton” de París, Francia, fue obra encargada al ingeniero Porfirio Díaz Ortega, hijo del eternizado mandatario bajo la inspección de Luis León de la Barra. Al Hospital Psiquiátrico La Castañeda lo inauguró el propio don Porfirio Díaz Mori el día 1 de septiembre de 1910 como parte de los grandes momentos y obras para la conmemoración del Centenario del inicio del movimiento por la Independencia mexicana.

¿Quiénes eran los ciudadanos que llegaban a esa institución? Este moderno hospital estuvo poblado de niños, delincuentes, ancianos, alcohólicos, drogadictos y prostitutas. De acuerdo con el Reglamento de 1913, los enfermos estuvieron distribuidos en las siguientes secciones: el Pabellón de las Distinguidos recibió a pensionistas de primera clase sin —distinción de padecimientos—; el Pabellón de Observación, era destinado a indigentes y pensionistas de segunda y tercera clase, previa su clasificación; una Sección Especial reservada a los toxicómanos; el Pabellón de Peligrosos albergó a los asilados violentos, impulsivos o agitados, también resguardaba a los presos de seguridad incierta.

Junto con las oficinas administrativas, al gran complejo lo integraban: “… los pabellones de Epilépticos, de Imbéciles y de Infecciosos (en esta última sala fueron canalizadas las prostitutas). Tal parece que el manicomio de los años revolucionarios de México albergó a los homosexuales, enfermos venéreos y todos aquellos que postergaban la razón en aras a las demandas de la pasión. (González, 1995:64-65)” [3], consta para el cierre definitivo de sus actividades el año olímpico de 1968 sombreado por una larga historia de malos tratos, abusos y perversiones e ineficiencia médicas en contra de sus internos: “Debido a las pésimas condiciones en que se encontraban las internas en La Castañeda, el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz decidió, en 1967, inaugurar granjas-hospitales ubicadas en las afueras de la ciudad, a donde fueron trasladados los 5 000 habitantes del antiguo manicomio.” [4]

La Matilde Burgos multiplicada, estigmatizada, discriminada y olvidada después de la continua explotación sexual, internada bajo el rubro como prostitutas y enfermas mentales. Cuerpos debilitados por el consumo de los fármacos, el rechazo social y particularizado, intensificaban los rigores de las enfermedades, porque aún vigente el arcaico juicio misógino: “… la melancolía cuando afecta a las mujeres es mucho peor que en los hombres, su locura es más fuerte y más incurable”. [5]

Suntuosa paráfrasis en piedra de la renacentista Nave de los locos: “…Si bien es cierto que en el Renacimiento existía la nave de los locos, práctica según la cual  se expulsaba a los locos en barcos que recorrían los ríos de Europa, la conciencia crítica era una forma de subjetividad que experimentaba a la locura como aquello que denunciaba las insensateces de las costumbres que la gente consideraba racionales y correctas…” [6]

La historia nefasta de este centro de salud atrae la visión del mitómano multiplicado: todo mundo fue a La Castañeda para constatar las atrocidades e indagar qué sucede en el ser humano cuando la razón es una prenda perdida, los rasgos de la tortura mental y los restos de la esperanza tronchada, huera la vida, gnosis de vegetal; lápices, pinceles, cámaras fotográficas escudriñaron entre las sombras de los pasillos el ir y venir de los rescoldos de humanidad en sus habitantes, el llanto y la carcajada estrepitosa, el sueño interrumpido y el sopor bajo el sol, los vejámenes y las oraciones en vacío… todo mundo es un testigo de qué fue en realidad La Castañeda y porqué, derrumbada su historia, aún es historia a desentrañar: “Costó casi dos millones de pesos… este lugar tan lejos de la historia y tan lleno de historia.” [7]

Curiosamente el rostro del dolor y sufrimiento de los internados en La Castañeda perdura en Amecameca… “sobrevivió la fachada majestuosa de estilo francés, que piedra por piedra fue trasladada de la ciudad de México a Amecameca, en donde hoy resguarda celosamente la vida religiosa de Los Legionarios de Cristo.

“La labor de salvamento la realizó el ingeniero Arturo Quintana Arioja, quien era dueño de AQ Industrial, empresa dedicada a la construcción en la rama de la carpintería. Fue él quien compró, en 1968, la fachada del manicomio y, con un ejército de hombres, se hizo a la tarea de numerar cada piedra para después hacer la reconstrucción del frontispicio en un terreno al pie de los volcanes.” [8]

[1] Enrique Krauze. El místico de la autoridad. Porfirio Díaz. página 114. FCE, 1987.

[2] Cristina Rivera Garza. Nadie me verá llorar, página 37. (Maxi) Tusquets Editores, 2014.

[3] http://www.azc.uam.mx/publicaciones/tye/lacasta%F1edarios.htm La Castañeda Por: Guadalupe Ríos, consultado el 12 de febrero del 2016.

[4] http://www.azc.uam.mx/publicaciones/tye/lacasta%F1edarios.htm La Castañeda Por: Guadalupe Ríos, consultado el 12 de febrero del 2016.

[5]Melancólicos y endemoniados en Nueva España, Antonio Rubial García en su reseña a Roger Bartra (ed.), Transgresión y melancolía en el México colonial, México, Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades-UNAM, 2004.

[6] Michel Foucault: “Historia de la Locura en la Época Clásica”.- 06/16/2008 by Aquileana.

[7] Cristina Rivera Garza. Obra citada, página 46.

[8] La historia desconocida del Hospital La Castañeda. Universal de México. México D.F., a 31 de agosto de 2010

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