La moda debe estar libre de trabajo forzado

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ShareAmerica

Washington, D. C., 20 de mayo de 2022.- Sus abuelos trabajaron como sastre y costurera y eso hace que Soraya Wancour sienta un contacto emocional con la ropa. Cuando la diseñadora belga abrió “Studio AMA” en Gante en el año 2020, quería hacer ropa que no solo fuera bonita, sino que también hiciera a la gente sentirse orgullosa de usarla.

Wancour es una de entre la creciente cantidad de diseñadores que tratan de asegurarse de que la ropa que fabrican sea producida sosteniblemente y sin trabajos forzados, destacando tanto las personas como las ganancias. Para Wancour saber cómo, dónde y por quién se fabrica su ropa, una cadena transparente de abastecimiento, es esencial.

En sus diseños ella recicla telas viejas o descartadas y se asocia con talleres locales que emplean a personas con discapacidades o quienes de alguna otra manera tienen dificultades para encontrar trabajo. Al coordinar con productores locales, Wancour trata de limitar hasta qué punto su ropa podría estar afectada por los trabajos forzados y otras prácticas no éticas que plagan la cadena global de los textiles.

El mercado quiere “mercadería sostenible que tenga una cadena transparente de valor, productos con una historia añadida”, declaró Wancour a ShareAmerica, agregando que la gente quiere productos con los que puedan relacionarse “con emoción”.

Con demasiada frecuencia la industria de la moda “no valora a las personas que fabrican esa ropa y tampoco valora a la gente que usa la ropa”, dijo.

Un ejemplo claro de las preocupaciones de Wancour puede hallarse en la región de Xinjiang, en la República Popular China (RPC). La región es un importante productor de algodón. En un informe de 2020 del Departamento de Trabajo de Estados Unidos se calcula que hasta 100,000 uigures predominantemente musulmanes y otros grupos religiosos minoritarios pudieran estar trabajando en condiciones forzadas, produciendo textiles, hilos, hilados, guantes y otros artículos. Desde el año 2017, la RPC también ha detenido a más de un millón de uigures y otros en campos de internamiento.

La “Coalición para terminar con los trabajos forzados en la región uigur” considera que la proporción de la vestimenta de algodón en el mercado global mancillada con el trabajo forzado de los uigures es tanto como una de cada cinco prendas.

Los gobiernos y los grupos activistas están tomando medidas para hacer que las cadenas de abastecimiento sean más transparentes. En 2021, Estados Unidos prohibió la importación de toda mercadería, incluyendo productos de algodón, localizable en Xinjiang. El Departamento de Estado de Estados Unidos alienta a los consumidores a investigar los productos que compran para determinar si tiene lazos con los trabajos forzados u otras prácticas explotadoras de trabajo, así como a dar a conocer sus preocupaciones a las empresas.

La Unión Europea, Francia y Alemania también han aplicado o propuesto requisitos a las grandes empresas para que hagan un análisis diligente para proteger los derechos humanos en sus cadenas de abastecimiento.

El grupo sin fines de lucro con sede en Londres “Fashion Revolution” (Revolución de la moda), organizó en 2021 la campaña denominada “¿Quién fabrica mis telas?” para mostrar los abusos a los derechos humanos en las cadenas de abastecimiento con raíces en China y otros países. El grupo sin fines de lucro otorga nota a las compañías según la información que muestren en relación a las fuentes de sus productos.

Carry Somers, fundadora de Fashion Revolution, dice que las compañías están aumentando lo que revelan a medida que crece la atención pública relacionada con los abusos a los derechos humanos. “Las marcas y los vendedores tienen la clara responsabilidad de examinar su cadena de abastecimiento para identificar los riesgos y efectos en materia de derechos humanos”, dice Fashion Revolution en su sitio web. “Ubicar y mostrar sus cadenas de abastecimiento es un primer paso imperativo para resolver tales riesgos y efectos”.

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