Ciudad de México, 15 de octubre de 2019.- Para doctor honoris causa por la Unam, Rolando Cordera Campos, sigue habiendo una profunda desigualdad en México, sin una economía sólida ni empleos suficientes y bien remunerados, por lo cual advirtió que estas circunstancias ponen a nuestro país en una crisis social de grandes proporciones.

Cordera Campos, al dictar la conferencia magistral “El desarrollo frente la democracia y la igualdad”, en el auditorio Ho Chi Min de la Facultad de Economía, dijo que en México persisten altos niveles de pobreza y la incapacidad para sustentar nuevas plataformas de bienestar generalizado.

Alertó que México vive en una trampa de crecimiento lento y desigualdad, que reproduce la segmentación del conjunto nacional, agudiza la división norte-sur y pone a nuestro país en una crisis social de grandes proporciones y consideró que estas situaciones deberían definir el rumbo del debate político nacional y los planes de recuperación económica. “La democracia tiene que ser capaz de asumir estos reclamos provenientes de su estructura, que no es ni ha sido sólo política”, sostuvo.

Cordera Campos, quien es profesor emérito de la Facultad de Economía y ex integrante de la Junta de Gobierno de esta casa de estudios, expuso que no se han atendido algunas deudas del desarrollo, en particular, el reclamo social y resaltó que la política se ha vuelto plural y la economía abierta y diversificada, con perspectivas de aumentar su potencial, pero a merced de la extrema competencia que han traído los nuevos mundos que surgen en el contexto de la crisis global y la mutaciones hegemónicas que vivimos.

Dijo que China e India son más que economías emergentes que buscan un lugar en las constelaciones que se forman a partir de esta nueva transformación capitalista de la poscrisis global: “son grandes formaciones de poder y liderazgo en desarrollo, que pretenden ser hegemónicas”, detalló.

Sin embargo, apuntó que estos cambios de la política y economía mundiales no han propiciado la conformación de núcleos dinámicos donde pueda asentarse una verdadera redistribución del ingreso, la riqueza y las oportunidades.

Explicó que después de la crisis de 2008 y su secuela de lenta e incierta recuperación, lo que priva como amenaza inminente en los nuevos mundos son los nacionalismos extremos, la xenofobia y el racismo, y el olvido radical de los valores de la Ilustración y las democracias sociales que pudieron erigirse en la segunda posguerra.

Indicó que la combinación entre economía y política, democracia y capitalismo, Estado y mercado, vuelve como un conjunto de dilemas que por su gravedad exige acción integral por parte del Estado y coaliciones multiclasistas. “La hora de una nueva economía mixta para el desarrollo y la justicia social podría haberle llegado a la democracia y el pluralismo mexicanos”, sentenció.

Rolando Cordera subrayó que no se deben olvidar las lecciones de pasado para imaginar nuestro presente y futuro como panoramas adánicos, donde todo debe inventarse de nuevo sobre las ruinas a golpe de voluntad y desconocimiento. “Habría que decir que es hora de reconocer lo que importa y vale la pena para el porvenir, así como lo que debe reformarse o reformularse cuanto antes”, opinó.

La desigualdad es la cuestión decisiva de nuestro tiempo y hay que entenderla como un problema del desarrollo y la democracia. Necesitamos sortear nuevas avenidas, redescubrir el desarrollo y fortalecer nuestra democracia frágil, así como reconstruirnos como comunidad, con mejores formas de entendernos y cooperar.

Economista por la Unam y con estudios de posgrado en economía y sociología del desarrollo en la London School of Economics, Reino Unido, expuso que la nuestra es una crisis que arrastramos desde hace años. “Es económica a la vez que ideológica, y su seña de identidad es la pérdida general del rumbo”.

Hay que imaginar estrategias para hacer del desarrollo un proceso de cambio social y pedagogía democrática. Se debe articular nuestra evolución política en torno al desarrollo de los derechos, y al derecho al desarrollo, de modo que sean la estructura de una política de Estado que, por incluyente, puede demostrarse efectivamente democrática, concluyó Cordera Campos.

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