La Sonata

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Identificada con el número 16 en do mayor, K. 545* del fecundo Wolfgang Amadeus Mozart (Joannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart[]Salzburgo, 27 de enero de 1756Viena, 5 de diciembre de 1791—) es una de las sonatas para piano con mayor difusión, diferenciada cáusticamente con el sobrenombre de Facile o Semplice. Mozart la agregó a su catálogo el 26 de junio de 1788 —junto con su Sinfonía nº 39— y la desarrolló en tres movimientos: Allegro, Andante y Rondó.

La aparente sencillez y facilidad para su interpretación deviene del “limitado” esfuerzo físico para su desarrollo y consecución que deja a la fina digitalización la responsabilidad para obtener el efecto en el público.

El niño prodigio, el músico consentido por instruidos y neófitos creó esta demandante sonata a los treinta y dos años de edad lo que implica que no es un simple juego en el teclado. La poca aparatosa interpretación sin el desmelenamiento efectista ni la violencia ampulosa contra el teclado representan un riesgo enorme para la recreación de la obra, el sutil ir y venir de los sonidos nos permite trasladarla al silbido y de ahí admitir la apariencia de su sencillez cuando en realidad la compleja escala empleada determina una frágil solidez en la interpretación con riesgo permanente para la pérdida del “tempo”.

Esta obra, “ligera”, es obra de madurez de Mozart y en tanto a ello, encierra el sobrio vigor mental compositivo y el dominio de las ideas traspuestas al piano en el desarrollo de los temas/dialogo de las manos o cuando queda al dominio en favor de la izquierda. Con duración variable de los 13 a los 14 minutos para su allegro, andante y rondó, es realización destacada en la misión del prodigio representado con gesto travieso que cela un intelecto ya establecido y maduro con dominio de su instrumento y de su expresión.

Habla con sensibilidad en el lenguaje propio de los sentimientos intraducibles a la lengua de la razón y resulta hermética la esencial emoción aportada en la vida y el momento del compositor para otras épocas. La ardua y profunda argumentación determina la cercanía temporal del autor con el escucha contemporáneo a través del intérprete. En Mozart, el hijo del compositor de la “Sinfonía de los juguetes”, todo parece fácil y hasta chocarrero, la profundidad de su pensamiento estético es un efluvio de vitalidad inteligible escasamente demandante en comparación con la obra de otros creadores. Mozart es recóndito, complejo, exigente bajo el manto de la cordialidad que en algunos casos lleva al intérprete a dotarlo con un dejo dulzón convenencieramente trivial.

La sonata para piano número 16 en do mayor, K. 545 de Wolfgang Amadeus Mozart, que tantas interpretaciones propicia —algunas un tanto desconcertantes para el lego— ésa, jocosamente apodada “la fácil”, “la facilita” nada tiene de ello, si faltan los aspavientos es para hablar con sutileza a nuestro interior y decir lo que un pensamiento profundo le dice a otro pensamiento para levantarnos en un solo y armónico pensamiento, una de las finalidades del arte, la casi imposible unión de dos sensibilidades surgidas en espacios, tiempos y condiciones diferentes.

De los múltiples estudios descriptivos de la obra nada tocamos porque el lenguaje del arte no permite el traslado a vocablo convencional, posee el valor de lo absoluto humano y es idioma abismal a veces confundido con el de los sueños, con el de la fantasía, que son creaciones de una mente elevada intraducible, inasible, de indescriptible generosidad.

 

*K. 545 o KV. 545 indica el catálogo de la obra mozartiana creado por Ludwig von Köchel de donde “K” es sencillamente Köchel y KV determina Köchel Verzeichnis, Catálogo Köchel, en alemán.

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