Estas autonomías redefinen las relaciones de género y su valor agregado es una sociedad más igualitaria, dijo Pablo Yanes Rizo, coordinador de investigación de la CEPAL en México.

Las brechas de desigualdad de género implican procesos de discriminación estructural que se dan por las normas legales, políticas o las actitudes culturales predominantes en los sectores público o privado, que generan desventajas comparativas para algunos grupos y privilegios para otros.

Por ello, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) propone la construcción de las tres autonomías de las mujeres: física, económica y política, da a conocer el Foro Consultivo Científico y Tecnológico (Fccyt).

La autonomía física se refiere a la seguridad personal, derechos sexuales y reproductivos. La económica es la obtención de ingresos y activos suficientes para la no dependencia, y la autonomía política es la incidencia en la toma de decisiones.

“En la medida en la que se construyen las tres autonomías para las mujeres se redefinen las relaciones de género en la sociedad, y el valor agregado son ciudades más igualitarias”, dijo Pablo Yanes Rizo, coordinador de investigación de la Cepal en México durante el coloquio Los derechos humanos de las mujeres: avances, retos en políticas públicas con perspectivas de género y mecanismos para su evaluación, realizado en la Ciudad de México.

El economista mexicano señaló que “el potencial transformador de ‘autonomía’ es más fuerte que el de ‘inclusión social’, pues no es sólo la capacidad de tomar decisiones, también implica el reconocimiento recíproco. La autonomía implica una relación de solidaridad que construye nuevas redes sociales, ya que las tres autonomías son interdependientes”.

Yanes Rizo dijo que se necesitan políticas que desmonten la discriminación estructural ya que “si no se construye autonomía política es muy difícil contar con autonomía económica y autonomía física, por lo que el desarrollo en sí, es un problema político”.

Agregó, que las brechas de desigualdad en América Latina son muy marcadas.

“Una tercera parte de las mujeres en América Latina no tienen ingresos, y las que los tienen, no les son suficientes”.

Por otro lado, las brechas salariales son más cortas cuando ambos géneros carecen de una profesión.

“Para las mujeres, el grado académico sólo acentúa aún más la brecha salarial en relación a los hombres pues estas rara vez asumen un puesto líder. Para ellas, estudiar no es suficiente” reveló Yanes.

Advirtió que en un estudio realizado por la Cepal, en donde se analizó la posición de las mujeres en las empresas de América Latina, se comprobó que de 72 empresas exploradas, solo tres (ubicadas en Brasil, Colombia y Perú) estaban dirigidas por mujeres.

Así, para lograr un nuevo estilo de desarrollo en América Latina “necesitamos dos perspectivas: la igualdad y la sostenibilidad. Un desarrollo sostenible que no tenga igualdad sustantiva de género no es desarrollo ni es sostenible”, concluyó.

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