En el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Politécnico Nacional (Cinvestag,IPN) se realiza una investigación sobre algunos componentes del ajo útiles contra la giardiasis, enfermedad infecciosa que provoca 200 millones de casos al año en América Latina, Asia y África.

Giardia duodenalis es el nombre del parásito que causa esos 200 millones de casos de infección al año, registrándose mayor riesgo en la población infantil, en las regiones tropicales, subtropicales y en zonas rurales de los países en desarrollo, dio a conocer el Foro Consultivo Científico y Tecnológico (Fccyt).

El organismo microscópico invade el intestino delgado lo cual puede manifestarse como un síndrome diarreico agudo, crónico o intermitente llamado giardiasis, debido a la ingesta de alimentos o agua contaminada.

Hasta ahora, algunos medicamentos utilizados para combatir la enfermedad, como el metronidazol o el albendazol (este último muy usado para desparasitar a los niños) no fueron diseñados específicamente para esa función, por lo que su eficacia es muy variable y podría presentar reacciones adversas a la salud.

Por ello, Raúl Argüello García, investigador del Cinvestav analiza algunos componentes del ajo para combatir a éste y otros parásitos.

“El ajo es un vegetal tradicional usado para combatir enfermedades infecciosas y parasitarias que se remonta a unos 4 mil años de antigüedad. Ahora, a través del impulso de la ciencia molecular se ha descubierto que tiene múltiples beneficios”, comentó durante el Simposio “La evolución de los antiparásitos”, que se realizó en las instalaciones de ese centro de investigación politécnica.

Una de las particularidades del ajo es el alto contenido de los compuestos organosulfurados, que son los que contienen azufre.

“Cuando el ajo se comienza a formar, tiene un precursor llamado alina que al cortar o trocearlo interactúa con una enzima llamada aliinasa (también presente en el ajo). Esa unión de enzima y sustrato va a ocasionar la formación del compuesto estrella: la alicina”.

Al no poder aislar este compuesto directamente del ajo, el investigador la sintetizó de un precursor disponible comercialmente: el dianildisulfuro.

“Con este precursor promovimos la oxidación con peróxido de hidrógeno y obtuvimos una alicina en un 90 por ciento pura”, explicó. Así, el proceso de investigación comenzó analizando los compuestos del ajo.

“Cuando tenemos cualquier compuesto ya sea de origen natural o sintético seguimos una ruta experimental que consta en lo siguiente: realizar ensayos de susceptibilidad in vitro (a nivel laboratorio) con la finalidad de calcular la concentración letal mínima y de ahí analizamos el modo de acción”.

Este mecanismo de acción, dijo, se puede analizar gracias a las técnicas de microscopía electrónica de barrido que se utilizan para analizar las células a nivel individual o con técnicas de citometría de flujo para determinar el efecto de los componentes del ajo ya en el cultivo del parásito.

“De ahí se procedió a realizar estudios in vivo, con el fin de determinar los índices tóxicos de los medicamentos que se utilizan como antiparasitarios del mercado. Posteriormente, se llevó a cabo un estudio en ratones con metabolismo lento puesto que es fácil que un parásito como Giardia se alojé ahí”, explicó Argüello García.

Extracto de ajo fresco versus medicamentos

De manera concluyente, dijo, “observamos que sólo el polvo de ajo comercial tiene la capacidad de eliminar el parásito y demostramos que la alicina y sus precursores tienen una alta capacidad giardicida con tan sólo una dosis de 1.4 milimolar”.

El modo de acción de la alicina contra el parásito consiste en que destruye la membrana del parásito, “la rasura”, mientras que los medicamentos disponibles en el mercado sólo la expanden y “queda como un calcetín usado”.

“Esto ratifica que la alicina tiene un efecto citolítico, es decir, destruye las células del parásito”, explicó.

Aunque esta investigación se encuentran en un nivel de ciencia básica, el estudio sienta las bases para futuras investigaciones clínicas, concluyó el investigador del Cinvestav, institución que forma parte de la Mesa Directiva del Fccyt.

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