Alfa Omega: Gratos recuerdos y memorables vivencias de un reportero

0
13

Jorge Herrera Valenzuela
Twitter / Facebook

Los reporteros veteranos, de luto; murió Gonzalo Martínez Maestre

Ciudad de México, 11 de julio de 2021.- Después de leer, pausada y amenamente, las 269 páginas de Charlando con Mi Padre, vienen a mi mente las veces que, como reportero, compartí con el personaje central de esa magnífica narración de “La vida de Ángel Trinidad Ferreira. El testimonio de 67 años de periodismo”. Los pasajes que comentaré más adelante son la rúbrica del desempeño profesional, responsable y de intachable Honestidad (así con mayúscula) de quien hoy vive apaciblemente, rodeado de su esposa y sus hijos, con el disfrute de la tranquilidad y la frente muy en alto.

Así, pues, me enorgullece referir el trabajo realizado por Emilio Trinidad Zaldívar, porque nos muestra a un Ángel T. Ferreira que muchos, en nuestro batallador medio periodístico, estoy seguro que no conocían. Esa relación que mantuvo con los presidentes de la República, su cercanía como consejero de ellos, la convivencia con políticos de todo el país y recibir en su casa de San Jerónimo Lídice, en la Ciudad de México, a sus amigos, a sus colegas.

En los 12 años que compartí mis conocimientos prácticos como reportero-redactor, en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, Emilio fue uno de los alumnos en mi clase de Redacción Periodística y Ortografía. Acostumbré a platicar con las muchachas y los chicos sobre la realidad al ejercer el oficio o profesión, indicándoles que ni éramos Clark Kent ni El Avispón Verde, así como tampoco poner un letrero de prensa en el parabrisas del coche o ampararse en una credencial del medio al que servíamos.

En la generación estudiantil de Emilio también estudiaban Claudia Pérez Atamoros, Irma Landy Duarte Lisci, María del Rosario Valerio Flores, Rosa Elvira Landazábal Arias, Sergio Cárdenas Rivera y René Ávila Cruz, entre otros. Lo importante es que forman parte de un grupo que mantiene sus relaciones profesionales y sociales.

Además de redactar con fluidez los diálogos con su señor padre, Emilio nos participa del dolor en la Familia Trinidad Zaldívar porque Carlos y Mario, sus hermanos, se fueron muy pronto. Ángel y Raúl siguen la lucha cotidiana. Todos orgullosos de sus padres, Ángel T. y doña Olivia Zaldívar de Trinidad; 64 años de vida matrimonial. También hace referencia a su esposa Yolanda Hernández y sus hijas María Fernanda y Daniela Olivia y a su vástago Emilio Manuel.

No solo para quienes estamos en el medio informativo la lectura de este libro es muy interesante porque transmite lo que su progenitor cumplió cabalmente con una profesión u oficio, sin torcer el camino, sin desviarse por obsequios. Por eso, siempre el respeto hacia Ángel es manifiesto y lo puede confirmar Joaquín López Dóriga, amigo con altas y bajas. También fueron sus amigos Luis Spota, Jacobo Zabludowski y su recordado compadre, el gran Julio Scherer García, como lo sigue siendo Pancho Cárdenas Cruz, pero la lista es muy larga y disculpen por las omisiones.

Algunos recuerdos
Como escribían antes, corría el año de 1963 cuando en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo se produjo un movimiento estudiantil, encabezado por Genovevo Figueroa Zamudio y Marco Antonio Aguilar Cortés (años después gobernador interino de Michoacán y rector de la Universidad, respectivamente). La injerencia del gobernador Agustín Arriaga Rivera movió a la grey estudiantil. Duró muchos días el enfrentamiento que terminó con la intervención militar, a cargo del general Félix Ireta. Murió un estudiante, cuatro o cinco heridos y renunció el rector Elí de Gortari.

Hice una síntesis de ese asunto que cubrimos mi estimado Ángel T. y este comentarista, íbamos de Excélsior y La Prensa, respectivamente. El colega Carlos Martínez Aristizábal era el secretario particular del gobernador. Nos localizó a los dos para decirnos que todos los gastos de estancia los pagaría el gobierno e insinuó que había un dinero para nosotros. La contestación firme, definitiva y tajante fue de “no gracias, nos pagan nuestros propios periódicos”. Por supuesto que esa línea teníamos por convicción propia y, perdonen, pero ambos la mantenemos como patrimonio.

Estuvimos en el Canal 4
Una etapa inolvidable en nuestra carrera de reporteros fue la de participar, Ángel y yo, como conductores y entrevistadores en un programa de televisión, denominado México 1961 y México 1962. Se transmitía creo que en miércoles, a las 21 horas, por el Canal 4, y el productor era Mario de la Piedra. El contenido eminentemente periodístico, con entrevistas en vivo en el estudio asignado.

A ese espacio llegamos por una invitación de tres colegas que cubrían las actividades del presidente Adolfo López Mateos, incluidas las frecuentes giras internacionales. Los titulares del programa fueron Manuel Buendía, Mario Huacuja y Homero Bazán, de La Prensa, Novedades y Ovaciones. Hasta donde mi memoria alcanza, el programa fue aceptable y, por ello, continuó en 1962. Nos pagaban mil pesos por la media de trabajo.

Presentación de un libro
A finales de 1988, Editorial Diana publicó un reportaje titulado “La Radio, el PRI y el Destape”, donde narré lo vivido desde las primeras horas del domingo 4 de octubre de 1987, cuando el licenciado Rafael Rodríguez Barrera me invitó a ir al edificio del partido tricolor, en Insurgentes Norte y Héroes Ferrocarrileros, en la Capital del País. El presidente de ese instituto, Jorge de la Vega Domínguez, daría a conocer el nombre del candidato presidencial, aunque ya circulaba en el medio político el nombre “del doctor chaparrito”: Sergio García Ramírez, como el del afortunado en la sucesión. El candidato oficial era de esas características.

Nos colocamos en uno de los patios del edificio. Permanecimos de pie por varias horas. La mente reporteril despertó y me puse a tomar nota de los detalles previos al “destape” oficial. El sábado 3 de octubre de 1987, en su columna “La Rueda del Poder”, primera plana de El Universal, Ángel T. escribió: “…como un hilillo pertinaz e incisivo, a partir de las últimas 48 horas, se ha venido abriendo paso, con fuerza creciente, el nombre de Carlos Salinas de Gortari”.

Los precandidatos de esa sucesión: Manuel Bartlett Díaz, Alfredo del Mazo González y José Miguel González Avelar. El segundo de ellos se desplazaba hacia el domicilio del doctor García Ramírez para felicitarlo, cuando recibió un llamado telefónico y retrocedió en su intento. Pedro Ojeda Paullada no se cambió los pants para ser los primeros en abrazar al supuesto candidato, sí fue recibido por el procurador general de la República, quien le dio las gracias y lo regresó a su casa, desilusionado.

Termino comentando que Ferreira, como siempre hemos conocido a Ángel, aceptó ser uno de los presentadores de mi libro en un salón del Club Primera Plana, en Humboldt 5, frente a la Estación Hidalgo del Metro. También me acompañó la extraordinaria reportera y querida amiga Ana Cristina Peláez, del equipo del noticiero 24 Horas.

Un gran paisajista mexiquense
Nació el 6 de julio de 1840, en Mexicaltzingo, Estado de México. A los 15 años ingresó a la Academia de San Carlos, donde ganó una beca con su primera obra titulada “Exconvento de San Agustín” e inició su vocación como pintor contrastando con los colegas de su época, se enfocó hacia la naturaleza. Estudió en el Colegio de Minería materias como anatomía, botánica, zoología, matemáticas y física. Pronto fue reconocido como excelente paisajista y alcanzó renombre internacional.

Lo anterior es una breve alusión al pintor y maestro de varias generaciones, José María Velasco, cuyo nombre completo fue José María Tranquilino Francisco de Jesús Velasco y Gómez Obregón. Con motivo del centenario de la Revolución Francesa, en París, se montó la Exposición Universal, en la que se presentaron 68 cuadros en que el autor dibujó los maravillosos paisajes mexicanos. Estuvo casado con Luz Sánchez Armas Galindo y tuvieron una hija a la que bautizaron como Mercedes. En vida, recibió reconocimientos y premios. Sus restos están en el Panteón del Tepeyac, en el conocido cerrito de la Villa, atrás de la antigua Basílica. Una de las estaciones del Metro lleva su nombre en la Línea 3.

De recetario de cocina a combativo Diario
En el periodismo mexicano hay personajes cuya historia está impregnada de éxitos y de encarcelamientos por oposición a las injusticias, abusos y desmanes de los gobernantes. En el Siglo XIX surgieron varios y, entre ellos, figuró don Filomeno Mata Rodríguez, alumno de la Benemérita y Centenaria Escuela Nacional de Profesores de su natal San Luis Potosí; él fue originario de la Hacienda de Carranco, Villa de Reyes. Escribió en los periódicos como “El Ahuizote”.

Por breve tiempo fue director del Diario Oficial de la Federación. Fundador de “El Diario del Hogar”, cuya intención era dedicarlo a publicar recetas de cocina, pero el espíritu revolucionario lo condujo a la redacción de noticias, comentarios y artículos combatidos al régimen dictatorial de Porfirio Díaz. Varias veces lo pusieron tras las rejas y recobraba su libertad con más bríos para mantener su línea y apoyar a Francisco I. Madero.

Don Filomeno nació el 5 de julio de 1845 y murió en el Puerto de Veracruz tres días antes de cumplir 66 años. En la Ciudad de México hay un tramo en la calle con el nombre del ilustre periodista potosino, entre la colonial Tacuba y la Avenida 5 de Mayo, en el Centro Histórico de La Ciudad de México. A uno de los 212 municipios veracruzanos le impusieron su nombre. En el número 8 de esa calle está el edificio del Club de Periodistas de México, fundado a iniciativa del licenciado Humberto Romero Pérez, cuando era secretario particular del presidente Adolfo López Mateos.

El Ruiseñor Mexicano
El ilustre campechano Justo Sierra, después de oír cantar a Ángela Peralta que recibió una prolongada ovación, emocionado, calificó a la soprano como “El Ruiseñor Mexicano”. La joven artista comenzó a los 8 años de edad interpretando la cavatina de Belisario de Gaetano Donizetti (la cavatina es una composición para canto a una sola voz) y a los 15 años en el inicio de la carrera triunfal, debutó en el Teatro Nacional de México, con el papel de Eleonora en la ópera El Trovador, de Giussepe Verdi.

Ángela actuó en diversas salas del país y desde su primera gira fue aclamada en cada función y se presentó en múltiples escenarios de Europa como, por ejemplo, el 13 de mayo de 1862 en la Scala de Milán. Su tercera etapa en tierras europeas terminó en 1883, arribando al Puerto de Mazatlán muy delicada de salud, porque fue víctima de la fiebre amarilla. En ese puerto fue recibida por una multitud que la acompañó hasta el Hotel Iturbide, en el centro de la ciudad porteña; la llevaban en hombros. La hicieron salir al balcón del primer piso del hotel y “El Ruiseñor Mexicano” cantó a capela. La ovación fue increíble.
La mujer de apenas 42 años regresó a sus habitaciones y el 30 de agosto de 1883 entregó su alma al Señor, en el cuarto de ese hotel que aún da servicio, aunque tiene otro nombre. Antes de expirar, en el lecho del dolor, aceptó contraer matrimonio con Julián Montiel y Duarte. En 1937, sus restos quedaron sepultados en la hoy Rotonda de las Personas Ilustres.

Frida cumplió sus deseos
Comentar en torno a una mujer que a los 6 años de edad sufrió poliomielitis que la mantuvo tiempo en cama y a los 18 años quedó destrozado su cuerpo al chocar el autobús en que viajaba contra un tranvía, en la Ciudad de México, motiva a reconocer que esa mexicana, nacida en Coyoacán, en el antiguo Distrito Federal, superó los peores sufrimientos, luchó y venció hasta ser reconocida mundialmente y hoy sigue como un símbolo del feminismo. Lo único que no logró fue ser madre, pues en el único embarazo que tuvo, a los tres meses, terminó.

Sí, acertó, me refiero a la grande pintora y activista Frida Khalo, cuyos restos –las cenizas—están en donde, el 6 de julio de 1907, llegó a este mundo: la Casa Azul, en la calle de Londres 47, en Coyoacán. Su historia es ampliamente conocida, tanto de su vida al lado de su dos veces esposo, el muralista Diego Rivera, como de su obra pictórica que la encontramos en muchas partes del mundo.

Sus padres: el alemán nacionalizado mexicano Guillermo Khalo y la mexicana Matilde Calderón. Ella, atea, se llamó Magdalena Carmen Frida. Tuvo dos hermanas, Matilde y Adriana y un hermano mayor que ella, Guillermo. Frida murió 7 días después de cumplir 42 años. Se le rindió un homenaje en el Palacio de Bellas Artes, sus admiradores colocaron la bandera del Partido Comunista Mexicano sobre el ataúd y eso armó revuelo en la sociedad capitalina.

DEJA UNA RESPUESTA

¡Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

dos × 5 =