Ritual de inauguración de Ruta 6 del Metrobús

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Este mediodía se inauguró la Ruta 6 del Metrobús, que corre de Valle de Aragón, al oriente de la Ciudad de México, hasta El Rosario, en el poniente.

En total suma 35 estaciones de paso y dos terminales. Conecta con las Líneas 1, 3 y 5 del mismo sistema de transportación masiva y con las Líneas 3, 4, 5, 6, 7, 8 y B del Metro; beneficia a 145 mil personas por día y 49 colonias.

Su color es rosa mexicano y tuvo un costo de 1,250 millones de pesos. Con sus 20 kilómetros de longitud, se suma a la red del Metrobús que registra un crecimiento del 19 por ciento, cubre 125 kilómetros y abarca 11 de las 16 Delegaciones de la Ciudad de México.

La inauguración de la Ruta 6 la realizó el jefe de Gobierno de la ciudad, Miguel Angel Mancera Espinosa, en la Estación Colegio de Bachilleres No. 9. El tiempo de traslado en toda la ruta será de 60 minuto, con un ahorro del 40 por ciento del tiempo anterior.

En materia ambiental, evitará la emisión de 20 mil toneladas de dióxido de carbono (CO2) anuales, que sumadas a la reducción del resto de la red, da un total de 140 mil toneladas de CO2 menos al año.

Hasta aquí, los datos técnicos.

Lo que sigue es el ritual de esta inauguración, realizada 3 meses después de su fecha original.

En este casi un año de construcción, la Ruta 6 del Metrobús trajo infinidad de problemas para los habitantes del Eje 5, que conecta al oriente con el poniente de la capital y que es paso obligado de automovilistas, camiones de pasajeros y de carga que van al norte, occidente, oriente y centro de la república.

Anoche pregunté a una de los cientos de agentes de tránsito que se ubicaron en el Eje 5 (Montevideo y su continuación: Poniente 140), cuándo sería la inauguración.

– Mañana, me dijo, sin precisar la hora.

Desde la madrugada de hoy pude ver desde la ventana de mi departamento la tranquilidad del Eje 5. Usualmente, muy concurrido; ahora no fue así. Había tranquilidad en la calle que lucía lustrosa, porque anoche hasta muy altas horas, ejércitos de la Oficina de Limpia de la ciudad trabajaron para retirar todo: desde cascajo hasta basura.

Eso sí, como barrían en seco, las polvaredas se veían a varias cuadras a la redonda.

Pues bien. La calle estuvo tranquila. Sólo unos cuanto autos particulares y camiones de transporte urbano que conectan a la Estación Politécnico del Metro con los municipios del norte y norponiente del Valle de México transitaban de cuando en vez.

Los miles de trabajadores que, diariamente, se trasladan al poniente de la ciudad tuvieron que arreglárselas para llegar a sus destinos, porque los clásicos microbuses y autobuses que daban este servicio fueron “jubilados”.

La vialidad limpiecita, bien vigilada, con señalización de pintura fresca en sus cruces con avenidas y calles por donde atravesaba, policías de vialidad bien arreglados y muy atentos con los peatones, y semáforos en perfecta sincronización fue lo que vio Mancera Espinosa en este periplo por el norte de la Ciudad de México.

Es el ritual de las inauguraciones en México.

Atrás quedaron los desmanes que hicieron sobre la vialidad que, una y otra vez, destrozaban para volverla a reconstruir; negocios pequeños que tuvieron que cerrar por las incomodidades de los clientes para atravesar la avenida; los sufrimientos (incluyendo piernas rotas) de personas que pasaban por la averiada vialidad y de coches que sufrieron diversas descomposturas por los hoyancos.

Todo eso es historia. Lo mismo que el desprecio para la ciudadanía que durante casi un año soportó estoica esos trabajos que, a veces, realizaban sólo dos o tres hombres, en forma manual, mientras la maquinaria permanecía ociosa, aunque sí cobraba por las horas no trabajadas.

En fin, “París bien vale una misa”, frase pronunciada por Enrique IV, en julio de 1593, para exponer que no importa lo que se haga con tal de lograr un fin. Ahora, Mancera Espinosa pudo rememorar esa frase célebre.

La Ciudad de México cuenta con una nueva Ruta del Metrobús; Mancera debe estar tranquilo y satisfecho, sobre todo, porque esta obra se inauguró un día después de que el Distrito Federal murió para dar paso a la Ciudad de México.

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