De cómo las universidades protegen la investigación sensible

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Washington, D. C., 16 de marzo de 2020.- Las universidades en Estados Unidos y en todo el mundo están trabajando para proteger sus investigaciones sensibles de la interferencia extranjera y el robo.

El sistema de la Universidad de California, por ejemplo, capacita a todos sus investigadores sobre las formas de proteger la información delicada e identificar los conflictos de intereses. Se enseña a los investigadores a buscar vínculos no revelados con gobiernos extranjeros y actividades que indiquen una influencia extranjera.

“Nos tomamos estos temas y la protección de nuestra investigación y nuestro trabajo muy, muy en serio”, dijo Alexander Bustamante, jefe de cumplimiento del sistema de la Universidad de California, que consta de diez recintos universitarios, cinco centros médicos y tres laboratorios nacionales.

Las universidades de todo Estados Unidos están tomando medidas en varios frentes, desde trabajar estrechamente con las fuerzas del orden y capacitar a los investigadores hasta revisar todas las donaciones y subvenciones extranjeras que puedan suponer riesgos. Estas acciones provienen de las mejores prácticas de seguridad de la Asociación de Universidades Estadounidenses y la Asociación de Universidades Públicas y de Subvenciones de Terrenos, que representa a muchas instituciones de educación superior en Estados Unidos, Canadá y México. En Australia se están realizando esfuerzos similares, según el grupo de trabajo sobre interferencia extranjera en la Universidad de Australia.

La protección de las investigaciones sensibles requiere un equilibrio delicado. Los valores académicos como la apertura, la transparencia y la cooperación internacional son parte integrante de lo que hace que las universidades tengan éxito. Sin embargo, al mismo tiempo, esos mismos valores pueden ser explotados para robar o utilizar indebidamente la investigación.

¿Cuál es la preocupación?
El Partido Comunista Chino (PCC) está aplicando una estrategia denominada “fusión militar-civil“, en virtud de la cual la investigación y la tecnología que la República Popular China adquiere con pretextos civiles se utiliza luego para promover los objetivos de investigación y desarrollo militares.

Estados Unidos tiene un “sistema muy abierto, del que estamos profundamente orgullosos”, dijo en febrero el secretario de Estado, Michael R. Pompeo. Pero, aunque hay áreas en las que Estados Unidos y China pueden cooperar, dijo, Estados Unidos no puede ignorar la decisión del gobierno chino de “explotar nuestras libertades para obtener ventajas sobre nosotros”.

El secretario Pompeo expuso varias maneras en que el CCP trata de adquirir investigación de manera ilegal o no ética, incluyendo:

• La captación de científicos y profesores para transferir sus conocimientos a China a cambio de grandes pagos como parte de numerosos programas de talento.
• El establecimiento de asociaciones con instituciones extranjeras en proyectos de investigación civil, todo ello mientras se asegura que el ejército chino coseche los beneficios.
• Presionar a los estudiantes chinos que estudian en el extranjero para que informen a Pekín sobre sus investigaciones o las de sus compañeros.

Bustamante subraya que “las colaboraciones internacionales son esenciales para la investigación y la gran mayoría no son problemáticas”. Pero cuando surgen problemas, “estamos rastreando, atendiendo e investigando” cualquier cosa que surja.

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