Dr. Mercola

Estados Unidos, 26 de noviembre de 2022.- Investigaciones recientes sobre las muertes por consumo excesivo de alcohol en Estados Unidos revelaron que las tasas tienen una tendencia al alza. Del 2015 al 2019, 1 de cada 5 muertes (el 20.3%) en el grupo de edad de 20 a 49 años se relacionó con el consumo excesivo de alcohol.

Si se considera el grupo de edad de 20 a 64 años, 1 de cada 8 muertes estuvo relacionada con el alcohol. Esto convierte a esta sustancia en una de las principales causas de muerte que podrían prevenirse en Estados Unidos. El porcentaje de hombres que mueren por el consumo excesivo de alcohol (15%) fue más alto que el de las mujeres (9.4%), pero ambos están aumentando. Las muertes más comunes que se asocian con el alcohol son la intoxicación etílica, los accidentes automovilísticos, los suicidios, las caídas y la insuficiencia pancreática o las enfermedades hepáticas relacionadas con esta sustancia.

De acuerdo con los autores: “La cantidad de muertes prematuras podría reducirse si se implementaran más políticas en torno al consumo de alcohol en la población con base en las evidencias, así como aumentar los impuestos sobre el alcohol o regular la densidad de los puntos de venta del mismo”.

Consumo de alcohol se elevó mucho durante la pandemia
Otros datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos sugieren que la tasa de muertes atribuidas al alcohol de forma directa aumentó en más del 25% en 2020, el primer año de la pandemia, cuando muchas personas se aislaron y trabajaron desde casa. La tendencia se mantuvo así hasta 2021 que, para entonces, era un 34% mayor que los niveles previos a la pandemia.

Existe una relación clara entre la soledad y el abuso de alcohol
Esto no debería ser una sorpresa, ya que, desde hace mucho tiempo, los investigadores establecieron que existe una relación clara entre el aislamiento, la soledad y el abuso y la adicción al alcohol. Como se indica en el análisis científico de 1992, titulado “Loneliness and Alcohol Abuse: A Review of Evidences of an Interplay”: «Una reflexión teórica basada en las observaciones clínicas puede remontarse a los años 50… Aún no se tiene un pleno conocimiento al respecto, pero el análisis indica que la soledad puede ser significativa en todas las etapas del curso del alcoholismo: como factor que contribuye al abuso y que hace que, cada vez, se consuma en mayores cantidades o que sea muy difícil dejarlo.

“Existen informes que concuerdan con esto, ya que demuestran que los alcohólicos se sienten más solos que los miembros de la mayoría de los demás grupos. En los consumidores que comenzaron con el abuso de alcohol mucho antes, la soledad está relacionada con una serie de características negativas y, junto con varias de ellas, un mal pronóstico. Sin embargo, no existen relaciones obvias con la situación social externa (es decir, la red) o la cantidad de bebida. En cambio, el sentimiento de soledad parece relacionarse más con una percepción negativa sobre uno mismo y las relaciones con otras personas, así como con una insatisfacción general con la mayoría de las cosas de la vida».

Un estudio anterior reveló que el “sentimiento de soledad” era el factor que más influía en el pronóstico de los alcohólicos avanzados, seguido de “una insatisfacción general con la situación existente, sin importar su naturaleza”. Como señalaron los autores, «en resumen, el alcohólico solitario mostró un patrón recurrente caracterizado por el descontento y la insatisfacción, en combinación con algunos rastros de pasividad en esferas vitales esenciales».

Los American Addiction Centers también destacan que el aislamiento es un obstáculo para lograr la sobriedad y mantenerla. Desde luego, no ayudó en nada que las licorerías se consideraran un «negocio esencial» durante la pandemia y que se mantuvieran abiertas mientras se cerraban las iglesias, los gimnasios e, incluso, los parques y las playas. No cabe duda de que los funcionarios de salud pública no tenían en mente la salud de la población cuando tomaron estas decisiones.

Una historia breve sobre el alcohol
Joe Rogan entrevistó en su podcast al Dr. Edward Slingerland, académico universitario y profesor de filosofía, al igual que autor del libro titulado «Drunk». Slingerland destaca un punto importante, y es que la humanidad no ha bebido licores fuertes en ningún punto de la historia. Por tradición, el alcohol se consumía en forma de cerveza la mayor parte del tiempo, con una concentración de alcohol de entre el 2% y el 3%, al igual que en forma de vino, con una concentración del 8% al 10%. Como señala Edward Slingerland, la cantidad de alcohol que se puede obtener mediante la fermentación tiene un límite. Tal vez, ya sabe que la fermentación es el proceso por el que la levadura convierte el azúcar de la cerveza en alcohol.

Desde hace uno o dos siglos, los fabricantes de alcohol han desarrollado levaduras más resistentes, capaces de alcanzar tasas de fermentación de hasta el 16%. En la actualidad, ese es el límite superior de la fermentación, ya que, en ese punto, el alcohol detiene la actividad de la levadura. La destilación, que es otro invento que se usa hoy en día, es una forma de lograr mayores concentraciones de alcohol. Cuando se calienta la bebida alcohólica es posible capturar el etanol en forma de vapor y volver a convertirlo en líquido, lo que da como resultado una forma muy concentrada de alcohol, es decir, un licor destilado que puede alcanzar el 90% de alcohol por volumen (ABV).

Como señaló el profesor Slingerland, el cuerpo humano no es capaz de manejar una concentración de esa magnitud. Así pues, aunque la humanidad fabrica y consume bebidas alcohólicas desde hace miles de años, sólo en los últimos tiempos el alcohol se ha convertido en una potente toxina que debe regularse con mucho cuidado.

¿Qué cantidad se considera excesiva?
De acuerdo con los expertos, se considera consumo excesivo de alcohol cuando se toman cinco o más bebidas alcohólicas en una sola ocasión, en el caso de los hombres, mientras que en el caso de las mujeres son cuatro o más bebidas. Una “bebida” se define como 12 onzas de cerveza (poco más de 340 mililitros), 5 onzas (más de 142 mililitros) de vino o 1.5 onzas de licor (46.5 mililitros).

Consumo excesivo de alcohol, factor principal de daño hepático
De acuerdo con los investigadores, el aumento de la mortalidad por cirrosis se debe en su totalidad al consumo excesivo de alcohol por parte de los adultos jóvenes. A lo largo de la historia, se ha considerado que la cirrosis hepática relacionada con el alcohol es una afección que se desarrolla tras dos o tres décadas de consumo excesivo, no obstante, estas nuevas estadísticas revelan que no es necesario que pase tanto tiempo, ya que ahora se presenta en personas de 20 y 30 años (y les quita la vida). En el grupo de edad de 25 a 34 años, la muerte por enfermedad hepática relacionada con el alcohol fue casi tres veces mayor entre 1999 y 2016. Este aumento es paralelo a las estadísticas que mostraron un aumento en el consumo excesivo de alcohol entre 2002 y 2012.

De igual manera, se correlaciona con la crisis financiera mundial de 2008, que fue cuando empezaron a surgir más muertes por cirrosis. Los investigadores creen que las preocupaciones por problemas financieros y de desempleo pueden haber sido factores importantes que contribuyeron a que más personas bebieran cada vez más. La buena noticia es que la cirrosis hepática relacionada con el alcohol puede revertirse si se detecta a tiempo y si la persona deja de beber.

Limite el consumo de fructosa para proteger y sanar su hígado
Aunque dejar la bebida es un requisito previo, debe limitar o eliminar la fructosa de su alimentación; sus fuentes principales son las bebidas dulces, como los refrescos y la mayoría de los alimentos y condimentos procesados. La fructosa se metaboliza en el cuerpo de forma diferente a la glucosa, lo que desencadena la producción de subproductos tóxicos (como el ácido úrico) que son similares a los producidos por el metabolismo del alcohol, lo cual tiene efectos dañinos similares en el hígado.

Existen datos claros que relacionan el consumo de fructosa con la producción de grasas, que es un proceso patológico asociado a la enfermedad del hígado graso no alcohólico (Nafld), el cual provoca resistencia a la insulina y enfermedades relacionadas, como la diabetes tipo 2, la hipertensión, las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y la demencia.

Uno de los mejores libros que se han escrito sobre los riesgos de la fructosa es «The Sugar Fix», del Dr. Richard Johnson, profesor de medicina de la Universidad de Colorado. La mayor parte del trabajo de Johnson consiste en la investigación, que se centra, en especial, en la relación de la fructosa con la obesidad, hipertensión arterial, enfermedades renales e hígado graso. Otro de los principales expertos en este campo es el Dr. Robert Lustig, profesor de endocrinología pediátrica de la Universidad de California en San Francisco (Uscf). Sus investigaciones demuestran que el azúcar, en la mayoría de sus formas, actúa como un veneno cuando se consume en exceso, sobre todo si se trata de la fructosa.

Los datos sugieren que la persona promedio consume 126.4 gramos de azúcar al día, que es más de cinco veces el máximo recomendado, mientras que su hígado, que procesa el azúcar, no es capaz de manejar una carga de tal magnitud. Cuando se sobrecarga el hígado de esta manera, es inevitable desarrollar una enfermedad metabólica crónica. Como lo indica el Dr. Lustig, la diabetes tipo 2 no es otra cosa que resistencia a la insulina en el hígado. La recomendación es mantener el consumo total de fructosa por debajo de 25 gramos al día, pero para muchos, en realidad, sería prudente limitarlo a 15 gramos o menos, ya que la mayoría de los alimentos procesados contiene fructosa sin que usted lo sepa.

Nutracéuticos que contribuyen a la salud del hígado
Además de eliminar la fructosa y otras formas de azúcar de su alimentación, también existen suplementos nutricionales que pueden ayudar a proteger y restaurar la salud y la función de su hígado, tales como los siguientes:

N-acetilcisteína (NAC): La NAC es un precursor necesario para la biosíntesis de glutatión. De hecho, las investigaciones sugieren que puede ser una mejor alternativa para apoyar la salud del hígado en aquellas personas que padecen enfermedades hepáticas crónicas, en comparación con el antioxidante resveratrol. La suplementación con NAC también puede ayudar a reducir el daño relacionado con el consumo de alcohol cuando se toma antes de beber.
Folato (Vitamina B9): Consumir folato en mayores cantidades también puede ayudar a proteger la función hepática. En un estudio, los investigadores descubrieron que los niveles de folato y vitamina B12 fueron claves para revertir el desarrollo de la fibrosis (formación de tejido cicatricial).

Asimismo, diversos estudios han demostrado que la deficiencia de folato puede aumentar el riesgo de cáncer de hígado. En uno de ellos, en el que participaron pacientes con hepatitis B (que corren un mayor riesgo de sufrir daños en el hígado), los niveles más altos de folato se asociaron con un riesgo 67% menor de cáncer de hígado. El cuerpo almacena alrededor de 10 a 30 miligramos de folato a la vez, de los cuales casi el 50% se encuentra en el hígado. El folato es la forma natural de la vitamina B9 que está presente en los alimentos. Algunas opciones excelentes son las verduras de hoja verde, espárragos, brócoli, coles de Bruselas y aguacates.

Cardo mariano: Se trata de una hierba que se usa desde hace miles de años para favorecer la salud del hígado, riñones y vesícula biliar. En la actualidad, se utiliza para tratar las enfermedades hepáticas que se desarrollan a causa del alcohol y las toxinas. El ingrediente activo, que es la silimarina, actúa como antifibrótico en el hígado, lo cual impide la cicatrización de los tejidos. También bloquea las toxinas cuando inhibe su unión a los receptores de la membrana de las células hepáticas. De igual forma, la silimarina protege el hígado y promueve una función hepática saludable, ya que suprime la inflamación celular y aumenta los niveles de glutatión, un poderoso antioxidante que ejerce un rol importante en la desintoxicación de metales pesados y otras sustancias nocivas.

Cómo reducir o evitar el consumo de alcohol
Si no tiene una adicción, pero tiende a beber más de lo que se considera «moderado», piense en reducir su consumo o dejar de beber por completo. Tome más agua, incluso, cuando esté bebiendo alcohol para socializar. Si no quiere tomar agua regular, tome agua mineral y agregue las Gotas Orgánicas para la Salud Digestiva, fruta fresca o hierbas.

También puede intentar beber solo en determinados días y dentro de límites moderados o mezclar cócteles menos concentrados de lo habitual. Si se encuentra en un evento social y desea limitar su consumo de alcohol, tenga a la mano una bebida sin alcohol para que no le ofrezcan más. Asimismo, puede hacer que su cuerpo absorba el alcohol más despacio si come algún alimento al mismo tiempo.

Apoyo para quienes sufren trastornos por el consumo de sustancias
Si vive en Estados Unidos y necesita ayuda o apoyo para sobrellevar su adicción al alcohol (o si necesita apoyo porque un familiar o amigo tiene un problema de adicciones), contacte a la Administración de Servicios de Salud Mental y Abuso de Sustancias al 800-662-HELP (4357). Es una línea de ayuda gratuita y confidencial, disponible en inglés y en español, a la que puede acceder las 24 horas del día, todo el año. Ahí puede obtener ayuda inmediata, ya sea para usted o para alguna otra persona que sufra un trastorno mental o por consumo de sustancias y pueden remitirlos a centros de tratamiento locales, grupos de apoyo y organizaciones comunitarias.

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