Topónimos de Nueva York narran una historia de diversidad

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Washington, D. C., 7 de septiembre de 2021.- Amagansett, Tappan Zee, Brooklyn y Little Haiti forman parte del tejido de la zona de Nueva York, confeccionado a partir de referencias indígenas de América del Norte y los idiomas de oleadas de inmigrantes.

El libro “Names of New York: Discovering the City’s Past, Present, and Future Through Its Place-Names” (Patheon Books, 2021) [Topónimos de Nueva York: Descubrir el pasado, presente y futuro de la ciudad por medio de sus topónimos], de Joshua Jelly-Schapiro, cuenta sus historias.

Amagansett (agua buena) es uno de los muchos nombres indígenas repartidos por la zona de Nueva York, donde vivieron pueblos como los montaukett y los lenape. Jelly-Schapiro asistió a una clase de lengua lenape cuando estaba escribiendo el libro, según explicó en abril ante un grupo en línea de la Biblioteca Pública de Nueva York.

“Los nombres son importantes”, comienza el libro. “Pregúntele a cualquier padre que esté ansioso sobre cómo llamar a un recién nacido. O a cualquier niño agobiado por un nombre que odia. … Y si los nombres importan tanto cuando están unidos a personas, importan aún más cuando están unidos a lugares, ya que las etiquetas duran más, en nuestras mentes y en nuestros mapas, que cualquier vida humana”.

Tappan Zee, donde se encuentra un puente sobre el río Hudson, es un ejemplo de la superposición de diferentes culturas. “Tappan” proviene del nombre de una tribu local de los lenape y “Zee” viene del holandés y significa mar.

Y aunque nunca se sabría por los caros barrios que hay ahora, Brooklyn procede de la idea holandesa de una tierra quebrada porque era pantanosa, dice Jelly-Schapiro.

Los inmigrantes han sido fundamentales en la formación de Nueva York y nombres de lugares como Little Haiti, Chinatown y Little Italy reflejan su influencia.

Algunos nombres se mantienen porque una palabra extranjera simplemente suena interesante, como Hell Gate (que proviene del holandés y significa “hermoso estrecho”, pero que en inglés encaja al hacer referencia a sus aguas traicioneras) o los muchos lugares que llevan el nombre de “kills”, que significa “arroyos” en holandés.

“No puedo ser el único que preguntó a mis padres, cuando íbamos a visitar a mi abuelo a Nueva Jersey por la autopista de Staten Island: «¿Por qué el mayor vertedero de Nueva York se llama Fresh Kills?»”, escribe Jelly-Schapiro.

Los nombres estadounidenses acaban sirviendo de topónimos en todo el mundo. El primer presidente de Estados Unidos, George Washington, tiene ciudades y montañas con su nombre en numerosos países, como Polonia y la República Dominicana. Aunque Washington podría ser quien haya recibido más homenajes topográficos en todos los tiempos, una zona de Nueva York se ha puesto de moda por todo el mundo. “En los tiempos que corren, Brooklyn se lleva la palma”, dijo Jelly-Schapiro a los asistentes a la charla sobre el libro celebrada en abril en la Biblioteca Pública de Nueva York,

La forma en que los lugares obtienen sus nombres cambia con el tiempo. Jelly-Schapiro dijo que un controlador aéreo de ascendencia yemení no pudo conseguir que la ciudad diera a su barrio del Bronx el nombre de sus compatriotas que vivían allí. Así que hizo una petición a Google Maps y consiguió la denominación de “Little Yemen”. Puede que no sea oficial, pero está en la aplicación de mapas de Google que utilizan muchos viajeros.

“Hoy en día, la creación de lugares se hace de muchas maneras”, dice Jelly-Schapiro. “Estas búsquedas de reconocimiento, por parte de los inmigrantes y otras personas en los márgenes de la ciudad que han utilizado el poder de los nombres para hacer de sus calles su hogar, se alían con otras tendencias en una ciudad cuya cultura y normas dominantes no dejan de cambiar”.

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