Muy pocas cosas se disfrutan en la vida como el triunfo. Eso lo es todo. Se lucha, se sufre, se enfrenta para lograrlo, pero una vez alcanzado se saborea la victoria como la vida misma. Es el caso de Yalitza Aparicio Martínez, la indígena oaxaqueña zapoteca, convertida ahora en un ícono cinematográfico, con posibilidades de obtener el Óscar en la próxima entrega de estos codiciados trofeos de reconocimiento mundial.

Basta con observar todas sus expresiones y sus ojos para descubrir la felicidad de una mujer que jamás en su existencia pensó llegar hasta donde ahora está y mostrar la felicidad que le embarga.

De profesión (aún sin terminar) maestra y, en especial educadora, deja al descubierto la convivencia de esa relación con los infantes, quienes por carecer de una normatividad social ajustada sobre lo bueno y lo malo, se dejan llevar sólo por la natural intuición que pone al descubierto la cultura natural que adquieren en su convivencia con lo cotidiano.

De ese contacto, las educadoras sacan lo mejor de sí mismas para estar a la altura de sus educandos. Educar es eso, precisamente, llevar de la mano a quien lo necesita para que, poco a poco, como es la naturaleza, vaya descubriendo el mundo el que le rodea y en el que nació y se desarrolla y al que aspira llegar.

Yalitza es la muestra más clara de la nueva axiología que ya recorre varios rincones del mundo. Una especie de eterno retorno. La vuelta a las fuentes originales de la vida. Aggiornamiento, le llamó el Vaticano; renacimiento, sería la expresión común, tras las sacudidas de las últimas décadas en muchas dimensiones del ser humano, en sus aspectos naturales: sociales, económicos y políticos.

El reconocimiento del ser indígena, mujer y trabajadora doméstica, una tríada que durante siglos significó discriminación, ahora va por sus fueros. Lo hace desde una de las industrias más poderosas de la existencia humana: El cine, y desde la cuna más simbólica de esta actividad: Hollywood.

Nada duda que esa cuna de la industria cinematográfica se mueve con intereses bien definidos y forja modelos a seguir y rumbos del devenir humano. Impone modos de vida, estilos del quehacer humano, formas de vestir y actuar y hasta principios y finales de la vida.

Ahí surgieron las primeras mujeres de plástico y de vida desenfrenada, pero también ahí surgieron los primeros gritos sobre el regreso a la naturaleza y a la vida simple, como es el nacimiento de cualquier ser vivo.

Yalitza, esa sí, en verdad, está haciendo historia.

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