Precauciones a la hora de informar sobre teorías conspirativas

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Andy Hirschfeld* / IJ News

Washington, D. C., 3 de agosto de 2022.- Algunas de las teorías conspirativas más prominentes y dañinas de la actualidad tienen su origen en el discurso político. Desde el presidente Jair Bolsonaro en Brasil hasta el juez de la Corte Suprema Clarence Thomas en Estados Unidos, personas en posiciones de poder a nivel mundial son teóricos de la conspiración ellos mismos o amplifican teorías infundadas para promover una agenda; una herramienta de éxito comprobado en el ascenso del populismo.

Por mucho que los periodistas quieran ignorar las teorías conspirativas y a quienes las impulsan, es irresponsable hacerlo. Es igualmente irresponsable dar cabida y legitimar enfoques que son verificablemente falsos.

Se trata, pues, de un arma de doble filo. ¿Cómo podemos cubrir de forma precisa y responsable las falsedades que los líderes utilizan para justificar sus decisiones y acciones?

Empatía, no normalización
Para comprender el contexto completo de una historia mientras se reportea, es importante escuchar, incluso, cuando las opiniones expuestas son perjudiciales. Puede ser todo un desafío abordar una discusión con alguien que cree en una teoría conspirativa, muchas de las cuales están enraizadas en ideologías de odio y han conducido a acciones violentas.

Whitney Phillips, profesora de periodismo en la Universidad de Oregón y autora del libro “You Are Here: A Field Guide for Navigating Polarized Speech, Conspiracy Theories, and Our Polluted Media Landscape” (“Guía para navegar por el discurso polarizado, las teorías de la conspiración y nuestro contaminado panorama mediático”), aconseja a los periodistas no descartar las creencias conspirativas de las personas. “La gente se toma en serio su relación con estas creencias”, explica. “Tener eso en cuenta te obliga a hacerte preguntas como: ¿cómo es que esta información se ha transmitido? ¿Por qué esta información es tan convincente? ¿Cómo se ha convertido en una forma coherente de entender el mundo para determinados grupos de personas?”

El odio es un comportamiento aprendido que suele ser alimentado por una distorsión de vulnerabilidades reales, como la inseguridad económica. Es fundamental que los periodistas que informan sobre las teorías conspirativas comprendan estos temores subyacentes.

Al mismo tiempo, no deben limitarse a aceptar las opiniones de una persona, a ciegas. Los periodistas deben investigar para encontrar las pruebas que refutan las falsas teorías y hacer referencia a ellas en sus artículos.

Manipulado vs manipulador
Al escribir sobre los efectos de la desinformación y las teorías de la conspiración, es importante distinguir entre el manipulador y los manipulados. Los manipulados merecen empatía, el manipulador no. Las personas que creen en una conspiración han estado, por lo común, expuestas a información falsa durante un largo periodo de tiempo.

Por ejemplo, el asalto de 2021 al Capitolio de Estados Unidos fue el resultado de la radicalización de la extrema derecha. Ashli Babbitt, una veterana de las Fuerzas Aéreas que fue abatida durante el ataque, fue alimentada con desinformación y teorías conspirativas en la cámara de eco de las redes sociales.

Este tipo de cuestiones no empiezan con ciudadanos de a pie como Babbitt. En cambio, personas en posiciones de poder utilizan sus plataformas para promover desinformación, de manera intencional o no. Pueden explotar las vulnerabilidades de su audiencia para difundir falsas narrativas e incitar a la gente a la violencia. En este caso, la radicalización procede de líderes electos, como el expresidente Trump y los miembros del Congreso. Grupos extremistas como The Oath Keepers —construido a partir de la explotación de estas vulnerabilidades— perpetuaron la radicalización.

Jason Van Tatenhove, antiguo portavoz nacional de The Oath Keepers, señaló esto durante las audiencias sobre la insurrección del 6 de enero. “La táctica [de los Oath Keepers] incluye el influir en personas que no conocen otra cosa a través de mentiras, retórica y propaganda”, dijo.

Como periodistas, debemos preguntarnos a quién tratan de atraer las personas que difunden información falsa y por qué. Esto ayuda a identificar de dónde surgen las peligrosas teorías conspirativas.

“No hay una respuesta única para todos. Es caso por caso. Es persona por persona. Es teoría de la conspiración por teoría de la conspiración”, observa Phillips. “Se requiere mucha reflexión para averiguar qué es lo que interesa al público en este caso y qué podría convertirse en una amenaza para el interés público”.

Reporteo vs amplificación
En las noticias, ocuparse demasiado de quienes perpetúan desinformación y teorías conspirativas es parte del problema, opina Anita Varma, profesora adjunta de ética de los medios de comunicación en la Escuela de Periodismo y Medios de Comunicación de la Universidad de Texas – Austin, y una de las autoras de “Fake News: Understanding Media and Misinformation in the Digital Age”. Los periodistas deberían centrar su trabajo en las personas afectadas negativamente por las decisiones de los desinformadores, y en las personas manipuladas para creer en conspiraciones.

“Tenemos que dejar de centrar las historias en los líderes que hacen afirmaciones infundadas o distorsionadas y, en su lugar, destacar a las personas afectadas”, dice Varma.

El papel de Rusia en la pandemia de desinformación es un ejemplo perfecto de por qué es tan peligroso dar el micrófono a quienes desinforman con fines políticos. El presidente Vladimir Putin ha utilizado información falsa para intentar socavar las elecciones en más de dos docenas de países.

Hablar con los conspiracionistas como parte del proceso de investigación es muy diferente a darle protagonismo a sus ideas. “Debes ayudar a tu lector a entender, pero sin entregar un micrófono a los teóricos de la conspiración. Solo necesitas contextualizarlos”, dice Phillips.

Varma coincide y añade que los periodistas deben tener en cuenta también la realidad de la industria periodística actual.

“Con tiempo limitado, recursos limitados y una presión de tiempo extrema para publicar, no permitas que todo tu tiempo sea monopolizado por los conspiradores”, concluye.

* Andy Hirschfeld, radica en la ciudad de Nueva York, realiza investigaciones sobre cuestiones vitales.

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