Jorge Herrera Valenzuela

Ciudad de México, 26 de febrero de 2020.- Desde finales del Siglo XIX las mujeres mexicanas emprendieron una lucha para no ser relegadas, recordando a las que participaron en el movimiento de 1810. Después una joven duranguense tomó por asalto la tribuna del Congreso Constituyente de Querétaro para demandar igualdad en derechos políticos; en 1923, conquistaron ser diputadas locales en Yucatán y en San Luis Potosí. En 1953, les fue otorgado, por decreto presidencial, el voto y la oportunidad a ser postuladas a cargos de elección popular. Nada fácil ganarse ese derecho, pues trabajaron más de sesenta años.

Hoy, en el cibernético y desquiciado Siglo XXI, a nivel internacional, se está desarrollando un movimiento femenil, cuya bandera no es por la igualdad de género sino en defensa de la ola de violencia desatada y México no podría ser la excepción. Secuestros, asesinatos, violaciones y acoso sexual en oficinas públicas y privadas, en los transportes colectivos, son la nota periodística que se ha vuelto cotidiana.

En la última década creció el ataque a las mujeres, niñas, jóvenes y adultas. Se habla de bandas internacionales que operan impunemente. Se dice que en nuestro país la delincuencia organizada es la raptora de jovencitas que son llevadas a otras naciones para prostituirlas. Muchas de las víctimas han sido cruelmente asesinadas, después de ser violadas e inclusive mutilados los cuerpos.

Está convocado El Paro Nacional de Mujeres. Se llevará a cabo #UnDíaSinMujeres. Antes habrá otras marchas, como la que encabezará la politóloga y columnista política Denise Dresser, quien la anuncia para celebrarla el 8 de marzo o sea un día de la manifestación nacional. “…vestida de morado y con una pañoleta verde al cuello, marcharé con mis alumnas, con mis amigas, con mis colegas, con miles de mujeres” y añade Denise: “Ojalá que el 9 de marzo, México amanezca con hospitales sin doctoras, universidades sin profesoras, aviones sin pilotas, laboratorios sin científicas, maquiladoras sin trabajadoras y hogares sin amas de casa, trastes sin quien los lave”.

Como queda asentado en párrafos anteriores, este movimiento no es por la igualdad de género, como lo interpretan en Palacio Nacional donde afirman que se dio equidad en la integración del gabinete presidencial, que los apoyos económicos son para un mayor número de mujeres, que las becas escolares benefician a miles de niñas. No, la protesta de las mujeres de todo el país es por la nula acción gubernamental lo mismo en el ámbito federal, que en los Estados y no se diga en los municipios como Ecatepec de Morelos, Edomex.

El presidente López Obrador informa que diariamente se reúne, a las 6 de la mañana, con los encargados de la seguridad y tras recibir el parte, se dictan medidas. Pues hasta ahora, el resultado es cero y las noticias de asesinatos y secuestros siguen en Puebla, en Guanajuato, en Guerrero y en la Ciudad de México, cuya jefa, Claudia Sheinbaum Pardo, ha dicho: “No somos el estado con más problemas de feminicidio, (pero) las mujeres de nuestra Ciudad no se sienten seguras”.

El problema no se resuelve con dinero, no se soluciona con discursos y menos con calificativos presidenciales de que el movimiento es de “los conservadores”, lo prohíjan “los neoliberales”, además de que todo es “para estar en contra de nosotros”. Este es un asunto en el que el presidente de México, los gobernadores, Claudia Sheinbaum y los presidentes municipales, deben de considerar como grave y que requiere una estrategia muy bien coordinada por expertos en seguridad pública, en una acción permanente, no se trata de hacer una campaña temporal y mucho menos electorera.

Pregunta para meditar:
¿La Presidencia de la República tendrá, para antes del lunes 9 de marzo, un proyecto de solución integral de este problema nacional?

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