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Friday, December 9, 2022

Ráfaga: ¡Ya tengo mi gallo!, es de espolones zacatecanos

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Jorge Herrera Valenzuela
Twitter / Facebook

• Se llama Ricardo Monreal Ávila
• Experiencia político-administrativa
• Romper con dignidad, mirando de frente

Ciudad de México, 24 de septiembre de 2022.- Me encontré en el Centro Histórico de la Ciudad de México con un antiguo amigo y colega, el abogado Marcelino Loyez Benítez. Tras el efusivo abrazo y afectuoso saludo, sin más me dijo, eufórico y sonriente: “licenciado, qué cree, ¡ya tengo gallo para el veinticuatro!”.

El hombre me recordó que militó en las filas priistas, de las cuales tuvo que aislarse porque “después del asesinato de Colosio, el partido se dividió y muchos vimos cómo el salinismo le dio la estocada final usando al antipriista que “en petit comité” designaron al presidente para el último sexenio del siglo pasado”.

Loyez Benítez, michoacano de corazón, continuó hablando: “Mire amigo Herrera, me he mantenido al margen de la política y no acepté una invitación para figurar como candidato a diputado por un partido, de esos que se dicen de oposición; no voy a quitarme la camiseta tricolor, pero tampoco acepto lo que se está viviendo con un entreguista, descarado y cínico, que como dijo un panista ese sujeto se vendió más rápido que el avión presidencial”.

Lo detuve en su amplia explicación. “Dígame mi respetado abogado y catedrático universitario, cómo ve el proceso electoral para la sucesión presidencial del 2024”. Me invitó a sentarnos a tomar un café en el restaurant del Hotel Majestic, sí, el de Madero y Plaza de la Constitución, frente a Palacio Nacional, donde se adaptó un “austero departamento” para el presidente de México.

¡Voy con Monreal, a ganar!
Nos acomodamos placenteramente. Ahí nos habíamos reunido a comer con varios compañeros de profesión, entre ellos, el tapatío Héctor Basulto Barocio, abogado postulante, maestro en la UdeG y notario público. Siempre la conversación es sobre política, los políticos y los malandrines que se han colado sin tener la más mínima vocación de servicio ni una ideología definida. Ni principios.

Mi amigo michoacano no paraba de hablar. A su celular le habían enviado un video grabado por el senador zacatecano Ricardo Monreal Ávila “y oiga bien licenciado Herrera, nadie habla tan claro, directo, sin tapujos, como el senador Monreal. No le da vuelta a las cosas ni nos enreda con palabrería”.
Continuó el diálogo. Bueno, don Marcelino, ¡ya suéltela! Trae mucha prisa y lo veo nervioso, le dije.

–Mire, quiero que sepa después de oír al senador hablando de que hace veinte años renunció al PRI y ahora veinte años después tiene que tomar una decisión muy difícil, dando a entender que se va del movimiento y del partido que él fundó, decidí ponerme de su lado, aunque no lo conozca personalmente.

—Vamos por partes mí estimado colega. Afirma que no sé quitará la camiseta de priista y apoyará a quien deja Morena, a quien ya estuvo en el PRD, en el PT, en Movimiento Ciudadano.

—No confundamos la gimnasia con la magnesia. Entiéndame, por favor. Monreal Ávila desde el año pasado, cuando tuvo la primera entrevista con López Dóriga, en el noticiero de televisión, me cayó de perlas. Joaquín lo acorraló y el senador no negó su aspiración a ser candidato presidencial de Morena, insistió, lo repitió y dijo que estaría en las boletas electorales del veinticuatro.

“Ni me pegunte mucho –siguió—voy con Ricardo Monreal y vamos a ganar, él en 40 años no ha perdido en las urnas”.

Amistad y hermandad, no experiencia
Don Marcelino no se detuvo. Tomó un sorbo de café. Prosiguió: “desde entonces, sin pensarlo más, simpaticé con ese señor que ha sido diputado, presidente municipal, cenecista, gobernador y hasta delegado político en la Cuauhtémoc, de aquí, cuando era el De Efe. ¿Hay o no hay experiencia para el manejo político?”

—- ¿Cómo califica a Monreal, como candidato presidencial, frente a las “corcholatas” del tabasqueño?

— ¡Ay!, qué pregunta don Jorge. No es lo mismo llegar, por amistad o hermandad, a un cargo público, a una alta responsabilidad, sin tener idea de lo que debe hacerse. Preferir a una excelente amiga e incondicional, sumisa, que a un político-político que puede hacerle sombra al jefe. Eso fue lo que encumbró a la primera de las tres corcholatas, que hoy se gasta el dinero en mantas promoviéndose para que la gente de los Estados conozca cuando menos su rostro.

— No es bueno criticar, sin fundamento. La jefa del Gobierno de la Ciudad de México es una doctora en Ciencias, catedrática. Académicamente preparada y fue delegada política en Tlalpan, donde nació el 24 de junio de 1962. Sesenta años cumpliditos.

—Bueno, yo pregunto, ¿Usted con quien jala? La susodicha tiene sus méritos universitarios, fue activista, huelguista y en la administración pública llegaría a conocer los problemas de la delegación, porque en el cargo que tiene simplemente demostró falta de colmillo, en las pasada elecciones intermedias perdió 9 de las 16 hoy llamadas Alcaldías. No tiene el “filing” para conciliar y no me diga que la corrupción ya se acabó en las ventanillas de servicio al público.

—Lo veo, mi estimado Marcelino, muy engallado. No olvide que hay dos más en la lista de sucesión. El secretario de Gobernación y el de Relaciones Exteriores.

–¡Va! Creo que no me explico. Lo que reina en estos momentos es una muy perjudicial y adelantada campaña para el veinticuatro. Son la amistad y la hermandad. El hombre que todas las mañanas tiene su propio programa de televisión, ha dicho y reiterado que la jefa de la Capital es una amiga de hace mucho. Cuando nombró, en agosto del año pasado, a Adán Augusto López Hernández fue muy claro y preciso: “Es mi hermano, es mi amigo, es de todas mis confianzas”.

Así fue la presentación del nuevo secretario de Gobernación, quien al día siguiente inició su campaña al aprovechar la entrega de los volúmenes del Informe Presidencial en la Cámara de Diputados. Veinte minutos de la puerta del salón de sesiones al presídium. Abrazos, fotos, aplausos y besitos en las mejillas. También el que dejaba de ser gobernador de Tabasco no domina la problemática nacional. Tiene antecedentes de diputado federal y de senador, sin pena ni gloria.

Del licenciado Marcelo Luis Ebrard no abundó mucho mi interlocutor. Reconoció que cuenta con experiencia desde los días en que fue secretario general de Gobierno del Distrito Federal y su trayectoria lo llevó a ser subsecretario de Relaciones Exteriores y jefe del Gobierno Capitalino, entre otros desempeños públicos. Tiene una buena imagen internacional. Pero no goza de la amistad, de la hermandad ni de toda la confianza de su jefe, a quien representó en las honras fúnebres de la Reina Isabel II, acompañado de su esposa Rosalinda Bueso.

Monreal: conciliador y sensato
Muy interesante la improvisada conversación, un fructífero encuentro amistoso. El licenciado Loyez Benítez aseguró que el zacatecano, devoto del Santo Niño de Atocha y de San Judas Tadeo, debe ser escuchado por todos los sectores y enterarse de que su idea central está en ser presidente conciliador. Los mexicanos estamos divididos por una ponzoñosa campaña iniciada el 1 de diciembre de 2018, desde Palacio Nacional.

“Verá Usted, licenciado Herrera, recuerdo que antes, la verdad, no me fijaba en Ricardo Monreal y hasta hablé mal de él, por su extremo control en el Estado de Zacatecas, siendo gobernador. Por esos días quien hacia comentarios a su favor era el abogado zacatecano de nombre Rafael Cervantes Acuña, recién fallecido”, continuó el que hoy es “monrealista” o “ricardista”.

No sabemos hacia dónde dirigirá sus pasos quien hoy el líder de la bancada senatorial de Morena y motor central de la Cámara Alta, quien, según el licenciado Loyez Benítez, será candidato presidencial, independiente o no, con el respaldo de la ciudadanía en todo el País. Mi amigo me pidió que oyera algunas frases que grabó Monreal en el video que está circulando. “Ha llegado el momento (de separarse de Morena) cuando el trato, la cortesía y las formas han estado ausentes”.

En esa misma grabación como fondo, con la imagen del zacatecano, escuché: “Es la hora de definir la conclusión de este ciclo de mi vida, lo cual ocurrirá los próximos días… Por decoro, más allá de los puestos y los cargos, debo asumir de manera contundente una posición política”.

—Ya oyó, señor licenciado. Es muy claro que el doctor en Derecho Ricardo Monreal Ávila sí quiere ganar la Presidencia de México, pero no para frenar las acciones positivas que se han realizado, sino para reagrupar a las mexicanas y a los mexicanos, restaurar a la clase media de una sociedad subestimada”, expresó Loyez Benítez, y afirmó que el tabasqueño lo hizo a un lado como procedió contra Porfirio Muñoz Ledo y Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.

Las especulaciones, los comentarios personales, las opiniones blancas y negras, se produjeron por más horas y terminamos pidiendo que nos sirvieran de comer. Coincidimos en que primero hay que saber quién le dará el respaldo político para postularse como candidato y qué partido político lo cobijará, qué apoyos reales tendrá para financiar una campaña nacional y de alcanzar el triunfo, prepararse para una tarea titánica, un enfrentamiento a quien hoy mantiene una popularidad inexplicable.

Todo parece indicar, es apreciación del comentarista, que, aunque al interior de Morena hay una división fenomenal, aunque hagan encuestas para decidir a quién hacen aspirante presidencial, la última palabra será la del hombre de “Las Mañaneras” y nadie más. La flecha apunta hacia el edificio del Antiguo Ayuntamiento, donde despacha la primera “corcholata”.

Por cierto, que en un reciente evento en que estaba la doctora Sheinbaum, el embajador norteamericano, Ken Salazar, “se equivocó” al expresar: “La señora presidenta Claudia Sheinbaum”. Obvio, hizo aclaraciones, justificaciones y sonrió porque él no debe meterse en la política de México.

“Tembló” en Fresnillo
¿Qué creen, estimados lectores de este diario digital? Pues nada menos que en Fresnillo, Zacatecas, también “tembló”, un 19 de septiembre. Sí, en el año de 1960. Ese día nació uno de los 14 hijos del matrimonio formado por don Miguel Monreal Huerta y doña Catalina Ávila Alvarado

Agradezco la colaboración de doña Tere Torres Portillo.

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