Noche de las Estrellas, un regreso a nuestros orígenes

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Todas las culturas sin excepción observaron el cielo y lo utilizaron como un referente, pero de especial forma, las culturas mesoamericanas tenían una obsesión y una devoción muy especial por mirar los cuerpos celestes, dijo José Franco, coordinador general del Foro Consultivo Científico y Tecnológico, en la sede de “Las Islas” de Ciudad Universitaria, de la Noche de las Estrellas 2017 que se realizó ayer.

“Fray Bernardino de Sahagún relata en el Códice Florentino, que había unos espacios en las azoteas de las casas donde cabía un hombre acostado, se cubría con una tela delgada sostenida por postes de madera y con la cuadrícula que le daba la tela realizaba mediciones astronómicas. Ese personaje de la cultura mesoamericana era conocido como un observador del cielo.

“Durante la Colonia, con una presencia hispana fuerte en el gobierno las cosas cambiaron de matiz, obviamente, las culturas mesoamericanas ya no pudieron ejercer esa devoción por el cielo, aunque nunca se perdió. Pero en estos momentos con el evento más grande de observación astronómica de toda América Latina, nuestro país está regresando a esa pasión por el cielo. La Noche de las Estrellas es un reto y un retomar ese entusiasmo que caracterizaba a los mexicanos”, expuso en entrevista.

Cosmovisión mesoamericana
Franco agregó que el desarrollo del conocimiento del cielo fue la materia prima de la cual se alimentaron las cosmovisiones de todas las culturas.

Stonehenge, ubicado en Inglaterra, fue un centro ritual prehistórico alineado con el movimiento del Sol; uno de sus propósitos era también determinar los periodos de “abundancia de alimentos” a través de los ciclos de estaciones como primavera y verano.

Pero el Universo y el tiempo tenían significados muy diferentes en Europa y en América: En Europa eran regidos por la religión, lineales e inmutables, mientras que, en América, eran cíclicos, regidos por el conocimiento del cielo; morían y renacían continuamente.

En Mesoamérica, uno de los principales calendarios que se desarrollaron fue el maya Tzolkin, que consta de 260 días (13 grupos de 20 días), por lo que no es un calendario solar, sino lunar. Como los mayas lo consideraban era una distribución armónica de los días, al usar la menor cantidad de energía posible y obtener el mejor resultado.

El Tzolkin, era el calendario maya sagrado, y el Haab, el calendario civil, que consta de 365 días (18 meses de 20 días, más 5 días adicionales; más exactos y complejos que los europeos). Aunque no está bien claro cómo se llegó a esta cuenta tan precisa de los días, sí se sabe que los mayas heredaron conocimiento matemático de la cultura olmeca, explicó Franco.

En la iconografía maya clásica, la Vía Láctea, ese largo y fulgurante torrente de estrellas, era la imagen tangible de un cocodrilo sangrante, un saurio cósmico (ahiin ek’) que había sido destrozado por el dios del cielo, suceso mítico ocurrido en una época caótica del Tiempo Primordial (3 mil 298 a.C.).

En las alturas celestiales, los mayas visualizaron una serie de concentraciones de estrellas que fueron personificadas por distintos animales. Constelaciones vistas como un ave, serpiente con cola de pez, escorpión, tortuga marina de estrellas, serpiente de cascabel, jaguar, dios de la muerte, murciélago y lo que podría ser un perro, las cuales están plasmadas en la tabla astronómica del Códice de París.

“Para esta novena edición de la Noche de las Estrellas, sobre todo niños, pero también jóvenes y adultos pudieron disfrutar de una noche esplendorosa en todo el país, el cielo estuvo despejado en las 100 sedes, por lo que los visitantes pudieron observar entre otros cuerpos celestes, la nebulosa de Orión, galaxia Andrómeda y cúmulo estelar de las Pléyades”, dijo el expresidente de la Academia Mexicana de Ciencias.

Del total de artículos de astronomía que se producen en todo el mundo, 2.1 por ciento tiene como uno de los coautores a un mexicano. En la actualidad, hay alrededor de 250 astrónomos en el país que realizan astronomía de la más alta calidad, como lo mencionó Luis Corral, en la pasada Feria Internacional del Libro, pero a partir de la Noche de las Estrellas, se espera que la lista de astrónomos mexicanos empiece a aumentar.

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