Selva del Darién: cómo encarar la cobertura de una gran crisis

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Andrés Colmán Gutiérrez / IJNet

Washington, D. C., 23 de noviembre de 2022.- Abordar un reportaje sobre una gran crisis humanitaria requiere no solamente recursos logísticos, acompañamiento de guías locales confiables, medidas de seguridad y una buena preparación física, sino principalmente de una estabilidad emocional y reglas éticas de respeto y empatía con quienes encaran la situación. Así lo indicó la periodista argentina Carolina Amoroso, quien relató su experiencia cubriendo la odisea de miles de migrantes en situación de desplazamiento forzoso para cruzar la selva del Darién, en la frontera entre Colombia y Panamá, en el intento de llegar a Estados Unidos. Lo hizo en un seminario web organizado por el Foro Pamela Howard del Icfj sobre Cobertura de Crisis Mundiales.

El encuentro, convocado virtualmente por el Foro, tuvo el formato de un cine-debate, en donde los participantes pudieron apreciar el trabajo periodístico de Amoroso; vieron el documental “TN en el infierno de la Selva de Darién: la odisea de los que escapan en busca de un futuro mejor”, del canal argentino Todo Noticias. Luego pudieron conocer las recomendaciones de la comunicadora y formular preguntas acerca de las dificultades para abordar una cobertura como la que ella realizó, junto a los miembros de su equipo.

Amoroso es una periodista que ha realizado varias coberturas internacionales riesgosas, como sus reportes sobre la guerra en Ucrania. Además, es autora del libro “Llorarás: Historial de éxodo venezolano”. Para este trabajo, pasó 10 días junto a los camarógrafos David Santistebe y Juan Pablo Chávez, acompañando a los migrantes, principalmente venezolanos, que se adentraban en el hostil Tapón del Darién, buscando cruzar por trochas o senderos clandestinos a través de territorios selváticos, pantanosos y montañosos, desde Necoclí y Capurganá, en Antioquía, Colombia, hasta Canaán Membrillo, en Panamá, narrando las terribles vicisitudes de esa travesía.

“Lo que sufren los migrantes es, principalmente, un destierro, ya que son forzados a salir de sus territorios originales, donde ya no pueden vivir con dignidad y libertad, por situaciones económicas o políticas. Huyen de la pobreza, la persecución política, la falta de libertades, la xenofobia, la discriminación. Es un tema que yo venía siguiendo y me sorprendía que no tuviese la visibilidad suficiente por parte de los grandes medios de comunicación, a pesar de ser una de las mayores crisis humanitaria de Latinoamérica”, explicó Amoroso.

La periodista propuso la cobertura a uno de sus jefes y obtuvo en seguida la autorización y los recursos para realizarla. “El Darién es nuestro Mediterráneo, es todo lo que está mal en nuestro continente. Es un camino de deshumanización. Allí no hay institucionalidad, no hay presencia del Estado, porque el negocio del cruce es manejado por la mafia del Cartel del Golfo, especialmente en el lado de Colombia. Los guías engañan a la gente, cobran dinero y luego los abandonan en la selva. Muchas personas mueren en la travesía”, relató.

En 2021, más de 130 mil personas cruzaron la selva del Darién. A mediados de 2022, habían hecho la travesía unas 44 mil personas, según los datos recopilados por Amoroso.

A pesar de tener suficiente experiencia en coberturas de riesgo, el hecho de enfrentarse a una situación como la del cruce del Darién hizo que la periodista se sienta otra vez una principiante. “Una se pregunta si está suficientemente preparada para un trabajo de esta envergadura, genera muchas dudas y preguntas”, admitió.

Indicaciones para informar sobre una crisis
A partir de su experiencia en investigar e informar sobre el cruce de los migrantes en la frontera amazónica, Amoroso compartió una serie de recomendaciones para encarar la cobertura de una grave crisis como la del Tapón del Darién.

Trabajar con buenos recursos logísticos y apoyo de periodistas locales: “Es importante tener el respaldo de una empresa periodística, que provea los medios para contar con transporte y equipos necesarios, poder contratar a fixers, a colegas periodistas de la región que sean confiables, que no solamente hagan de guías que conozcan bien el terreno, sino que nos ayuden a relacionarnos con la gente del lugar, con sus códigos y lenguajes. No es recomendable en absoluto encarar el trabajo a ciegas, sin saber en dónde nos estamos metiendo”.
Identificarse como periodistas en todo momento: “Debemos saber ganar confianza de las personas a quienes vamos a entrevistar y acompañar; que sepan que no las estamos engañando. Hay que presentarse con todos los miembros del equipo, decirles quiénes somos, de dónde venimos, cuál es el objetivo de lo que estamos haciendo, por qué lo hacemos, cuándo y dónde vamos a difundir el material que estamos grabando y contar con la autorización para usar sus voces y sus imágenes. Obtener esa confianza es fundamental para que confíen en brindar sus testimonios, que permitan registrar sus historias”.
Contar con los permisos y autorizaciones de las autoridades: “A pesar de que en muchas partes no existe presencia institucional del Estado, es importante cumplir los requisitos burocráticos de gestionar los permisos necesarios, comunicar nuestra presencia, trabajar en forma abierta y transparente, sin condicionar nuestros contenidos. Esa transparencia va a permitir desplazarnos con mayor seguridad y protección ante situaciones peligrosas”.
Respetar los sentimientos de las personas: “Debemos tener en cuenta la situación de vulnerabilidad en que se encuentran muchos de los migrantes, principalmente los que sufren pérdidas y situaciones límites, y respetar profundamente lo que están sintiendo. No aprovecharnos de sus situaciones de víctimas al registrar sus historias, sus testimonios. Que nadie sienta que traicionamos su confianza”.
No caer en reduccionismo ni romantizar las historias: “Cuando nos acercamos a estas grandes crisis, solemos tender a pensar en estas personas solo como víctimas, con una condición totalizadora. Es verdad que son víctimas de una situación desigual, de un país que los expulsa, en donde son discriminados, en donde sufren el abandono o la ausencia del Estado, pero también son personas con una enorme fortaleza, con una enorme capacidad de resiliencia, de decidir, de anteponer el amor en la situación más apremiante. Debemos asumir el desafío de no revictimizarlas. No ser reduccionistas a la hora de contar las historias”.
No caer en los engaños de fuentes oficiales o sectores interesados: “Han tratado de vendernos muchas versiones, de que el cruce es totalmente seguro, de que se realiza con personas que acompañan y protegen a los migrantes. No es verdad. Lo que encontramos en el terreno y los que nos cuentan los propios protagonistas en totalmente diferente. El cruce del Darién es una experiencia terrible; en muchos casos mortal”.
Tratar de tener fortaleza emocional: “Nos hemos encontrado con situaciones terribles en el camino. Es recomendable que tengamos algún acompañamiento antes y después de hacer las coberturas: alguna terapia, alguien con quien puedas compartir una manera de pensar el periodismo, alguien que sea tu confidente, para ver la luz y la mirada sobre la historia del otro”.

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