Alfa Omega: Las mujeres en el diarismo mexicano

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Jorge Herrera Valenzuela
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Ciudad de México, 9 de octubre de 2023.- Entre quienes formamos la Vieja Guardia del Periodismo Mexicano, los recuerdos están a flor de piel y, sobre todo, cuando una o uno se nos adelanta en el viaje sin regreso. Hoy escribo de una de las destacadas reporteras redactoras del diarismo nacional. Una joven alumna de la Universidad Femenina de México, que al terminar sus estudios recibió la invitación para formar parte de la Redacción de Excélsior, El Periódico de la Vida Nacional.

Mi comentario es para rendirle un cariñoso homenaje a quien dejó un legado valioso en las páginas del diarismo mexicano y de su apasionada dedicación para escribir cuentos cortos, novelas y dejarnos una excelente obra referente a Sor Juana Inés de la Cruz.

Noemí Atamoros Zeller comenzó su carrera periodística en 1952, al ser convocada por su maestro, don Manuel Becerra Acosta, en ese entonces subdirector del diario y que encabezó a una dinastía familiar de periodistas. Rodrigo de Llano, “El Clipper”, era el director general.

Recibió “bautizo” ruidoso
Blanca Martínez Fernández, escritora española que llegó a México en la década de los años ochenta y trabajó para el Orfeo Catalá México. La autora de novelas y cuentos de ficción es un puente cultural entre México y España. En unas líneas que escribió sobre el arribo a Excélsior de una joven guapa, espigada, que taconeando, sorprendió al cruzar en la especiosa sala para llegar al escritorio que le asignaron. ¡Una mujer en la Redacción!. Los nada caballerosos reporteros “la recibieron, volteando sus máquinas mecánicas sobre el escritorio y haciendo ruido en el metal de las mismas”. ¡Vaya que buena bienvenida!

Sin embargo, a la joven eso no causó decepción ni problema. Noemí no se inmutó. Aceptó la reacción de quienes serían sus compañeros. La acción, un tanto machista, se repitió tres o cuatro ocasiones.

Don Manuel llamó a su joven exalumna y le preguntó, “¿cómo te sientes?”. La respuesta en dos palabras: “muy bien”. Acotó lo del recibimiento. Le indicó que la mañana siguiente entraría con ella, del brazo, hasta su escritorio. Regresó a su oficina y dirigiéndose a los reporteros les dijo: ¡Cuidado cabrones!

Me imagino que en esa Redacción, de reporteros estrellas, estaban Luis de Cervantes, Carlos Ravelo, Manuel Becerra Acosta hijo, mis compadritos Jaime Reyes Estrada, Aurelio Silva Laurencio (el del clavel en la solapa de su saco) y Fernando Aranzábal, el circunspecto Enrique Loubet Jr., Eduardo Dechamps, Agustín Salomón, Ramón Morones y Federico Ortiz.

A esos nombres agrego los de Julio Scherer García (mi primer contacto como reportero en la Cámara de Diputados, en 1956), Gustavo Durán de Huerta (cubríamos la fuente universitaria). Raúl Vieyra que fue esposo de “La Prieta Linda”, Queta Jiménez. Manuel Camín, sagaz reportero policíaco con quien conocí “secretos” para hacer investigaciones policíacas, la verdadera escuela para ser un buen reportero, como lo fueron Ángel T. Ferreira y Víctor Payán.

Hice mención de esos compañeros, tal vez omití a algunos. ¿Por qué? Porque aquellos que le dieron ruidoso recibimiento a Noemí, se convirtieron en sus grandes amigos. Un buen número de ellos también ya fallecieron.

Termino comentando que Noemí soportó que los trabajadores de la Sala de Tipografía, le impidieran el paso “porque si entraba una mujer, era de mala suerte”. Por aquellos días los reporteros también intervenían en aspectos técnicos. Nuestra joven pronto se ganó el cariño en ese departamento.

A “cubrir” bodas y esas cosas
Ese fue el inicio de la reportera redactora Noemí Atamoros, a sus 21 años de edad.
Don Manuel estaba seguro de que su exalumna iba a responder con creces. No se equivocó. La envío a la Sección de Sociales. Ahí se encontró con otra exalumna de la Femenina, Ana Cecilia Treviño. A ella, la conocimos con el cariñoso sobrenombre Bambi. El jefe de ambas: Manuel Correa.

Si mal no recuerdo, Noemí y Bambi, una superpareja en el periodismo nacional, con el curso del tiempo no se aburrieron ni se cansaron de redactar notas de sociales. Consideraron que tenía la suficiente experiencia y capacidad para realizar una tarea diferente, principalmente en el campo cultural y luego de hacer propuesta, consiguieron que se abriera una histórica Sección B.

Me contaron que se llamó así la Sección. El director al autorizarla, dijo: “Ah, pues la Sección se llamará B, por la B de Bambi”. La michoacana Ana Cecilia debió sentirse orgullosa y quedó como primera directora hasta el 2002 cuando abandonó este mundo. Lógico, con méritos más que suficientes, la jefatura pasó a responsabilidad de Noemí Atamoros.

La idea original de Bambi y de Noemí de crear la Sección B abrió las puertas a una serie de entrevistas muy interesantes sobre temas culturales y dio pauta para que más adelante surgiera una sección especializada en temas de ese rango. Políticos, artistas, deportistas, pintores y reporteros, abordaron temas de interés para los lectores.

Habían pasado los días, los meses y los años, en que Noemí tenía que ir a cubrir las bodas y, por cierto, en no pocas ocasiones le tocó reportear “la fuente policíaca”, fue una de las pioneras en ese sector, junto con Magdalena Mondragón y Concha de Villarreal. Dirigió Rotocolor y Magazine Dominical de Excélsior.

Sorjuanista reconocida
Siempre afirmo que las y los reporteros redactores escribimos la Historia de México, sin ser historiadores. Queda en las páginas de los diarios y de las revistas, las noticias de los sucesos trascedentes, las declaraciones de personajes y los reportajes resultado de investigaciones periodísticas.

Noemí Atamoros Zeller no fue la excepción. Mujer con amplia cultura. Estudio inglés, francés y alemán. Recorrió muchos países de los continentes europeo, asiático y americano. Dedicó mucho tiempo para redactar su libro sobre Sor Juana Inés de la Cruz y fue presidenta de la Sociedad Cultural con el nombre de la monja jerónima de 1976 a 1978.

El viernes 19 de noviembre de 1999, en el salón del Instituto Cultural México Israel, fue presentado el libro por tres destacados escritores: Carlos Elizondo, Víctor Hugo Rascón Banda y mi compañero preparatoriano Eduardo Luis Feher.

En la crónica de El Universal, leí que Noemí estaba muy contenta y al intervenir en la presentación del libro “Nueva Iconografía de Sor Juana Inés de la Cruz”, expresó: “Recuerdo que el certamen fue un éxito, y ahora, en este libro reúno toda una serie de imágenes de tan admirada mujer, siempre vigente en nuestra cultura”.

En efecto, a finales de la década de los años 70, nuestra querida sorjuanista invitó a los pintores para plasmar su visión en torno a la figura y obra de la poetisa nacida en San Miguel Nepantla, municipio de Tepetlixpa, Estado de México.

Promotora cultural
Incansable e interesada en todo lo que olía a cultura, Noemí Atamoros no se detenía y acrecentaba su cultura. En cierta ocasionó platicamos sobre un trabajo periodístico que realizaba en torno a la historia de las Leyes de Imprenta en México. Presumí saber mucho y empecé hablando de la primera legislación sobre la materia, en 1828, y el firmante del decreto, Guadalupe Victoria.

En unos minutos habló de la Ley Fragua, emitida en los primeros días del gobierno de Benito Juárez, en 1858. Esa ley puso final a la más dictatorial de las Leyes de Imprenta, la redactada por el potosino Teodosio Lares por órdenes de López de Santa Anna. Hasta el 1917, fueron 14 textos que legislaron sobre la impresión de escritos.

No me sorprendí de que haya publicado en la Sección B nuestra plática, pero si verla en la primera plana y a ocho columnas. Hasta ahora, bribón, le doy las gracias por publicitarme.

En el año 1950, Noemí inició la actividad periodística exclusiva para mujeres. Pegaba fuerte el feminismo. Eran días en que ya había reporteras, pero no muy aceptadas por lo “santos varones”. Tal vez, eso motivó el nacimiento de la Revista Renovación. Contenido variado. Presentación, desde la portada, magnífica.

La periodista egresada del plantel que fundó y dirigió doña Adela Formoso de Obregón Santacilia, con su publicación marcó una pauta y sentó un precedente.

En la Revista solo intervinieron mujeres, incluyendo toda la parte técnica, la compaginación y la entrega a los voceadores.

Una vez cumplida su misión de ¡solo 55 años en Excélsior”, imposible que la mujer se quedara sentadita y a descansar. Por azares del destino llegó a entablar amistad con la escritora española Blanca Martínez Fernández, quien llegó de España para colaborar el Orfeo Catalá México.

Ambas muy entusiasmadas fundaron la Asociación de Escritores Tiran lo Blanc México, de donde surge el Taller de escritura. Noemí encabezó a ese grupo y coordinó las actividades por más de dos décadas. Contando con la colaboración de otra escritora de cuentos cortos, Esther Vázquez Ramos.

Posteriormente, Blanca regresó a su país y fundó una Asociación similar, en Barcelona. Esto permite que haya un importante intercambio cultural.

Julio de 2003 apareció el primer libro con los trabajos literarios de las dos antes mencionadas, así como de Emma Rueda, Alicia Moneni, Xóchitl Moncada, entre otras. A la fecha, han publicado más de treinta diferentes títulos.

Cuatro de sus íntimas amigas
Tuve la fortuna de conocer a muchas compañeras, de las que aprendí a prepararme para mejorar cada día en el ejercicio de la más noble profesión u oficio, la de reportero redactor, entrevistador, comentarista periodístico, columnista y articulista. Cuatro de ellas mantuvieron una relación amistosa muy cercana con Noemí. No fueron las únicas, pues gozó del aprecio y cariño de infinidad de personajes del medio.

Por ejemplo, con la coahuilense Magdalena Mondragón, primera directora de un diario vespertino en México, hubo mucha comunicación. Magda escribió varios libros, uno de ellos confiscado por el gobierno federal, titulado “Los Presidentes Me Dan Risa”, en el régimen de Miguel Alemán; otro que causó revuelo fue “Cuando a la Revolución Le Cortaron Las Alas”.

En frecuentes brindis mezcaleros con la primera reportera que entró a una cantina, cuando estaba prohibido, alguna vez salió a la plática el trabajo de Noemí.

La tlalpujahuense Elvira Vargas Rivera, estrella en el hoy desaparecido Novedades, fue mi jefa al fundarse en 1957 el Diario de la Tarde, vespertino de esa misma casa.

En el año 1930, Elvira tenía 24 años de edad, fue la primera reportera que cubrió la información presidencial. Le tocó el gobierno de dos años de general Pascual Ortiz Rubio.

El 12 de febrero de 1939 publicó un interesantísimo y documentado reportaje, “Lo que vi en la tierra del petróleo”. Describía la desigualdad en que eran tratados los trabajadores mexicanos y los norteamericanos. Una desigualdad en todo.

Doña Adelina Zendejas Gómez, una maestra toluqueña y extremadamente liberal, fue mi compañera en los Noticieros de Canal 11 del IPN. Era una comentarista política de mucha garra. Luchadora social desde su juventud. Reportera y escritora muy galardonada.

La maestra comenzó a los 19 años de edad en el diario El Universal; nació en 1909. Columnista en el diario “El Día” de don Enrique Ramírez y Ramírez. En Excélsior colaboró también con comentarios y en 1987 participó en la edición de “La Triple Jornada” y “La Dobles Jornada”, el primer suplemento feminista editada por La Jornada.

Sara Moirón Ayala, michoacana de Maravatío, se significó en el diarismo por su energía y su carácter profesional. Sarita, como la llamábamos, brilló en el diario ABC que dirigía otro grande del periodismo, don Federico Barrera Fuentes.

En sus tiempos libres, Sarita, dio comienzo a la redacción de un libro que daba una orientación práctica, no teórica, para quienes deseaban ingresar al oficio. “Como Acercarse Al Periodismo”, en 1994. Fue una de las pioneras, cuando parecía que el reporteo periodístico solo podían hacerlo los hombres.

Fue titular de varias oficinas de prensa, principalmente en el sector de Comunicaciones y Transportes. Trabajó con el maestro Alfonso Caso, descubridor de la Tumba 7 en Oaxaca, y con Andrés Caso Lombardo en la SCyT

Cuatro estrellas que recibieron a una quinta, a su amiga en vida, a doña Noemí Atamoros Zeller, a la madre de Francisco, Lorena y Claudia. Su esposo fue el médico dermatólogo Santiago Pérez Martínez. La descendencia la forman, por ahora, tres nietas y tres nietos.

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