Para entender al Papa Francisco

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México, como cualquier país del mundo, mantiene relaciones diplomáticas con todas las naciones del mundo, o casi todas. Durante el año recibe mandatarios y misiones diplomáticas de distintos países.

El Papa Francisco es uno de ellos. El Vaticano también es un Estado con reconocimiento oficial internacional.

La diferencia está en los fines.

En el caso del Papa Francisco su misión es, eminentemente, pastoral. Es la función terrenal de todas las iglesias del mundo; no hay otra, aunque, por actuar en la sociedad, involucren visiones políticas, económicas y sociales.

Durante su visita a nuestro país, los medios de comunicación (las redes sociales incluidas) han sido prolíficos en presentar las actividades de Francisco; es parte del trabajo normal de cualquier medio informativo.

Las redes sociales, sin embargo, muestran algunos aspectos que parecen ignorar la visión diplomática que todo mandatario de un país debe tener.

En la diplomacia, como en la política, quienes saber jugarla, por lo general, “tejen muy fino” y en ambas actividades humanas “la forma es fondo”, muchas veces.

Muchos quisieran que Francisco respondiera directamente a cuestiones de índole personal o grupal, lo cual no posible.

Su pensamiento para dar respuesta a ese tipo de preguntas está en el magisterio de la Iglesia, expuesto en documentos oficiales, en especial cuando habla “Urbi e Orbi” (A la Ciudad de Roma y al mundo) y, sobre todo, en las Encíclicas.

Francisco ha expuesto todos esos puntos de vista en la Encíclica “Laudato si” (Alabado seas), emitida a mediados del año pasado.

Hasta aquí. Serán los diplomáticos quienes expongan mejor tales ideas.

Otro aspecto que no se toma en cuenta y que es consubstancial a las giras que realizan los Papas, desde que abandonaron las paredes del Vaticano para ir al encuentro con la sociedad, es el escatológico.

La Escatología es parte importante de la Teología y tiene que ver con los finales de la vida y del ser humano.

De hecho, es parte importante de la pastoral eclesiástica y cualquier religión, aún las politeístas, la contemplan.

Desde este punto de vista se entiende a la perfección la multitud que Francisco congregó en Ecatepec, esta mañana. Ecatepec, conurbada a la Ciudad de México, es uno de los municipios más poblados de Latinoamérica.

Pero no sólo eso. Es también una inmensa ciudad donde sus gobernantes no han podido dar respuesta a la satisfacción íntegra de sus necesidades más elementales por lo que muchos habitantes viven en la pobreza de distinta índole y tienen que aferrarse a todo de tipo de esperanza que les dé claridad a su futuro personal, familiar y social.

La prostitución de la política, que en otros tiempo fue también un asidero de quienes esperaban un mundo mejor, los alejó de estas expectativas y quedaron sin rumbo aparente, por lo que vieron en Francisco al gran enviado para darles un hálito de porvenir, tal vez, mejor. Para ellos, sus hijos y su sociedad.

La esperanza pertenece al mundo de los ideales más recónditos del ser humano. Los antecedentes más remotos del pensamiento occidental se encuentran en el mito griego: La Caja de Pandora, y en el retorno de Quezaltcóatl, en la mitología azteca, para México.

De hecho, no existe religión alguna que no la incluya como expectativa del desarrollo humano. Incluso, sociedades tan belicosas como las primigenias del norte de Europa y del Oriente del planeta, la tienen presente.

La exitosa serie televisiva “Los Vikingos” está llena de esas manifestaciones y sus protagonistas son prototipo de quienes, viviendo en la tierra y con las armas en las manos, tienen un pensamiento puesto en el más allá.

Tal vez, sea hora de leer o releer la excelente obra de Erick Fromm: “La revolución de la esperanza” o alguno de los múltiples escritos del francés Ignace Lepp, un consumado existencialistas cristiano que caminó del marxismo al catolicismo.

Estos autores y otros más darán una luz para comprender bien a bien las multitudes que en Ecatepec vitorearon a Francisco, hecho que se repetirá en Chiapas cuando mañana visite a esta entidad del sureste nacional.

En San Cristóbal de las Casas y en Tuxtla Gutiérrez, Francisco estará ante dos escatologías simbióticas: la cristiana y la indígena.

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