De la fealdad en los animales

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En la contemporánea herramienta de la comunicación humana, “las redes sociales”—para cada cual y su particular gusto— aparecen imágenes de los animales más feos, raros y extraños en el mundo. En uno de esos tantos espacios aparecen los diez de mayor “monstruosidad” (los top-ten, para abundar en la tontería): el topo nariz de estrella; el tarsero (un primate); el pez mixino; el aye-aye; el mono narizón; el cangrejo yeti; la lombriz gigante de Palouse; el topo rata desnudo; el dugong;  el ajolote…, en otra más, con pretensión de exhaustiva agravada en su inicio con el infaltable “bueno”, sin atención a las adaptaciones al medio ambiente quedan 100 ejemplos de fealdad en el reino animal con base en el juicio humano determinado por su experiencia en el hábitat del concreto y electrónica.

Poco hay de sedimento de la biología supuestamente aprendida en la etapa de la educación primaria, de la secundaria y previa a la profesional. El puntal para esta divulgación es el gracejo, la burla, la transgresión de las leyes naturales en procura de la risa fácil.

Para mayor desesperación me enviaron un párrafo supuestamente jocoso:

“¡Porque le hacían bullying!

“Da nuevo rostro a perro ‘feo’.

“Pareciera que ahora los estándares de belleza no sólo aplican para los seres humanos sino también para los perros. ¿La razón de nuestra afirmación? ‘Snooky’, un perro que fue metido al quirófano porque era feo y sufría ‘bullying’ por parte de otros canes, dijo su dueña Sarah Pinkerton Smith. ‘Siempre pensé que él era un perrito guapo pero fue muy fastidiado durante años. Era hora de hacer algo. Por suerte, Hollywood tenía la solución’, dijo la mujer. La cirugía incluyó levantamiento de cuello y ojos, y un ajuste de orejas.”

Según el textito anterior representa un mayor daño físico y/o mental al aplicar el término de “bullying” (anglicismo innecesario en la lengua española) que el directo y claro en cada una de sus variantes: acoso, maltrato, agresión, hostigamiento, humillación, ultraje, agravio…

Trasladamos al comportamiento animal el dictamen diferenciado cultural de “fealdad” que rige entre los grupos humanos, contravenimos los dictados de la biología y sus respuestas al entorno que, en el caso concreto de los perros, aceptamos —como si tuviéramos fisiología y mentalidad perruna— los juicios de valor con base al criterio humano.

Si existe la supuesta señora Sarah Pinkerton Smith, mal habla de ella la decisión para remediar lo que a su juicio pensaban los perros agresores en contra de “Snooky” —si es verdad lo ahí afirmado— y peor queda quien retransmite esa información con afán de jocosidad pues muestra sólo la enorme ignorancia en biología y la disponibilidad del ocio humano que somete a sus compañeros animales al dolor, sin un mínimo respeto por ser como es y de acuerdo a su evolución natural o adoptada. Nada hay tan riesgoso como una afirmación tajante; la belleza y la fealdad son juicios culturales prácticamente con valor de localidad. Lamentablemente la señora Pinkerton (si es en verdad alguien real y actuante en la vida) y seguidores, retuercen la valía y prioridades sensitivas en los animales en función de sus antecedentes propios para su armonía y, equivocadamente consideran que la apreciación humana es valor en las decisiones de los animales. En el caso concreto de los perros, la señora Pinkerton y quienes aceptan por verdad la situación de “Snooky” olvidan o ignoran que si la vista es un sentido substancial para estos compañeros, poseen mayor importancia el olfato (aunque nos provoque náuseas) y el oído para su forma de vida. Resulta vergonzante una broma cimentada en la ignorancia del conocimiento supuestamente adquirido en las escuelas. Al final queda la duda ¿es una broma a través de “las redes sociales”, es información distractora, o una muestra de la estupidez humana?

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