De héroe político a villano favorito

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Muchos fotógrafos mexicanos aún recuerdan con cierta ironía la imagen del perro callejero, mezclado entre los grupos de manifestantes que recorrían las principales calles de Lima, Perú, marchando en contra del recién reelecto presidente Alberto Fujimori, cubierto con un pedazo de trapo que le cubría la espalda sobre el que se leía: “chino tramposo”.

Mostraba el fiel reflejo del rechazo popular a Fujimori, quien contra viento y marea, se había reelecto para un tercer periodo de gobierno en la nación andina.

El ídolo político indiscutible era, en ese tiempo, Alejandro Toledo, quien al frente de la organización política Perú Posible, encabezaba las ansías populares de cambio en esta nación suramericana.

Toledo fue poco conocido en México, con excepción de grupos diplomáticos latinoamericanos, algunos políticos y unos cuantos economistas. Alan García y Fujimori, por el contrario, siempre tuvieron buen cartel en la población mexicana. Al primero se le veía como un punto intermedio entre el capitalismo y el socialismo. “Ni capitalismo ni socialismo, Alan es el camino”, decían sus seguidores; Fujimori atraía la admiración de grupos modernizantes, debido a los cambios que venía realizando en Perú. Ambos casos correspondieron a sus primeros años de gobierno.

Tal vez, el hecho más trascendente de su vida, desde la perspectiva mexicana, fue cuando, Toledo se vio envuelto en el secuestro masivo que integrantes del Movimiento Armado Revolucionario Túpac Amaru (Mrta) realizó en Lima, durante la recepción por el natalicio del emperador del Japón, en diciembre de 1996, en la residencia del embajador de Japón, en San Isidro.

En esa ocasión, la casa fue tomada por la organización terrorista Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, Toledo estuvo brevemente secuestrado en la llamada Toma de la residencia del embajador de Japón en Lima. Tras tensas negociaciones, Toledo, Javier Diez Canseco y los embajadores de Brasil, Corea y Egipto fueron liberados y, previamente, obligados a leer una proclama del Mrta. El resto de los secuestrados permaneció en el lugar y fueron rescatados, posteriormente, por comandos del Ejército que tomaron por asalto la residencia.

El final de Fujimori todos los peruanos lo conocen, al igual que la influencia política que mantiene el fujimorismo en la vida política del país. Toledo es otra historia, distinta, en parte, pero con presumible mismo final que su antecesor en la Presidencia peruana.

Ahora, el juez Richard Concepción Carhuancho, titular del Primer Juzgado de Investigación Preparatoria Nacional de Perú, dictó 18 meses de prisión preventiva contra Toledo Manrique, cuya solicitud fue presentada por el fiscal Hamilton Castro, cabeza del equipo especial, encargado de investigar las ramificaciones del caso Lava Jato en Perú.

El gobierno peruano añadió, hoy, al expresidente a la lista de los delincuentes más buscados del Ministerio del Interior y ofreció una recompensa de 100, 000 soles (30,000 dólares) por información sobre su paradero. El ministro de Interior, Carlos Basombrío informó que Toledo se encuentra fuera del país, probablemente en Francia, y que no tiene intención de volver a Perú, según información de cables internacionales.

Toledo es acusado de recibir 20 millones de dólares de la constructora brasileña Odebrecht (la más importante de América Latina, en los últimos años) para favorecerla en la licitación de la Carretera Interoceánica Sur, que une Perú y Brasil.
Según esas informaciones internacionales, la audiencia que decidió su suerte comenzó a las 10.00 horas de ayer jueves, en el Cercado de Lima. Se le imputan los delitos de tráfico de influencias y lavado de activos.

“El fiscal Castro inició su intervención reseñando los datos recopilados en sus investigaciones, a partir de las revelaciones hechas por Jorge Barata, exrepresentante de Odebrecht en Perú, convertido en colaborador de la Fiscalía peruana. A finales de 2014, Toledo y su amigo íntimo Joseff Maiman —un empresario que habría facilitado sus cuentas en Londres para el depósito de los sobornos— se reunieron en un hotel de Brasil con Barata. Según Castro, aquella vez se pactó que la empresa pagara 35 millones de dólares al expresidente”, señala un despacho periodístico de El País.

Agrega que “las condiciones de aquella negociación cambiaron con el tiempo, y al final el soborno se redujo a 20 millones de dólares. Hasta ahora, se ha logrado identificar casi la mitad de este dinero, entregado en 18 pagos y repartido en las cuentas de tres empresas offshore que Maiman tiene en Londres, lo que lo convierte en testaferro de Toledo”.

Toledo trabaja en la Universidad de Stanford; además, se realizar una dictar conferencia y otras actividades de índole académica desde su estancia en California, EU.

A Toledo lo representaron durante el juicio previo, los abogados Paolo Aldea y Heriberto Benítez. Aldea había adelantado que pediría la prescripción del delito de tráfico de influencias, y Benítez cuestionó la solicitud de prisión preventiva, exigiendo que primero se concluya la investigación.

Finalizados los alegatos de la Fiscalía y la defensa, el juez Concepción aseguró que Odebrecht obtuvo la licitación de la Carretera Interoceánica gracias a un cambio en las reglas de juego de la concesión, y que Alejandro Toledo no mantuvo su neutralidad como presidente de la República. Además señaló que existe la posibilidad de que sostuviera un acuerdo ilícito con Jorge Barata, con la participación de Maiman como testaferro. También defendió que no estaba claro su arraigo en el Perú y que las múltiples declaraciones que dio en los últimos días constituían un desafío a la justicia, además de una muestra de su poca voluntad de comparecer ante ella.

Por ello, desestimó la petición de arresto domiciliaria, porque no garantiza la continuidad de Toledo en el proceso, y, finalmente, se dictaron los 18 meses de prisión preventiva y disposición de una orden de captura nacional e internacional contra el expresidente.

“De continuar las cosas como hasta ahora, Alejandro Toledo podría convertirse en el segundo presidente peruano preso, después de Alberto Fujimori, quien gobernó de 1990 a 2000 y está prisión desde 2007 por delitos contra los derechos humanos y corrupción. Aunque participó en las elecciones generales de 1995, Toledo alcanzó notoriedad en los años finales del fujimorismo, al que enfrentó en las urnas y las calles, enarbolando las banderas de la democracia y la honradez. Con ese capital político, ganó la presidencia en 2001, tras el desmoronamiento del régimen de Fujimori”, detalla la información de El País.

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